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Día de la Mujer

Rosa Sánchez, una negociadora que protagoniza la llegada de la normalidad

Su experiencia en el área laboral y su capacidad para llegar a acuerdos la han situado como la primera mujer al frente de la secretaría general en la patronal del metal

8M. Rosa Sánchez, primera secretaría general de FEMPA

8M. Rosa Sánchez, primera secretaría general de FEMPA / Pilar Cortés

Ana Jover

Ana Jover

Al hablar con Rosa Sánchez Moya, hay una palabra que se repite: normalidad. Esta licenciada en Ciencias del Trabajo y Experta en Intermediación Laboral se convirtió hace poco más e un año en la primera mujer en ocupar la secretaria general de la Federación Empresarial del Metal de la provincia de Alicante (Fempa) tras la marcha de Luis Rodríguez a la Autoridad del Puerto de Alicante. 

Rosa Sánchez (Alicante, 1968) llevaba trabajando en la patronal alicantina del sector desde 2011 y, por lo tanto, la casa, «su casa», no le era desconocida. Evita, por tanto, engrandecer el logro y apela a una dinámica más bien natural, que no se puede relacionar con cuotas, sino con la experiencia de quien acumula muchas horas de negociación y sobre todo, una relación directa con la unión entre empresa y trabajador. 

Alicantina, del barrio de la Florida, Rosa Sánchez ya sorprendió a sus padres cuando, a pesar de ser buena estudiante, quiso hacer una formación profesional. «Entonces, no era habitual» y recuerda como la FP durante muchos años era una opción para «los que no querían estudiar». Entonces no podía imaginar que acabaría en Fempa, cuya escuela es un modelo de integración y aplicación exitosa de la formación dual. 

A partir de ese momento, su vida se caracteriza por combinar estudios y trabajo y salvo por el calificativo de «chiquita de la oficina», no recuerda haber sufrido comentarios machistas en su trabajo. «Me habría sorprendido teniendo en cuenta que a quienes tengo en frente son defensores activos y reivindicativos de la igualdad», comenta Sánchez Moya sobre cómo son las negociaciones. «Siempre me he sentido muy respetada», añade. Ella se define como persona conciliadora en las negociaciones; sin embargo, tiene claro que es fundamental poner límites en el tiempo y en las propuestas. Ambas líneas establecen un campo amplio para llegar a acuerdos. 

En su visión sobre la presencia de la mujer en un sector con una mayor presencia de hombres, asegura que los números van por oficios. «Hay ramas como administración, camarera o comercio, donde suele haber más estudiantes mujeres que hombres. En otras de corte técnico, a la inversa; pero hay mujeres en todas las promociones desde hace años. Hay soldadoras», puntualiza. Su afirmación es como una lanza que va directa a los estereotipos. Puede ser que la percepción interna sea una cuestión de preferencias, pero en el imaginario, ella misma reconoce que «cuesta imaginar a una mujer con un mono de taller». Su impulso es darle la vuelta a esa idea y, rápidamente, contrapone el éxito de las féminas en la formación de robótica. 

Así que la normalidad del metal es la que vive día a día y, ahora desde su papel de secretaria general, piensa en qué más se puede hacer para atraer al talento femenino a la FP, al montaje de aires acondicionados y a empleos bien remunerados. «Quizás ha llegado el momento de que vayamos a visitar los centros de Primaria». 

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