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El sector de la oliva afronta una campaña de pérdidas por los bajos precios del aceite

Los excedentes de producción del año pasado propician que la cotización de las aceitunas se haya reducido justo a la mitad

Agricultores descargando aceitunas en este inicio de campaña en las instalaciones de l'Almàssera de Millena, un pequeño municipio situado en la comarca de El Comtat.

Agricultores descargando aceitunas en este inicio de campaña en las instalaciones de l'Almàssera de Millena, un pequeño municipio situado en la comarca de El Comtat. juani ruz

El sector de la oliva se enfrenta a una campaña que va a estar marcada por las pérdidas económicas. Los excedentes de producción de aceite del año pasado han propiciado un descenso drástico de los precios, que se han reducido justo a la mitad. El panorama, por tanto, es desalentador en este inicio de la temporada, en el que los productores y agricultores de la provincia advierten de que no están pudiendo cubrir ni los gastos de las labores de recolección.

El sector olivarero de la provincia ha arrancado la campaña con unas sensaciones más que negativas. Los excedentes de aceite del año pasado han propiciado que los precios de las aceitunas se encuentren prácticamente por los suelos, al situarse en estos momentos en poco más de 20 céntimos el kilo. La cifra es justo la mitad de lo que se pagaba la anterior campaña, y se encuentra muy lejos de los 70 que se llegaron a pagar en 2017.

La consecuencia para agricultores y productores de aceite es que no están pudiendo cubrir los gastos de recolección, ni tampoco lo invertido en el cuidado de los cultivos. Así lo señala José Miguel Ferrando, de l'Almàssera de Millena, quien destaca que «el aceite que ha sobrado del año pasado ha derrumbado los precios hasta unos límites impensables».

Tan delicada es la situación que advierte de la posibilidad de que incluso llegue a quedarse una parte de la cosecha sin recoger. «En Andalucía -subraya- el descenso de la cotización es más asumible, puesto que los costes de recolección son inferiores debido a que se trata de fincas llanas y extensas donde puede intervenir la maquinaria. En el caso de la provincia de Alicante, y sobre todo en las zonas de montaña, hablamos de bancales pequeños situados en una orografía muy accidentada donde se cosecha a mano y se tienen que contratar cuadrillas».

Los agricultores refrendan esta aseveración. Eduardo Ferrándiz, de Benilloba, destaca que, «con lo que se está pagando en este inicio de temporada, apenas tengo para pagar a la gente que se encarga de recolectar las aceitunas. El precio debería moverse alrededor de los 60 céntimos el kilo para ser mínimamente rentable, pero en estas condiciones la situación resulta frustrante y desesperante».

En parecidos términos se expresa Abel Giner, un agricultor de 32 años del municipio de Benimassot, quien destaca su apuesta por vivir del campo. «Soy de los pocos jóvenes que lo está intentando, por un lado, porque me gusta, y, por otro, porque me niego a que las zonas rurales se vayan despoblando. Pero la verdad es que nos lo ponen muy complicado, tanto por los precios irrisorios que se pagan como por las múltiples trabas a las que nos enfrentamos».

La guinda la pone César García, alcalde de Millena y agricultor, quien se queja de que «estemos todo el año trabajando y esforzándonos en los campos para encontrarnos ahora con esto. No hay demasiada gente que viva de la agricultura, pero los que nos dedicamos a ella nos sentimos ahora desencantados. Además, se nota mucho en el pueblo cuándo es un año de buena campaña y cuándo no».

Media cosecha

La previsión en cuanto a volumen de producción, por otra parte, tampoco es para tirar cohetes, toda vez que en territorio alicantino se espera una media cosecha de apenas 40 millones de kilos, similar a la que se obtuvo el año pasado.

El volumen de las pérdidas ahora mismo es imposible de calcular, puesto que dependerá de cómo transcurra la campaña y si durante la misma se registra o no un remonte de los precios, que, en cualquier caso, no será demasiado significativo, dado que los mercados se encuentran saturados de aceite.

El problema para el sector es que viene enlazando en los últimos años un ciclo de malas campañas, primero marcadas por la sequía registrada entre 2014 y 2017, y ahora por el fuerte descenso de los precios.

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