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El dinero en efectivo apenas recupera terreno en Alicante tras la pandemia

Las retiradas e ingresos de billetes y monedas siguen un 27% por debajo de los niveles previos al covid mientras las operaciones con tarjeta ya suman un aumento de casi el 50% desde 2019

Varios usuarios retiran dinero del cajero automático. Pilar Cortés

Hace ya meses que los bares vuelven a estar llenos, la facturación de los comercios cada vez se aproxima más a la que registraban en 2019 y la mayoría de empresas ha conseguido recuperar casi toda su actividad, si no la ha incrementado. En definitiva, que el dinero vuelve a circular y a pasar de mano en mano, sólo que ya no lo hace de la misma forma que antes del covid. Una de las consecuencias permanentes que ha dejado el coronavirus es la menor utilización del efectivo, en beneficio de la tarjeta, que se ha convertido definitivamente en el medio de pago preferido de los ciudadanos.

Al menos así se deduce de los datos facilitados por el Banco Sabadell sobre el número de operaciones registradas en su red en la provincia, que corroboran las cifras que a nivel nacional ofrece el Banco de España para el conjunto del país.

De esta forma, tras caer hasta un 33% a lo largo de 2020, el número de retiradas e ingresos de efectivo en las oficinas y cajeros de la entidad –la de mayor cuota de mercado en Alicante- sigue a día de hoy un 27% por debajo de los niveles previos a la pandemia. En concreto, las operaciones de ingreso continúan un 34% por debajo y los reintegros un 22%.

Una tendencia que contrasta con la evolución del número pagos efectuados a través de los TPV –las terminales de pago con tarjeta- que gestiona el banco en la zona, y que ya se sitúan hasta un 49,66% por encima de las que se contabilizaban en 2019.

Una fuente de datos para las entidades

El avance del dinero electrónico aporta importantes ventajas para las entidades, más allá de lo que reciben por la utilización de los TPV. Los pagos con tarjeta permiten a los bancos conocer el destino de ese dinero y, por tanto, los gustos y necesidades de sus clientes, lo que facilita venderles otros productos o, por ejemplo, agilizar la concesión de créditos, al conocer su historial.

Y es que, al igual que ha ocurrido con otras facetas, la pandemia también ha servido para acelerar la digitalización del dinero, un cambio que desde el Sabadell consideran ya irreversible y también se refleja en la reducción del parque de cajeros automáticos, ante la menor demanda de este servicio.

Una clienta paga con tarjeta en una tienda. JUANI RUZ

De esta forma, en estos dos años de pandemia han desaparecido del mapa casi 2.900 terminales en todo el país, según el Banco de España, y no únicamente por el progresivo cierre de oficinas. En puntos como los centros comerciales, donde antes las entidades se disputaban las mejores ubicaciones, ahora cada vez resulta más complicado encontrar un cajero porque ya no sale rentable mantener esta presencia, según explican fuentes del sector.

Por el contrario, en el mismo periodo el número de TPV activos ha aumentado en  más de 268.000, hasta sumar 2.210.994. El resultado es que el volumen pagado con tarjeta  -que desde 2016 ya superaba a las retiradas de efectivo-, alcanzó el año pasado los 195.246 millones en España, frente a los 111.131 millones que se sacaron de los cajeros.

El presidente de la Asociación de Comerciantes Corazón de Alicante y vicepresidente de la provincial Facpyme, Vicente Armengol, reconoce que la pandemia ha supuesto todo un cambio de mentalidad, tanto para los clientes, como para los propios comerciantes, y que ha roto definitivamente con tabús, como el de exigir un pago mínimo para aceptar tarjetas. En este sentido, Armengol señala que para los empresarios supone una comodidad “el tener directamente ingresado el dinero en la cuenta”, y reconoce que el auge de las tarjetas también facilita las compras por impulso. “Antes si veías algo que valía 25 y sólo llevaban 20, no comprabas. Ahora sacas la tarjeta”, recalca.

Eso sí, la parte negativa son los costes que lleva aparejado este servicio, que según Armengol, siguen siendo elevados y más en un momento como el actual, donde muchas tiendas miran el céntimo ante los efectos de la inflación.

En cualquier caso, este mayor uso del dinero electrónico y, por tanto, la menor necesidad de acudir a la oficina es uno de los motivos que está propiciando que los bancos continúen con el recorte de su red. Así, de acuerdo con los últimos datos del Banco de España, al finalizar el primer trimestre del año ya sólo quedaban 629 sucursales operativas, lo que supone 110 menos que en la misma fecha de 2021 y un 64% menos que antes del estallido de la burbuja inmobiliaria.

Menos deudas y menos depósitos en el banco

Durante el último año los alicantinos han reducido considerablemente su volumen de endeudamiento, aunque también han visto caer el saldo que guardan en sus cuentas corrientes. Según los últimos datos del Banco de España, al cierre del primer trimestre el saldo vivo de los créditos concedidos por las entidades financieras se situaba en 33.952 millones de euros, lo que supone una rebaja notable, de casi 6.000 millones de euros, con respecto a los datos de un año antes.

Una caída que se debería, por un lado, a la devolución de parte de los créditos ICO que muchas empresas solicitaron y no utilizaron durante la pandemia, y también a las amortizaciones de las hipotecas por las que han optado muchos ciudadanos, ante las perspectiva de una subida de tipos de interés.

La parte negativa de esta reducción del endeudamiento es que también ha caído la cantidad de dinero que los alicantinos tienen guardado en el banco, que se sitúa en 36.847 millones, casi 3.500 millones menos que en marzo de 2021.

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