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Retratos urbanos

El alicantino que ilustró la vida de Tarzán

Ha dibujado miles de tebeos. Ha retratado el desierto y Alicante palmo a palmo. Bohemio, vividor y de izquierdas, Demetrio Sánchez Gómez ha trabajado para editoriales de Alemania, Suecia, Inglaterra, Francia, Italia y Estados Unidos

El alicantino que ilustró la vida de Tarzán PEPE SOTO

Demetrio llegó a Alicante a los 9 años, con sus padres y sus cinco hermanos. El progenitor, agricultor de profesión, vendió la finca de Pilar de la Horadada y con el dinero que sacó se hizo cargo del hostal restaurante «Universo», en la calle San Fernando. A toda la familia le tocó trabajar en el frente hostelero, en tiempos demasiado difíciles. «¡Menos daba la tierra!», dice.

Al chaval lo enviaron a estudiar a los Salesianos. Compartió pupitre y recreos con el político y galeno Julio de España, entre muchos. Ahí no había estudiante: demasiados suspensos y escasa vocación por la enseñanza tradicional. Su último refugio como alumno fue en la Escuela de Trabajo, donde aprendió a trazar sus primeras rayas como aspirante a delineante. Se enamoró del lapicero. Y descubrió su pasión: el tebeo.

Pronto esbozó sus primeras historietas y empezó a dibujar para una publicación que editaba la Caja de Ahorros del Sureste, a la llamada de Fernando Gil. Así empezó Demetrio, un niño de 14 años, a ilustrar viñetas bélicas, sobre el viejo Oeste o lo que Fernando le encargara, trabajo que compaginó con tiras para la prensa argelina al reclamo de editoriales regentadas por pieds noirs. Aprendía.

Ahí siguió, en calidad de autodidacta, hasta que la patria le recordó que debía servirla. Fue a parar con sus historietas y sus lapices a Cartagena. Dos años de mili. De regreso a la civilización, Demetrio conoció al pintor Jorge Franch Cubells, un catalán afincado en Sant Vicent del Raspeig, y a su hermano, Rosendo. «Todos los días iba a su estudio en la partida de Torresgrosses a aprender. Jorge fue mi maestro, un fenómeno», afirma. Se hicieron vecinos.

Un día le llamaron del diario INFORMACIÓN. Demetrio se inventó unas viñetas que llamaba «La conquista de la Luna», de gran éxito en los sesenta.

Al poco, un agente de Barcelona reclamó con urgencia su presencia para ilustrar en Inglaterra tebeos basados en hazañas bélicas y de romances. Contrastes. De Gran Bretaña a Alemania, donde dibujó un guión de «Manos», un personaje de fantasía, y «Billy», una publicación para féminas chicas. Enviaba los trabajos por correo, velozmente cuando la tinta china se había secado sobre el papel.

Hizo las américas. Tenía 40 otoños y menos visión. Una editorial estadounidense compró sus dibujos para el personaje «Charlton», un elemento ficticio que cultivaba con esmero año tras año: pensando en él se enteró de la muerte de Franco, en 1975, y también de la intentona del golpe de Estado, en febrero de 1981.

De «Charlton», a la selva. Otro agente, a través del también dibujante José Ortiz, lo incorporó a una serie de Tarzán, hasta 1984. «Lo pasé muy bien con Tarzán, imaginando lugares llenos de peligros y de un personaje universal que lucha frente al mal y, encima, amigo de los elefantes». Luego llegó Tumac, una especie de Tarzán del Amazonas, que creó Jesús Blasco y se editó en Suecia.

Metido en la faena del talento pintaba cualquier personaje: héroes buenos, guerreros perversos, doncellas y príncipes. Hasta agentes de la CIA.

A principios de los años 90, Demetrio se retiró de los tebeos, de los cómics. Se dedicó con ahínco como ilustrador en el libro de Enrique Cerdán Tato «Alicante, la ciudad contada por los diarios», con motivo del V Centenario de la ciudad.

Siguiente destino: Marruecos. Con el trabajo presentado, Demetrio se puso a pintar paisajes y gentes del Atlas, de Xauen, de Marrakech, Essaouira y de cualquier sitio que oliera a yerbabuena, hachís o incienso. Paseó palacios y durmió en jaimas sobre las arenas. Entre el blanco y el negro, muchos colores dedicados a zocos, medinas y desiertos. Pintaba para sobrevivir y exponía sus obras en cientos de rincones. «En Marruecos me hice pintor», asegura el artista.

Recio costumbrista, ha pintado el Barrio alicantino palmo a palmo. Ahora quiere volver al tebeo, a las viñetas en color, como un «caprichoso» de la ciencia ficción. Volver a sentir.

Desde su casa en la Coveta Fumà, Demetrio, que se define de izquierdas, vividor y juerguista cuando toca, ya ha olvidado los tiempos en el que los censores le exigían que alargara las faldas de las mujeres que dibujaba. Se dispone a afrontar otra etapa, entre el tebeo, los amigos y sus pinturas, como en la que aparece a sus espaldas en la imagen de arriba de la madrileña Puerta del Sol.

Prepara una exposición sobre los clásicos del tebeo español. Y si algo pinta, la veremos.

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