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Los bancos exprimen las cuentas corrientes para mejorar sus ingresos

Las entidades exigen cada vez más condiciones para librar a sus usuarios de las comisiones de mantenimiento y administración por estos productos. El objetivo del sector es aumentar la vinculación y cobrar a los clientes que resultan menos rentables

Varias usuarias sacan dinero de un cajero.

Varias usuarias sacan dinero de un cajero. Pilar Cortés

Ya no basta con tener la nómina o un saldo abultado. Los bancos quieren más y cada vez exigen una mayor vinculación a los clientes para eximirles del pago de las odiadas comisiones de administración o mantenimiento de las cuentas corrientes. Un producto que resulta muy difícil de rentabilizar por sí solo en estos momentos, en que el sector anda sobrado de liquidez y lo último que quiere es acumular mayores importes improductivos, por los que acaban penalizados por el Banco Central Europeo. Así, mientras se discute si las entidades llegarán o no llegarán a cobrar un porcentaje sobre los depósitos, lo cierto es que la mayoría de operadores ya están dando pasos para, al menos, forzar a sus clientes a contratar productos adicionales que les aporten mayores ingresos o, en caso contrario, aplicarles la impopular comisión. En definitiva, para mejorar la rentabilidad que consiguen de cada usuario.

«Los bancos están dejando de ganar mucho dinero por culpa de los bajos tipos de interés y necesitan ingresos. Si no los consiguen con las hipotecas y no se genera el suficiente crédito nuevo, van a tirar de las comisiones», señala María Valero, del portal iAhorro. «¿Y qué producto hay más mayoritario y, por tanto, que puede resultar más efectivo que las cuentas corrientes? Ninguno. Todos tenemos una», añade la experta.

«Tener una nómina domiciliada o 10.000 euros en la cuenta ya no es algo que valoren los bancos. Ahora la palabra clave es la vinculación: los bancos intentan convertirse en la entidad principal de sus clientes, porque cuanto más vinculados estén más productos les comprarán», explica el portavoz de HelpMyCash, Javier Mezcua, quien señala que en los últimos meses al menos cinco de los grandes operadores del mercado español han dado pasos en este sentido, ya sea endureciendo las condiciones para que sus cuentas sean gratuitas, o bien, aumentando la comisión que aplican a quienes no cumplen con los requisitos marcados.

Uno de los ejemplos más claros en este sentido es la adaptación que ha realizado el Sabadell de su popular Cuenta Expansión, que era gratuita para todos aquellos que realizaran un ingreso mensual de 700 euros. Sin embargo, a partir de ahora, quienes sólo cumplan este requisito deberán abonar cinco euros mensuales, a no ser que sean menores de 30 años o pensionistas. Aquellos que no se encuentren en estas franjas de edad y no quieran pagar deberán optar por la Expansión Premium, que exige tener contratado al menos un producto adicional -un seguro, un autorenting o un plan de pensiones, fondo de inversión o una cuenta de valores con un mínimo de 10.000 euros- o disponer de 10.000 acciones de la entidad, o de un patrimonio total con la misma superior a los 75.000 euros. El banco también ofrece la Cuenta Expansión Plus, que remunera hasta 10.000 euros del saldo que se tenga, pero sólo es para rentas altas.

Adaptarse a la competencia

Desde el Sabadell apuntan a la necesidad de adaptarse a la condiciones del mercado y a la competencia para justificar los cambios y reconocen abiertamente que lo que se busca es ser la entidad de referencia de sus clientes. Aún así, insisten en que su oferta sigue siendo «la más competitiva» si se compara con el resto de las existentes que exige, por ejemplo, la domiciliación de recibos o utilizar un mínimo de veces la tarjeta.

También desde Bankia admiten que los cambios que han introducido en su programa «Por ser tú» buscan «vincular más a nuestros clientes porque, cuanto más vinculados están, más satisfechos, más nos recomiendan y son más activos en la contratación de productos y servicios», aseguran desde la entidad presidida por José Ignacio Goirigolzarri. En su caso, hasta ahora se exigía cumplir únicamente un requisito para beneficiarse de la exención de comisiones: ser menor de edad, tener entre 18 y 26 años y activar la correspondencia por internet, tener los ingresos domiciliados, ser titular de al menos 1.000 acciones del banco o disponer de 75.000 euros en el banco, en cualquier modalidad.

Ahora se elimina esta última posibilidad, que incluía la opción de tener el dinero en depósitos a plazo o en la cuenta corriente, y sólo se evita el pago de la comisión si se tienen 40.000 euros en fondos, planes de pensiones o similares. Además, ya no basta con la nómina, la prestación de desempleo o la pensión -cuyo importe mínimo también sube de 200 a 400 euros- sino que, además, se exige un requisito adicional, como contratar un seguro, usar dos veces la tarjeta de crédito al mes o disponer de 30.000 euros en productos de inversión o seguros. En caso de no cumplir todas las exigencias, la cuota es de seis euros al mes.

Otra de las entidades que endurece las condiciones de sus productos de ahorro a la vista es el Santander, y por una doble vía. Por un lado, la entidad que preside Ana Botín ha anunciado una nueva modificación de las condiciones de su Cuenta 1,2,3, que ya no comercializa, pero con la que en su día protagonizó una de las mayores campañas de captación de nóminas del mercado español. Poco a poco la entidad ha ido suprimiendo algunas de sus ventajas y a partir de este enero dejará de remunerar los saldos y de devolver hasta el 3% de los recibos. Eso sí, a cambio la entidad dejará de cobrar los seis euros mensuales que pagaban sus titulares.

