Se las prometía felices el sector de los cereales de la provincia de Alicante en una campaña en la que los precios en general se han incrementado como consecuencia del conflicto bélico que asola a Ucrania. Pero las adversas condiciones meteorológicas han dado al traste con cualquier tipo de previsión. Primero fueron productos como el trigo o la cebada los que sufrían las consecuencias del fuerte calor de los últimos meses, y ahora han sido los girasoles, cuyas plantaciones se habían incrementado un 30%, los que también se han visto sofocados por las altas temperaturas después de una germinación condicionada por las tormentas de la época de siembra. El resultado es que los agricultores no podrán beneficiarse de las elevadas cotizaciones que todavía se manejan en los mercados, pese a haber ido a menos desde que estalló la guerra.

Ucrania está considerada como el granero de Europa, por lo que la invasión rusa propició un encarecimiento de precios de los cereales en general y del girasol en particular. De hecho, en el momento en el que se desató el conflicto, los precios del aceite procedente de esta semilla se dispararon en los supermercados por el temor al desabastecimiento y la psicosis que se generó entre los consumidores, que acapararon con lo que había en las estanterías.

En este contexto, el resto de zonas productoras, entre las que se encuentra la provincia de Alicante, confiaban en aumentar beneficios aprovechándose de las altas cotizaciones del mercado. Pero nada más lejos de la realidad. La campaña de cereales ya resultó desastrosa debido a las altas temperaturas registradas entre los meses de mayo y junio, toda vez que los cultivos se secaron antes de tiempo sin que acabaran de granar. El resultado fueron 44.000 toneladas menos de producción y unas pérdidas cercanas a los 12 millones de euros.

Y ahora le ha correspondido a los girasoles. Las plantaciones, primero por cuestiones de planificación, y en algunos casos a la vista de que se le podía sacar un mayor rendimiento económico, se incrementaron un 30% en la provincia, hasta situarse cerca de la 600 hectáreas. Así que había muchas esperanzas depositadas en este producto. Pero tampoco ha podido ser.

Sin llegar a los niveles de los cereales, la producción ha sufrido una merma más que considerable como consecuencia de diversos factores. Gonzalo Cots, productor de la zona de El Comtat, señala que "las intensas lluvias registradas en la época adecuada impidieron que se pudiera sembrar, y luego la tierra se secó por culpa del calor. Después, cuando por fin pudimos plantar, una serie de tormentas evitaron que germinara, por lo que tocó repetir la operación". Por si esto fuera poco, las temperaturas disparadas de julio y agosto han propiciado una maduración prematura, lo que repercutirá en un menor rendimiento. En parecidos términos se expresa Ricardo Ferri, del área de l'Alcoià y representante de Asaja, quien a esta serie de calamidades añade una fuerte granizada que también contribuyó a reducir la cosecha.

Así las cosas, la producción quedará situada finalmente alrededor de los 600.000 kilos, una cantidad incluso menor que la del año pasado, y que saldrá al mercado con unos precios que ahora mismo se encuentran en los 530 euros por tonelada, una cifra todavía elevada, aunque no tanto como los 630 que se llegaron a cotizar en el inicio del conflicto bélico. "Teniendo en cuenta que los fertilizantes y los fitosanitarios se han disparado, al final no nos va a salir a cuenta", lamenta Gonzalo Cots.

Daños por la proliferación de cabras y arruís

Por si las adversas condiciones meteorológicas fuesen poco, la acción de los animales también está causando daños en los cultivos de girasoles. Así lo denuncia Ricardo Ferri, productor de la comarca de l’Alcoià, quien destaca que «las cabras y los arruís se me han comido una hectárea entera. Los destrozos que ocasionan son enormes».

Ferri resalta que es un problema que ha ido a más durante los últimos años, debido a que este tipo de animales están proliferando sin que hasta el momento se hayan adoptado medidas de control efectivas.

También los conejos causan daños, aunque de una manera más intensiva en los cultivos de cereales.