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El conflicto entre Rusia y Ucrania deja en el aire más de 75 millones en exportaciones de la provincia

Unas 500 empresas alicantinas vendieron sus productos en alguno de los dos países el año pasado - El calzado es el sector más expuesto, tras el veto que rige desde 2014 sobre la agricultura

Un barco carga contenedores en el Puerto de Alicante. | PILAR CORTÉS

El conflicto entre Rusia y Ucrania amenaza con golpear al comercio exterior alicantino por segunda vez, apenas ocho años después de que el veto de Putin a los productos agroalimentarios de la UE por este mismo motivo ya acabara con más de la mitad de las exportaciones de la provincia a este país. Si, como ocurrió entonces, la escalada de tensión deriva en nuevas sanciones cruzadas entre el Kremlin y Occidente, son más de 500 las empresas de la zona que pueden ver afectados sus envíos a uno u otro Estado, que hasta el pasado mes de noviembre sumaban más de 75 millones de euros.

Se trata, además, de dos mercados que crecían con fuerza, según los datos facilitados por el Departamento de Internacionalización de la Cámara de Comercio y el ICEX. En concreto, las exportaciones a Rusia alcanzaron en los once primeros meses del pasado ejercicio los 61,7 millones, tras aumentar un 14,8%; mientras que las ventas a Ucrania contabilizaron otros 14,1 millones, un 31% más.

Aunque en el global de la exportación alicantina su peso sea relativamente pequeño -el total de ventas al exterior sumó 5.683 millones en el mismo periodo-, no deja de tener su importancia, sobre todo para algunos sectores. El principal de ellos es el calzado, para el que Rusia supone su décimo mercado en el exterior y entre uno y otro país se juega alrededor de 34 millones de euros. Una mala noticia que, además, llega cuando el sector acaba de librarse de la espada de Damocles que suponía la posibilidad de que Estados Unidos aumentara los aranceles.

«Seguimos la situación con mucha preocupación, porque somos conscientes de que el consumo de moda es lo primero que se resiente ante cualquier conflicto», señala la presidenta de la Asociación Valenciana de Empresarios de Calzado (Avecal), Marián Cano. En esta caso, además, lo que está en juego es un mercado centrado en el segmento de calidad media-alta, por lo que resulta especialmente interesante para los fabricantes de la provincia.

En el caso del mármol, los volúmenes exportados son sensiblemente inferiores, de unos cuatro millones de euros, aunque, como recuerda el presidente de la patronal del ramo, David Beltrá, en un momento en que el sector lucha por remontar las malas cifras de los últimos años, «todos los mercados son importantes». Pero Beltrá va más allá y recuerda las consecuencias que el conflicto puede tener sobre los precios energéticos, que ya han puesto al límite las estructuras de costes de muchas empresas de la provincia.

En la misma línea, el presidente de la Cámara de Comercio de Alicante, Juan Riera, recuerda que, con independencia de las cifras directas de exportación a Rusia y Ucrania, «una situación de conflicto incide siempre muy negativamente en el comercio exterior y puede repercutir en países del entorno que pueden verse afectados por la contienda y son grandes clientes de empresas alicantinas».

Otro de los sectores para los que ha supuesto un auténtico mazazo esta escalada de tensión y el posible enfrentamiento bélico abierto es la agricultura. Tras ochos años de veto de Rusia a las importaciones de productos agroalimentarios desde la UE -en respuesta a las sanciones que Bruselas impuso a este país por su apoyo a los rebeldes en Ucrania-, el sector tenía la esperanza de que las conversaciones abiertas pudieran avanzar y se levantaran las restricciones. «Para nosotros era un mercado importante y recuperarlo hubiera sido una gran ayuda», señala el secretario técnico de Asaja Alicante, Ramón Espinosa. No en vano, el último año antes de la entrada en vigor del veto, en 2013, las ventas de frutas y verduras a Rusia sumaron más de 72 millones de euros.

Además de las repercusiones en el comercio exterior, una guerra abierta también pondría en riesgo un importante mercado para el sector inmobiliario de la provincia. Los rusos son la octava nacionalidad que más viviendas compra en la Costa Blanca, según los datos del Colegio Notarial. En 2019 llegaron a comprar más de 1.200 viviendas y hasta septiembre de 2021 sumaban 621 a un precio medio de 160.000 euros por operación, según las mismas fuentes.

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