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Semana y media

Chaqué de estadista

Chaqué de estadista

Chaqué de estadista

24 lunes

Al corral

El descriptible entusiasmo provocado por la sentencia del Tribunal Supremo contra La Manada sugiere que el propósito del zafarrancho organizado tras la primera sentencia no era tanto hacer justicia como agitar ese cajón de sastre sin fondo en que se ha convertido la «condición femenina». Las masas son madres de histriones y no es sorprendente que se hayan esfumado en cuanto el sistema ha demostrado que funciona razonablemente a pesar de automatismos y errores. El Tribunal Supremo ha clausurado la verbena con un severo rapapolvo a sus colegas navarros que puede explicarse tan fácilmente como el juicio del «procés»: los hechos no se discuten, pero sí si fueron una juerga horizontal libremente aceptada, un exceso moderadamente punible o un delito especialmente repulsivo. El Tribunal Supremo ha optado por lo último con un énfasis añadido que dirige al legislador. «Haga su trabajo y nos evitaremos estos problemas», viene a decir con retórica reglamentaria. Esto es chispeante ya que está pidiendo un nuevo Código Penal a unos tipos incapaces de pactar dónde sentarse en el hemiciclo.

25 martes

Money, money

El probable fichaje de Neymar por el Barcelona merece el interés incluso de quienes aborrecen el fútbol o precisamente por ello. Se comenta que el jugador renunciará a una tercera parte de sus ingresos y el dato es dolorosamente adaptable a cada circunstancia personal: si yo perdiera el 33% de mis ingresos, me instalaría en la plena indigencia y no en los aledaños como ahora. Supongo que comparto hipótesis con la inmensa mayoría, entre la que obviamente no se incluye Neymar. Para él, el cambio supone ganar 24 millones de euros anuales en lugar de 36 o, lo que escandalizará a los amantes de las cifras inverosímiles, 66.000 euros diarios y no 100.000. Ahora bien, es muy probable que la pérdida anual de 12 millones de euros sea tan traumática anímicamente para Neymar como la de la tercera parte de una miseria para cualquiera de nosotros, con la salvedad de que nosotros moriríamos de inanición y no de pena. Debe de existir un reflejo incontrolable que nos impulsa a acumular irracionalmente. Cuando uno de estos multimillonarios patológicos habla de «asegurar el porvenir de los suyos», pienso que necesariamente está pensando en sus tataranietos.

26 miércoles

Aprendiz de brujo

Nunca me ha convencido por incompleto el adagio de que los políticos intentan encontrar soluciones a problemas que ellos mismos han creado. Esto solo es un instrumento para velar por el interés personal antes que por el general. Sin embargo, en ciertos casos de políticos la precisión del adagio es terrorífica y pongamos que hablo de Rodríguez Zapatero. Fueron él y Maragall quienes liberaron a la bestia con su promesa de un nuevo Estatuto que ni siquiera exigía el nacionalismo y que éste aprovechó para neutralizar el doble cerco del populismo y de la Guardia Civil, cuyas pesquisas estaban desmantelando el latrocinio institucional oculto tras la «senyera» y los coros de «Els segadors». Rodríguez Zapatero ya no tiene capacidad de decisión, pero sí de influir desde el púlpito de los cesantes ilustres y es admirable que no haya perdido una migaja de capacidad destructiva. Ayer perpetró dos sugerencias devastadoras para los siempre frágiles cimientos del imperio de la ley: aconsejó al Tribunal Supremo una sentencia benévola sobre el «procés» y al Gobierno el indulto a los eventuales condenados. Torra hubiese aplaudido con las orejas. De hecho, lo hizo a las pocas horas.

27 jueves

De entre los muertos

Seis días después de que se firmara el tratado anglo-irlandés que concedía la independencia a Irlanda, el IRA asesinó al mariscal Wilson. Aunque aparentemente el crimen pretendía boicotear el acuerdo, hoy se cree que fue un macabro mensaje a la provincia norirlandesa excluida del tratado al que no fue ajeno Michael Collins. Collins había sido la eminencia de la delegación irlandesa durante las negociaciones y la posteridad lo ha santificado ridículamente gracias a películas benignas y otras amnesias. No puede sorprender que muriera en un tiroteo durante la guerra civil que siguió a la independencia. Collins creía en el terror como un ingrediente más del juego político, pero era carismático y logró seducir por ejemplo a Churchill a pesar de su fría indiferencia hacia el dolor y el salvajismo inherente que encarnaba. Con la independencia, el pistolero se convirtió en ministro primero y en mártir de la reconciliación tras su muerte. Jamás sintió remordimientos porque el deber de un soldado es abatir al enemigo. TVE entrevistó anoche a Arnaldo Otegi. Collins ganó la guerra pero perdió la vida; Otegi ha perdido la guerra pero le están confeccionando un chaqué de estadista.

28 viernes

Lo universal

He pasado la mañana en el hospital para un chequeo rutinario que ha ratificado mis sospechas: cumplir años tiende a deteriorar la salud. La sala de espera es un inmenso bulevar atestado de bloques de sillas y flanqueado por ventanales a un lado y una docena de puertas numeradas al otro. El público se divide en pacientes y acompañantes, y es tradicional que los segundos parezcan más enfermos que los primeros. He compartido espera con un matrimonio alemán algo molesto con la impuntualidad española aunque a la vez maravillado por el aspecto de nuestra sanidad pública. No conozco los hospitales alemanes, pero tampoco los ambulatorios remotos de Galicia o Extremadura. Un paisano sentado junto a mí me ha susurrado: «Estos vienen a robarnos». Teniendo en cuenta que Alemania ha sufragado buena parte de nuestra prosperidad, el comentario es ingrato. Todos vivimos de prestado, pero solo los españoles creemos que lo prestado nos pertenece. El matrimonio alemán ha entrado en la consulta con una hispánica hora de retraso. A mi vecino le quedaba munición: «Yo estaba antes».

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