Al mismo tiempo también cambian las condiciones de la Cuenta Zero 1,2,3 que lanzó para sustituirla y que es la que ahora promociona. En este caso, para no pagar comisiones, hay que tener los ingresos domiciliados y, además, pagar al menos tres recibos o usar seis veces la tarjeta de crédito. La otra alternativa es disponer de 1.000 acciones del banco o tener al menos 20.000 euros en fondos o productos similares. A partir del próximo 2 de enero se suprime la posibilidad de beneficiarse de la exención de la cuota por mantenimiento por tener 60.000 euros en depósitos a plazo y, además, subirá de ocho a doce euros el pago mensual si no se cumplen condiciones.

Igualmente, también desde el Santander justifican estos cambios «por el prolongado entorno de tipos negativos», pero insisten en que el cumplimiento de sus condiciones es sencillo, por lo que la inmensa mayoría de titulares no paga nada por esta cuenta.

Otras entidades, como BBVA o Cajamar, han mantenido condiciones, pero han elevado el importe de las comisiones para aquellos que no las satisfacen. En el primer caso, la comisión anual alcanza ya los 100 euros, y en Cajamar son 80 euros, según explican desde HelpMyCash.

En cualquier caso, lo que queda claro, como explica el portavoz de este portal especializado, Javier Mezcua, es que los bancos están intentando que sus clientes traspasen sus saldos desde las cuentas corrientes y los depósitos a plazo hacia productos como los planes de pensiones o los fondos de inversión, a los que pueden sacar mayor rentabilidad por las comisiones de gestión que aplican. El problema que tienen es que la mayor parte de los consumidores se resiste a este traspaso y prefiere dejar el dinero en la cartilla, aunque no gane nada, antes que arriesgarse con otros productos que, en muchas ocasiones, no acaban de entender. Así, el saldo en cuentas corrientes no ha dejado de crecer de forma exponencial en los últimos años, a medida que se cumplían los plazos de muchos depósitos, que ya no rentan nada, y se sitúa en estos momentos en máximos históricos, con casi 32.000 millones de euros, en el caso de Alicante.

Cuentas digitales

Ante esta situación, la gran alternativa la representan las cuentas online que, en su mayoría, siguen sin cobrar por su mantenimiento y administración. En unos casos, son las propias entidades las que utilizan la subida de condiciones de sus cuentas clásicas para potenciar su operativa digital, en un intento de aligerar la carga de trabajo de sus sucursales. Pero también están apareciendo nuevos operadores que tratan de buscar su nicho en el mercado a través de este producto, con el que confían en conseguir más tarde otras vías de ingresos de sus clientes. Muchos de ellos se dirigen al público más joven, que no quieren pisar una oficina ni por asomo y operan casi exclusivamente a través de internet.

Eso sí, hay que llevar cuidado con las condiciones de las cuentas online, ya que los usuarios pueden encontrarse con cargos adicionales si en algún momento necesitan realizar alguna gestión en persona en la sucursal de la entidad.

Sea como fuere, lo cierto es que las entidades tienen total libertad para fijar las comisiones que quieran cobrar por sus productos y también para modificarlas en cualquier momento, tal y como recuerda María Valero, de iAhorro. Eso sí, deben avisar a los clientes de la aplicación de estos cambios al menos con dos meses de antelación, en los que el usuario puede optar por cancelar su contrato con la entidad sin ningún tipo de cargo extra, si así lo desea. Las entidades son conscientes de este riesgo, pero, en las actuales circunstancias, prefieren perder un pequeño porcentaje de clientes si, a cambio, logran mejorar su rentabilidad.

Un sector con muchos beneficios, pero poca rentabilidad real

Las ganancias de la banca española no cubren el coste de capital que exigen los inversores en los mercados

Aunque pocos lo dirían, teniendo en cuenta que ganaron casi 9.000 millones de euros hasta el pasado mes de septiembre, el interés de la banca española por mejorar sus ingresos a base de comisiones y de ventas cruzadas tiene mucho que ver con el problema de rentabilidad que aún arrastran la mayoría de entidades. Y es que, como apunta el director adjunto del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), Joaquín Maudos, «beneficios y rentabilidad no es lo mismo».

Como explica el también catedrático de Análisis Económico, «el hecho de que una gran empresa, por su tamaño, tenga muchos beneficios, no significa que sea necesariamente más rentable, si para conseguir ese beneficio tiene que tener mucho más capital. La banca española tiene un nivel de rentabilidad que está por debajo de la que reclama el inversor, siendo esta última la que se llama coste del capital».

Así, en el caso del negocio financiero en España, ahora mismo la rentabilidad del capital no llega al 5%, cuando captar ese capital cuesta, al menos, un 7%, según el Banco de España. Frente a esta situación, y en el actual entorno de bajos tipos, las entidades tienen dos alternativas: la primera es «modificar su estructura de ingresos aumentando las comisiones», según apunta Maudos, mientras que la segunda consiste en ajustar sus costes, lo que vienen realizando con el cierre de oficinas y los recortes de plantilla que se han sucedido desde el estallido de la crisis. Un ajuste de capacidad que hasta ahora «no ha sido suficiente porque el margen bruto ha caído con más intensidad que los costes, por lo que la eficiencia ha empeorado», explica el responsable del Ivie. Además de estas medidas, la banca debe seguir reduciendo sus activos improductivos, es decir, los morosos y adjudicados.

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