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Levantina: Nuevo ejecutivo para tiempos de ajustes

El recién nombrado presidente, Andreas Fluhrer, comandará el plan de reorganización y de reestructuración de la plantilla

Levantina: Nuevo ejecutivo para tiempos de ajustes

Levantina, el gigante español del sector del mármol, con sede en Novelda, vuelve a estar inmersa en un proceso de transformación y de reestructuración de plantilla. Una dinámica en la que entró en los primeros años de la crisis económica global y que ha derivado en este tiempo en tres cambios de propiedad y en dos Expedientes de Regulación de Empleo (ERE), ambos anteriores al último anunciado el pasado lunes y del que no se conocerá el alcance hasta la próxima semana. Esta reorganización se produce, ahora, bajo en mandato del nuevo propietario, el fondo británico Bybrook, y del recién nombrado presidente y CEO, Andreas Fluhrer, experto en procesos de reorganización y planes de viabilidad empresariales, según aseguran fuentes del sector.

Fluhrer sustituye a Donald Nicolson, que apenas ha estado unos meses en el cargo, y que, a su vez, tomó el relevo de Patrick Verschelde, primer ejecutivo que puso al frente Bybrook después de que en mayo del pasado año el fondo londinense asumiera el control de la compañía, tras comprarla al banco británico BNP Paribas.

Dos ejercicios en pérdidas

El nuevo ajuste de personal es, en realidad, la segunda medida que toma Bybrook para intentar remontar la situación económica de la marmolera. Ya en diciembre, aprobó una reducción de su capital social en prácticamente cien millones de euros, mediante la amortización de acciones, con lo que el capital quedaba reducido a 60.000 euros. El objetivo era compensar pérdidas e intentar asegurar un proyecto de viabilidad para la empresa. Dos decisiones, una financiera y otra laboral, con las que se pretenden superar dos ejercicios sucesivos en números rojos. Según los últimos resultados consolidados de 2017, las pérdidas ascendieron a 117 millones, fundamentalmente, por el deterioro de activos. Una cifra superior a la de 2016, que se cerró con unos resultados de 77 millones, también en rojo.

La industria del mármol acusó duramente la crisis de la construcción y no ha conseguido reengancharse en la nueva etapa de reactivación. Además, es uno de los sectores exportadores que se están viendo más afectados por la debilidad de sus principales clientes, como China o los países árabes.

Actualmente, el grupo Levantina está conformado por hasta trece sociedades con presencia tanto en España -fundamentalmente en el Valle del Vinalopó, aunque también en Galicia- como en Polonia, India, Reino Unido, Marruecos, Brasil o Estados Unidos. Cuenta con numerosas canteras, entre ellas la más relevante de crema marfil, situada en Monte Coto, además de siete fábricas y 20 almacenes de distribución propios en distintas zonas. Exporta a más de cien países y tiene una plantilla de 1.200 empleados.

Jarro de agua fría en la comarca

Más de ochocientas personas trabajan en las instalaciones de Levantina en la comarca del Vinalopó, donde cuenta con cinco factorías en Novelda, además de la cantera de Monte Coto, que son, junto a la planta gallega de Porriño, las afectadas por el ERE, según fuentes sindicales. El ajuste contempla tanto despidos como modificaciones de las condiciones laborales para los empleados que se queden en la empresa. El anuncio cayó ayer como un jarro de agua fría entre los trabajadores porque ya han vivido dos ERE, entre 2010 y 2016, que representaron la salida de más de 500 empleados, según los sindicatos. Pero también hay preocupación en las poblaciones de la comarca, donde la multinacional marmolera tiene una gran incidencia en el tejido económico y social.

De cuño familiar a estar controlada por bancos y fondos

Fundada por Antonio Esteve en los años 60, Levantina de Mármoles consolidó su liderazgo durante 40 años, con las canteras y nuevas fábricas. En 2006, se produjo el primer cambio de propietario, cuando los fondos Impala y Charterhouse se hicieron con la compañía al comprarla a los antiguos dueños, las familias Esteve y Máñez. El segundo vino en 2010, cuando Impala y Charterhouse decidieron poner la firma en manos de los bancos acreedores, liderados por BNP, quien el pasado año la vendió a Bybrook, lo que supuso el tercer cambio de propiedad.

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