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La crisis acaba con los 149 años de historia de la firma zapatera decana en la provincia

Hormas Aguado, que actualmente se denominaba Eurohorma, se fundó en Elda en 1870 y la falta de pedidos ha obligado a cerrar la empresa y enviar al paro a sus 20 empleados

La nave de Eurohorma, en la avenida de la Melva, adonde se trasladó el negocio hace 40 años.

La nave de Eurohorma, en la avenida de la Melva, adonde se trasladó el negocio hace 40 años. ÁXEL ÁLVAREZ

Todo tiene un principio y un final. La fábrica de hormas de la familia Aguado de Elda ha cerrado. La crisis que sufre el sector zapatero eldense ha acabado con la empresa auxiliar más antigua de la provincia. Atrás quedan 149 años de actividad de un hito de la industria alicantina al tratarse de la primera fábrica de producción en cadena de hormas para el calzado. En sus momentos de mayor auge -año 1920- llegó a emplear a más de cien trabajadores, pero en la actualidad la plantilla no superaba la veintena. Ayer las instalaciones de la firma del número 5 de la avenida de la Melva de Elda permanecían vacías y su Museo de Hormas cerrado. Una desoladora imagen para una firma que tanto empleo y riqueza ha generado en el Medio Vinalopó.

Denominada Eurohorma en los últimos 40 años, aunque conocida como Hormas Aguado desde su fundación en 1870, había logrado superar los numerosos embates que, durante tres duras décadas, han ido minando la tradicional industria del calzado de Elda y pueblos vecinos. Pero la falta de rentabilidad por la escasez de pedidos desde 2015 ha llevado a los dueños a disolver la sociedad a falta de tres meses para alcanzar el siglo y medio de existencia.

Una decisión especialmente dolorosa para Isidro Aguado Sánchez que, a sus 82 años, sigue siendo el decano de la cuarta generación de una familia que ha influido notablemente en la historia empresarial de la ciudad. A su tatarabuelo Isidro Aguado Aravid se debe la puesta en marcha del próspero negocio cuando en 1870 decidió abrir un pequeño taller en el número 21 de la calle Nueva. Solo contaba con un torno americano, una sierra cinta, una lijadora y un motor de gas pobre para mover las máquinas. Según explica el fundador y director honorífico del Museo del Calzado de Elda, José María Amat Amer, la demanda de hormas era cada vez mayor en aquella época, así que, al poco tiempo, se tuvo que trasladar al número 36 de la misma calle en busca de más espacio y, posteriormente, al vecino municipio de Petrer. Concretamente al paraje de El Molinet, para aprovechar la fuerza hidráulica del molino que allí existía, porque la electricidad solo se utilizaba entonces para iluminar los hogares. Poco tiempo después, nueva mudanza. En esta ocasión, al barrio de Alfaguara, para aprovechar la noria que movía el agua de un canal procedente del Pantano de Elda. Unas magníficas instalaciones para la época que se inauguraron en 1899 con el nombre de Fábrica de Hormas de Isidro Aguado e Hijo, una denominación que cambió en 1907 por la de Marino Aguado y Hermanos, y en 1917 por la de Aguado Hermanos Sucesor.

Eurohorma ha sido su última denominación. La empresa entró en pérdidas en 2015, pero Isidro Aguado quiso mantener abierta la empresa familiar a toda costa. No quería enviar al paro a sus veinte trabajadores ni acabar con siglo y medio de historia empresarial asociada a sus antepasados. Para hacer frente al agujero económico, inyectó una importante suma de capital personal e introdujo una serie de reajustes en materia de contratación para reflotar la actividad. Pero las medidas adoptadas no dieron resultado.

Sin deudas con la plantilla

Según ha informado la propia dirección de la mercantil, «el ejercicio 2018 fue catastrófico y en 2019 la demanda de producción se llegó a desplomar un 15% respecto al año anterior». Los pedidos no llegaban, la situación económica era insostenible y la empresa se asomaba al umbral de la quiebra. Una industria con infraestructura para producir 100.000 pares de hormas al año solo tenía trabajo para elaborar 30.000. Circunstancias que han llevado a echar el cierre definitivo tras hacer frente al pago de todas las obligaciones económicas con la plantilla. Ahora es el administrador concursal quien deberá liquidar la sociedad. «Un proceso que nos afecta de manera terrible a toda la familia», indicó el hijo de Isidro, Maxi Aguado. No obstante la trayectoria empresarial de la quinta generación de los Aguado continúa con negocios independientes en Brasil y en Elche.

El destino del Museo de Hormas que Isidro Aguado inauguró en febrero en una nave anexa a la fábrica es una incógnita. Allí se encuentra una colección única con 30 máquinas de entre los siglos XIX y XX, entre ellas la de su tatarabuelo, que data de 1879 y estuvo funcionado medio siglo, así como todo tipo de herramientas, cuadros, fotos, modelos, inventarios y un espacio que recrea un pequeño taller de hormas de la década de los 80. Un homenaje a sus antepasados en el que Isidro Aguado empleó 20 años de su vida y una enorme ilusión que, tras el cierre de la fábrica, parece haber perdido.

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