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El Eldense, testigo en la despedida de Pedro León

El campeón de liga cierra la temporada en un duelo intrascendente en el que Deportivo dice adiós a un gran año culminado con el regreso a Segunda División

Claudio celebra el ascenso y, en el círculo, Pedro León

Claudio celebra el ascenso y, en el círculo, Pedro León / CDE/RM

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Pedro Rojas

Pedro Rojas

Final descafeinado, es decir, feliz. El Eldense dice adiós a una temporada magnífica en la que, no solo tiene resuelto su regreso al fútbol profesional antes de hora, tampoco va influir en ningún otro destino ni contribuir a arruinarle la despedida a nadie. Los azulgranas viajan a un escenario imponente, la Nueva Condomina, para asistir al adiós de un grande, de un jugador mayúsculo, Pedro León, que tuvo la desgracia de cruzarse con un entrenador tumultuoso que redujo su clase a un sencillo y malintencionado meme. El centrocampista murciano deja el balompié. Lo hace contribuyendo activamente a solventar un papeleta complicada, la de un club histórico que con toda su enormidad se asoma al abismo nuclear.

Pedro León se marcha con la cabeza alta, ante su gente y con la camiseta del Real Murcia, el club al que regresó en el verano de 2022 para intentar cerrar su carrera con un ascenso cada curso más difícil. Al talento muleño, después de 21 años de trayectoria profesional, le hubiera gustado irse en mitad de una fiesta. Prorrogó una campaña más su estancia en el club para un último baile que él consideró sería el definitivo para devolver al cuadro grana a Segunda División. Cuelga las botas esta tarde en el estadio que se encargó de estrenar en 2006 y ante miles de murcianistas, rodeado de los suyos, en una cita en la que los puntos, inútiles en todos los sentidos, pasan a un segundo plano porque lo que toca es rendir un merecido homenaje sobre la hierba al jugador local más reconocible de las dos últimas décadas.

El Eldense, con el ascenso a Segunda División debidamente festejado en la calle el pasado partes, tratará de no incomodar, de ser un invitado amable a una celebración que, en esta ocasión, no le pertenece. Visita un campo muy vulnerable, un entorno en el que a los granas, en un ejercicio con tres entrenadores, cambios en la dirección deportiva y fichajes fracasados que no han sido capaces de levantar un proyecto ambicioso que vuelve a ahogarse en su propia ansiedad, en su urgencia histórica.

En un intento cosmético de dotar al envite de una pátina competitiva, una que no existe, Claudio Barragán, exultante por su hazaña a los 62 años, cuando ni él mismo esperaba una oportunidad semejante, ha dicho antes de afrontar el último partido de este curso, que su vestuario, pese a ir «de celebración en celebración» esta semana, va a jugar «con la intención de ganar, para divertirnos y terminar con buenas sensaciones». El valenciano dará minutos a hombres que han sido menos protagonistas a lo largo del campeonato, aunque dejó claro que «tampoco haremos una revolución porque queremos brindar un último triunfo a nuestra afición», dijo sin dejar de sonreír.

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