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Semana y media

«No es no. O no»

Tras un sofocado carraspeo de sus asesores, ha recordado con brutal claridad el motivo de la visita: apoyar a Gran Bretaña contra la fraudulenta Unión Europea

«No es no. O no»

«No es no. O no»

3 lunes

Un yanki en la corte de la Reina Isabel

Reconozco que Trump se comporta con ecuanimidad y no discrimina a sus adversarios por razón de sexo, raza, nacionalidad o religión: todos son insectos que merecen ser aplastados. Mientras los chinos se preguntan con aprensión si lograrán domar a la bestia o serán devorados, Trump amenaza con un lote de aranceles a Méjico, esa Arca de Noé ingobernable que vadea la frontera fluvial con su cargamento de cuates. Ahora ha aterrizado en Londres y le han bastado cinco campanadas del Big-Ben para insultar al alcalde y menospreciar al líder de la oposición laborista. Tras un sofocado carraspeo de sus asesores, ha recordado con brutal claridad el motivo de la visita: apoyar a Gran Bretaña contra la fraudulenta Unión Europea. El auténtico belcebú de Washington no son las manufacturas chinas o la inmigración ilegal, sino el euro. Por lo demás, compadezco a la anfitriona Isabel II tanto como a Lord Halifax, el aristocrático embajador británico en Washington que por cortesía diplomática tuvo que aceptar en cierta ocasión un perrito caliente. Rompió a llorar tras el primer bocado.

4 martesGalgos y podencos

Como voy adquiriendo esa edad excesiva que se asocia a los convencionalismos, soy de la opinión de que un grupo de quinceañeros debe estar en clase aprendiendo trigonometría y no en un bar apostando a una carrera de galgos. Pero ahora caigo en la cuenta de que en clase también podrían apostar con sus móviles y la trigonometría seguiría siendo un misterio insondable para ellos. Dejémoslo así. Estas rupestres reflexiones vienen provocadas por unos jugadores de fútbol que están siendo investigados por apuestas fraudulentas y amaño de partidos. No son categorías idénticas: tradicionalmente, el amaño de partidos era un soborno al rival o al equipo arbitral con propósitos estrictamente deportivos, normalmente eludir el descenso de categoría; en cambio, las apuestas fraudulentas sólo persiguen el lucro y se han convertido en un lupanar deportivo gracias a la globalización y a la voracidad recaudatoria de los Estados. Si cinco mil chinos pueden pronosticar legalmente cuántos goles se marcarán en un partido de waterpolo que se juega en Budapest es porque el gobierno chino lo tolera. Naturalmente, alguno de esos cinco mil chinos tarde o temprano pagará a un portero húngaro de waterpolo para que se convierta en una estatua acuática.

5 miércolesEl paseíllo

La duración mínima de una entrevista institucional es de veinte minutos desde que la reina Victoria comprendió que no podía aguantar más tiempo a Robert Peel, su aburrido primer ministro. Prolongarlas por encima de esos veinte minutos indica que el protocolo cede ante la gravedad del asunto o los deseos de halagar al invitado. Bajo estas premisas, las audiencias de Felipe VI a los líderes políticos tras unas elecciones sólo pueden durar veinte minutos ya que no tienen nada que decirse. Cumplen un trámite constitucional tan ficticio como el de la investidura, en el que los diputados «invisten» a un candidato que en realidad los «invistió» a ellos al incluirlos en las listas electorales. Todo esto es muy profano y algo desesperanzador, pero también litúrgico y no hay democracia respetable sin una dosis sensata de pompa. Pretender que Esquerra o Bildu compartan este ceremonial sería tan absurdo como odiar al desierto porque carece de agua. Desde su punto de vista, Felipe VI es un monarca tan extranjero como el sultán de Brunei con el incómodo agravante de que Felipe VI tiene guardias civiles y el sultán no.

6 juevesUna vez hubo una guerra

Comienza a ser una tradición que cada seis de junio los líderes occidentales organicen un picnic playero en Normandía. Allí evocan el desembarco de 1.944 con emotivos discursos en los que recuerdan a las víctimas, homenajean a los menguantes supervivientes, casi centenarios hoy, y se juramentan para no reincidir. Con motivo. Anoche estuve ojeando fotografías de ciudades alemanas al terminar la guerra. Era un álbum de escombros, la devastación absoluta moteada por algunas mujeres y niños ojerosos que vagabundean alrededor de lo que un día había sido su hogar. Alemania llevó la peor parte de la destrucción física, pero no de la humana: en términos absolutos, Rusia sufrió la mayor matanza y, proporcionalmente, el macabro galardón corresponde a Polonia y a la desaparecida Yugoslavia. Hoy no estarán los rusos en Normandía, aunque la guerra se ganó en Stalingrado y no en la playa Omaha. Acudirán la vencida Merkel y los victoriosos Macron, May y Trump. Tal vez Merkel se sienta extraña al conmemorar una derrota, al fin y al cabo una costumbre casi exclusivamente española.

7 viernesAbracadabra

Los resultados electorales en Navarra han dado una mayoría insuficiente a la derecha y la posibilidad de que toda la izquierda se una con éxito. «Toda» incluye a Bildu e inmediatamente se ha desencadenado el tiovivo de trapicheos que seduce a los políticos mucho más que la monótona gestión de los asuntos públicos. Una negociación clandestina es infinitamente más excitante que la inauguración de una planta de reciclado. La derecha navarra ha ofrecido al PSOE un canje de abstenciones que garantizaría la investidura de su candidato en Pamplona y la de Sánchez en Madrid. Aunque es una operación aritmética incontestable, los socialistas navarros son de letras antes que de números y prefieren ceñirse a una tautología que tal vez les resulte familiar: «No es no». Su lideresa (la palabra más horrenda del diccionario junto con «botijo») insinúa que no fue ella la primera en utilizar este mantra y que el propio Sánchez desalojó a Rajoy gracias a Bildu. Desde luego, todo esto es tan incontestable como la aritmética y barrunto el nuevo lema de Moncloa: «No es no. O no».

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