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Alicante lidera los índices de pobreza en la Comunidad Valenciana: casi uno de cada tres residentes está en riesgo de exclusión

El porcentaje de hogares con problemas económicos se dispara hasta el 50 % en el caso de los hogares monoparentales

Alicante víctima de la precariedad: estas son las comarcas más pobres

Alicante víctima de la precariedad: estas son las comarcas más pobres / Eva Abril

David Navarro

David Navarro

Alicante sigue siendo el hermano pobre de la Comunidad Valenciana. El predominio aplastante del sector turístico en la provincia, frente al mayor peso de la industria o los servicios avanzados en Castellón y Valencia, provoca que la renta media por persona sea hasta un 13 % inferior a la de la primera y hasta un 15 % más baja que en el Cap i casal. Unas cifras que esconden una realidad todavía más dura, que es el mayor porcentaje de población que se encuentra en apuros económicos.

Según los últimos datos del Instituto Valenciano de Estadística, en 2024 hasta un 29,4 % de los residentes en Alicante se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión social -casi uno de cada tres empadronados-, lo que representa siete puntos más que en el resto de demarcaciones de la autonomía, donde este indicador ronda el 22 %.

Además, son 2,1 puntos más que en el año anterior, lo que refleja el efecto que la inflación o el encarecimiento de la vivienda ha tenido en el presupuesto de los hogares alicantinos.

De esta forma, hasta el 22,5 % de las familias de la provincia asegura llegar con "dificultad" o "mucha dificultad" a fin de mes y hasta un 41,6 % de los consultados para elaborar esta estadística sostiene que carece de capacidad -es decir, de los ahorros necesarios- para afrontar gastos imprevistos.

Varias personas hacen cola para recibir alimentos y ropa en una parroquia.

Varias personas hacen cola para recibir alimentos y ropa en una parroquia. / David Revenga

El estudio, que supone una ampliación a nivel provincial de la Encuesta de Condiciones de Vida que elabora el INE, también revela que casi uno de cada cinco alicantinos (el 19,3 %) no se puede permitir el lujo de mantener una temperatura adecuada en su vivienda, un porcentaje que se disparó el año anterior hasta el 23,3 % -a raíz de la subida de la electricidad y los carburantes que siguió al inicio de la guerra de Ucrania-, pero que sigue sin recuperar los valores que tenía antes de la pandemia, cuando sólo era un 6,1 % de la población la que sufría este problema.

En este mismo sentido, uno de los parámetros más preocupantes del último año es el considerable aumento de los residentes que reconocen haber pagado con retraso -o, incluso, tener pendientes- facturas relacionadas con la vivienda principal, lo que incluye desde la hipoteca o el alquiler, hasta la luz, el gas o el recibo de la comunidad. En sólo un ejercicio han pasado del 10,7 % al 15,1 %, igualando el porcentaje que llegó a darse en 2020, cuando el confinamiento por el covid y los ERTE llevaron a máximos este indicador.

Igualmente, dos de cada cinco alicantinos (39,8 %) no puede marcharse una semana de vacaciones a ningún sitio y, lo más importante de todo, hasta un 6,2 % de los habitantes de la provincia no puede alimentarse como sería debido. En concreto, no dispone del dinero necesario para comer carne, pollo o pescado al menos dos veces por semana. Un porcentaje que supone que hasta 122.000 alicantinos tienen una nutrición deficiente, de acuerdo con estos datos.

Tipos de hogar

Como es lógico, el problema de la pobreza afecta de forma muy diferente en función de parámetros como la propia composición del hogar. Y, en concreto, los que sufren en mayor medida estos apuros económicos son las familias monoparentales -las compuestos por un único adulto y uno o varios hijos-, donde el porcentaje de riesgo de pobreza y exclusión social se dispara hasta el 50,2 %. Una cifra que demuestra la necesidad que existe de ayudas específicas para este colectivo.

Una persona pide ayuda en la calle.

Una persona pide ayuda en la calle. / David Revenga

Cuando hay dos padres y un único hijo, el porcentaje se desploma hasta el 23,3 %, mientras que a partir del segundo hijo sube al 32,7 %, aún así muy alejado de la cifra que se contabiliza cuando es un solo progenitor el que se hace cargo de la familia.

De la misma manera, otro colectivo que tiene más papeletas de encontrarse en apuros económicos son los solteros: hasta el 39,4 % de los adultos menores de 65 años que viven solos están en riesgo de exclusión. Un porcentaje que se reduce varios puntos -hasta situarse en el 33,2 %- cuando la persona que vive sola ya es jubilada.

Otro factor claramente determinante en esta situación es la nacionalidad. Entre los residentes españoles, las dificultades económicas afectan a un 21,2 % de la población; una cifra que escala hasta el 46,9 % cuando se trata de residentes de otros países de la UE (hay que recordar que, además de alemanes u holandeses retirados, también hay muchos trabajadores que proceden de países de Europa del Este que son inmigrantes económicos), y se dispara hasta el 61,3 % entre los residentes que vienen de terceros países.

¿Cómo se calcula la tasa de riesgo de pobreza y exclusión social?

La denominada tasa Arope -el estándar europeo para calcular la población en riesgo de pobreza o exclusión social- tiene en cuenta varios factores a la hora de determinar quién se encuentra en esta situación. La primera es cuando los ingresos de una persona o un hogar se encuentran por debajo del 60 % de la media, de ahí que una de las obsesiones del actual Gobierno es conseguir que ninguna pensión o prestación social se sitúe por debajo de ese indicador.

Pero, además, también entran en esta situación aquellos residentes en una situación de carencia material y social severa, lo que significa que acumulan varios problemas, como no poder comer carne con frecuencia o tener retrasos en los pagos de los recibos. Por último, también se incluye a las personas con baja intensidad en el empleo, lo que incluye a los hogares donde sus miembros están en paro o tienen jornadas reducidas.

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