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En positivo

El éxito de la gestión empresarial: invertir en talento

En las empresas modernas y de éxito, las personas son el principal activo por su capacidad de generar una ventaja competitiva sostenible y diferenciadora

El éxito de la gestión empresarial: invertir en talento

La gestión eficaz del personal se ha convertido en una clave fundamental para el éxito empresarial. Los recursos humanos son un importante activo, en el que hay que invertir para conseguir la máxima rentabilidad de los negocios. Como afirma Gary Hamel, prestigioso experto en estrategia organizativa, para que las empresas vayan extraordinariamente bien no sólo deben usarse las manos y el cerebro de los empleados, sino también su corazón.

En este mundo de cambios, caótico y lleno de incertidumbres, el principal medio de producción es el cerebro humano, es el talento de las personas, fundamental para que las empresas se diferencien, sean distintas, para innovar y poder llegar a ser únicas y resultar altamente competitivas; y para ello necesitan desarrollar actividades inusuales, diferentes, innovadoras, impredecibles, sorprendentes. Actividades que tienen que basarse en la imaginación, la inspiración, la ingenuidad y la iniciativa. Es lo que escriben K. A. Nordström y J. Riddersträle en su recomendable libro Funky Business. El talento mueve el capital.

Y claro que el talento mueve el capital. En las empresas modernas y de éxito, las personas son el principal activo por su capacidad de generar una ventaja competitiva sostenible y diferenciadora. Un activo intangible con un valor superior al que puedan generar los activos materiales, inmobiliarios o financieros. El gran problema es que es un activo que en realidad se contabiliza como un gasto, esta es una de las bases del modelo empresarial que deberíamos empezar a cuestionarnos para darle una solución adecuada.

En la gestión empresarial son fundamentales las personas, porque son éstas quienes diseñan la organización, las funciones y los procesos; establecen los objetivos, estrategias y acciones; dirigen las actuaciones y asignan los recursos; crean los bienes y/o servicios, los producen y/o prestan; toman decisiones y asumen riesgos. Las personas son primordiales por sus ideas, conocimientos, cualidades, habilidades, capacidades e iniciativas; por su talento y talante, por su aptitud y actitud.

Una de las principales capacidades directivas es la de gestionar de forma estratégica los recursos humanos, considerándolos como un activo en el que hay que invertir, creando valor y riqueza, y consiguiendo incrementar su productividad. Se pretende obtener un impacto positivo en los resultados empresariales, a partir de una serie de actuaciones tendentes a lograr el bienestar del personal de la organización en términos económicos, sociales, emocionales e incluso espirituales. Se trata de que la gente esté satisfecha con su trabajo, ya que esto hace que los resultados de las empresas sean mejores. Como ha reconocido Juan Roig, presidente de Mercadona, «desde que tratamos mejor a la plantilla, ganamos más dinero».

En la dirección empresarial hay que tener en cuenta la visión bifocal de los recursos humanos, una doble consideración que tienen éstos y que se manifiesta al mismo tiempo. Por una parte, son un activo cuya rentabilidad hay que maximizar; y, por otra parte, son un coste que hay que minimizar. Este planteamiento economicista de la gestión de las personas en el ámbito empresarial tiene una clara orientación a la obtención de resultados económicos, a la consecución de beneficios sin tener en cuenta el valor inmaterial que incorporan a la empresa y a los objetivos estratégicos de la misma.

Dirigir bien una empresa implica atender de forma adecuada las necesidades, intereses y derechos de todas las personas que trabajan en ella para conseguir que estén satisfechas y se comprometan con el proyecto empresarial, para que estén motivadas y sean productivas, para que aporten su talento y trabajo. Todo ello para favorecer el avance, el progreso y el crecimiento del negocio.

La gestión de los recursos humanos se convertirá en un factor de éxito si es capaz de conseguir la mejora de la competitividad de la empresa y el incremento de sus resultados, como consecuencia de haber creado un entorno, un ambiente y unas condiciones laborales que generen un estado de satisfacción, bienestar y felicidad en el personal que estimula un importante nivel de compromiso e implicación con la propia empresa, y un aumento y mantenimiento de su productividad.

Invertir en talento implica plantearse como objetivos, en primer lugar, conseguir que las personas aporten a la empresa su talento, sus capacidades creativas y su trabajo; en segundo lugar, desarrollar lo máximo posible todo el talento potencial de las personas que integran la empresa; y, por último, integrar a las personas en el proyecto empresarial, para que rindan física e intelectualmente al máximo, al considerar satisfechas de forma suficiente sus necesidades y expectativas personales y profesionales.

La gestión de las personas implica un compromiso recíproco entre la empresa y sus trabajadores. La organización tiene que invertir en su personal, confiando en sus capacidades y habilidades, creando un ambiente que favorezca la creatividad, desarrollando unas condiciones de trabajo que motiven, formando a los trabajadores, aplicando una adecuada política retributiva. Los trabajadores tienen que aportar su talento y su trabajo, integrarse en el proyecto empresarial y satisfacer sus necesidades, manteniendo un elevado nivel de implicación y de motivación, que favorezca unos altos niveles de rendimiento.

Hay que implantar un modelo de gestión humanista considerando que las personas son el corazón de la empresa, su motor, la base de su crecimiento. El talento y el talante de los recursos humanos son esenciales para hacer prosperar a las empresas.

En positivo, una empresa invirtiendo en talento está invirtiendo en su futuro. Una empresa humanista cree y quiere a las personas que integran su organización en todos sus niveles. Una empresa moderna y de éxito trata a sus empleados como personas, como afirmaba Peter F. Drucker, uno de los gurús de la gestión y administración empresarial.

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