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La industria lastra la recuperación en Alicante: 48.800 empleos menos que antes del covid

El sector presenta un déficit de 34.000 ocupados con relación a 2019, mientras que los servicios ya se encuentran en niveles prepandemia - La situación contrasta con la del conjunto de España, que alcanza las mejores cifras desde 2008

Trabajadores en una industria metalúrgica de Xixona, sector de gran relevancia en el contexto económico provincial. | HÉCTOR FUENTES

Trabajadores en una industria metalúrgica de Xixona, sector de gran relevancia en el contexto económico provincial. | HÉCTOR FUENTES

No tenían para nada buena pinta cuestiones como el encarecimiento de las materias primas y la energía, ni tampoco los problemas de suministro, y, al final, los peores presagios se han empezado a confirmar. Y es que todos estos condicionantes, que afectan con especial virulencia a la industria, están lastrando la recuperación de la provincia de Alicante, hasta el punto que en la actualidad hay 48.800 ocupados menos que antes de la irrupción de la crisis del covid, 34.000 de ellos pertenecientes al sector industrial. También, aunque no de forma tan exagerada, hay menos empleo en la construcción y en la agricultura, siendo los servicios la única rama de actividad que ya ha alcanzado niveles prepandemia. La situación de la provincia contrasta con la del conjunto de España, que ha superado los 20 millones de ocupados por primera vez desde 2008.

La Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al tercer trimestre de este año no deja precisamente en buen lugar a la provincia de Alicante. Es cierto que con relación al trimestre anterior se han contabilizado 11.600 ocupados más, que dejan la cifra total en 746.500, lo que en comparación a 2020 también supone un incremento de 12.600. El problema viene cuando se establece la comparativa con el mismo trimestre de 2019, antes de la pandemia, dado que es ahí cuando se pone en evidencia que continúa habiendo 48.800 empleos menos que entonces y que sigue existiendo un largo trecho por recorrer.

El sector que menos se ha recuperado es la industria, toda vez que los 94.000 ocupados actuales son 34.000 menos que los que se registraban en 2019. También la construcción tiene en estos momentos 8.100 empleos menos que en la época prepandemia, lo que deja la cifra en 48.600. La agricultura, por su parte, computa 6.300 ocupados menos, al haberse quedado en 18.700. El único sector que ha recuperado los niveles anteriores al covid es el de los servicios, con 585.000 empleados, fruto del tirón sobre todo del turismo y la hostelería en esta última campaña de verano.

Tampoco son positivas las cifras provinciales en lo que respecta al número de parados. En estos momentos son 168.600 las personas que no desarrollan ningún tipo de actividad laboral, lo que supone 43.700 más que en el mismo trimestre de 2019.

En conjunto, el panorama que dejan los datos de la EPA no son para nada alentadores, sobre todo si se comparan con la situación que se está viviendo a nivel nacional, al haberse superado los 20 millones de ocupados por primera vez desde 2008.

La industria lastra la recuperación: 48.800 empleos menos que antes del covid

La tasa de empleo en la provincia es del 57,17%, cuatro puntos menos que a nivel nacional, lo que propicia que solo haya 16 provincias con datos peores. En lo que respecta a la tasa de paro, esta se sitúa en Alicante en el 18,43%, también cuatro puntos, aunque en este caso más, que en el conjunto de España, siendo nueve las provincias que superan este porcentaje.

Para buscar explicaciones a estos números hay que dirigir las miradas hacia la industria, sector que está actuando a modo de lastre en la senda de la recuperación. Desde la Federación de Empresarios del Metal de la Provincia de Alicante (Fempa) se hace referencia precisamente al incremento de los costes energéticos y de las materias primas, así como a los problemas de suministros de algunos componentes, que están rompiendo las cadenas de producción. También al encarecimiento del transporte marítimo. Todo este conjunto de factores han terminado por frenar una actividad industrial que se había recuperado con la demanda que permanecía embalsada, pero que, una vez satisfecha, ha vuelto a ralentizarse.

Por su parte, desde la Asociación Valenciana de Empresarios del Calzado (Avecal), recuerdan que este es uno de los sectores que más se han visto perjudicados por la pandemia, de manera que, según las previsiones que manejan, la recuperación no se va a empezar a dejar ver hasta el próximo año. En cualquier caso, todos los factores coyunturales que se están registrando en estos momentos añaden dificultades a un panorama ya de por sí complicado.

El textil, según se hace constar desde la patronal valenciana Ateval, es uno de los sectores industriales que han recuperado más la ocupación, hasta el punto que en la actualidad apenas quedan Expedientes de Regulación de Empleo (ERTE) activos. Sin embargo, también se ven con preocupación los incrementos de costes, así como los anuncios de aumento de la presión fiscal por parte del Gobierno en una situación todavía inestable. Desde el sector abogan, como alternativa, por reforzar la lucha contra la economía sumergida y mejorar la eficiencia en el gasto público.

Por parte de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (Aefj) se destaca que no ha habido ajustes significativos en el empleo en un sector marcado por la fuerte estacionalidad.

Una cuestión que también se encuentra detrás de la menor ocupación en la industria es el proceso de transformación digital en el que se encuentran inmersas las empresas, lo que ha propiciado ajustes que se espera den paso a una reactivación de la contratación los dos próximos años, aunque, eso sí, de personal cualificado en las nuevas tecnologías.

Con todo, las reacciones a los datos procedentes de la EPA no se han hecho esperar entre los diferentes actores implicados. Para José María Ruiz Olmos, secretario de Empleo de CC OO en l’Alacantí-Les Marines, las cifras demuestran que todavía queda mucho camino por recorrer, y que es necesario abordar un cambio de modelo productivo que deje atrás la precariedad y la fuerte dependencia del sector servicios. De hecho, el sindicato señala que la lenta recuperación del empleo es un espejismo, y que la única solución pasa por la derogación de la reforma laboral.

Por su parte, Yolanda Díaz Serra, responsable de Empleo de UGT en la misma demarcación, pone el foco en la brecha de género, toda vez que hay 87.000 mujeres ocupadas menos que hombres, por lo que insta a tomar medidas que favorezcan la contratación femenina. Por lo demás, el sindicato lamenta que se esté creando empleo casi a la misma velocidad que se destruye, por lo que coincide con CC OO en la necesidad de establecer un nuevo marco de relaciones laborales que impulse el trabajo estable.

Desde la Confederación Empresarial Valenciana (CEV), su director de Economía y Análisis, Ricardo Miralles, subraya que los datos verifican la progresiva normalización de la actividad económica en términos generales, aunque lamenta que sea con intensidades diferentes, según sectores y territorios. También califica de preocupante que el descenso del paro se concentre en el colectivo de personas sin empleo anterior.

El más optimista es el secretario autonómico de Empleo, Enric Nomdedéu, quien subraya que los datos relacionados con el tercer trimestre de este año evidencian que la Comunidad Valenciana se encuentra ante un escenario de clara reactivación económica, gracias fundamentalmente a los efectos positivos de la campaña turística de verano. En este sentido, subraya que la eliminación de las restricciones relacionadas con el coronavirus han posibilitado una notable recuperación en los últimos meses, sobre todo en el sector servicios.

Las consecuencias derivadas de la inflación más alta en tres décadas: salario, ahorro y pensiones

El coste de la electricidad ha disparado la inflación en octubre, como ya ocurrió el mes pasado. Los precios continuaron su escalada, impulsados por el encarecimiento de la electricidad y los carburantes, hasta llegar a una tasa interanual del 5,5% con respecto al mismo mes de 2020. Se trata de un repunte un punto y medio superior al de septiembre (4%), que ya significó un alza de grandes proporciones y la tasa más alta desde 1992, hace 29 años.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado este jueves el avance del Índice de Precios de Consumo (IPC), un dato que, de confirmarse el 12 de noviembre, consolidaría la aceleración de la inflación en los últimos meses, cada vez más intensa. Detrás de este repunte de la inflación, que experimenta su octavo mes consecutivo de subidas, está el encarecimiento de la electricidad y, en menor medida, de carburantes y lubricantes para vehículos personales, que en octubre del pasado año se abarataron. El índice de precios de consumo (IPC) se disparó en octubre el 2% con respecto a septiembre, según los datos del INE. El empuje de la energía se está trasladando a la inflación subyacente (índice general sin alimentos no elaborados ni productos energéticos), que ha aumentado en cuatro décimas, hasta el 1,4%, con lo que se sitúa más de cuatro puntos por debajo de la del IPC general. Esta es la diferencia más alta entre ambas tasas desde el comienzo de la serie, en agosto de 1986. 

La electricidad y los carburantes provocan que la tasa interanual escale hasta el 5,5%

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Uno de los riesgos de este impulso de la inflación son los efectos denominados de segunda ronda, mediante los que estas subidas los acaban trasladando las empresas a los productos y servicios para evitar perder márgenes. A su vez significa la posibilidad de que se registren presiones para subir los salarios, ya que pierden poder adquisitivo, con lo que se entra en una espiral precios-salarios. La subida media en convenio ronda en la actualidad el 1,4%. Y muchos convenios no prevén la actualización con respecto a la inflación actual. A su vez, la inflación resta poder de compra al ahorro, en especial el que está en cuentas y depósitos bancarios, con un interés medio del 0,01% en las que tienen un plazo de hasta un año; del 0,57% entre un año y hasta dos; y del 0,20% en los plazos de más de dos años.

Otro de los efectos de la subida del nivel general de precios es su impacto en las pensiones, cuya actualización se ha vuelto a ligar a la evolución del IPC medio del año hasta noviembre. Hasta octubre, la inflación media del ejercicio se ha situado en torno al 2,5%. La Seguridad Social debe abonar la diferencia entre el nivel que se marque en noviembre y el 0,9% que subieron las pensiones este 2021. Además, en 2022, las prestaciones deben revalorizarse a partir de este nivel.

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