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Vivienda industrializada en Alicante: un tortuoso camino hacia la sostenibilidad

Una pareja explica cómo ha sido el proceso para construir su casa modular y los obstáculos para levantarla

Así ha sido la construcción de una casa modular en Alicante.

Vivienda Industrializada en Alicante: el tortuoso camino hacia la sostenibilidad / Pilar Cortés

Ana Jover

Ana Jover

En plena pandemia, cuando la vida se hacía en el salón, Marisol y su pareja vieron un anuncio de una planta baja cerca de su actual domicilio, donde viven de alquiler, y se lanzaron. Era 2020 y 36.000 euros por una superficie de 56 metros cuadrados. Era un lienzo en blanco.

Primero hicieron un intento por la vía tradicional. Plan de derribo, base de hormigón y ladrillos por delante; pero una mala experiencia con la empresa que les iba a construir su vivienda se acabó convirtiendo en una oportunidad para transformar aquellos planos en una casa modular a su gusto, donde la madera sería la piedra angular y las paredes prefabricadas y todo el proceso mirarían hacia la ecoeficiencia.

«¿Esto no se quema? Es la pregunta que más nos hacen todos los que pasan. También los bancos», explica Marisol desde la acera de una de esas calles estrechas que hay en el barrio alicantino de San Blas, donde aún quedan unas cuantas plantas bajas unifamiliares y se respira familiaridad.

La primera fase fue la cimentación para acoger la estructura.

La primera fase fue la cimentación para acoger la estructura. / INFORMACIÓN

Ambos son conscientes de que son la novedad y el día de la entrevista habían dejado carteles pegados por los portales para advertir que al día siguiente llegaba la grúa con el resto de la fachada fabricada industrialmente. Se salen de los convencionalismos y lo saben.

Construcción exprés

«Podría estar en dos meses: tres semanas para la fabricación, una semana para las instalaciones y otros dos, para el interior», detalla; pero un retraso en la llegada de material hizo que tres días se convirtieran en una semana, «porque cuando se pasa el plazo, tienes que volver a pedir el permiso y en el Ayuntamiento tardan una semana en volver a contestarte».

Ese obstáculo ha sido el menor. «Tuvimos que hacer un dossier para explicar las garantías y seguridad de la construcción y también contar las diferencias con las casas prefabricadas», en referencia a las de madera que empiezan a ser habituales en suelo rural. Fotos, calidades, certificados ... Se convirtieron en expertos en la materia para lograr el respaldo de una entidad bancaria tras recibir muchos noes y, en algún caso, ni contestarles. Otros, simplemente, no lo tenían contemplado y no sabían muy bien cómo actuar y qué parametros aplicar más allá de los propios de la solvencia económica personal.

Su coste se elevó por encima de los 260.000 euros y se sitúa en parámetros similares a la de ladrillos

En todo el proceso fue fundamental la ayuda del equipo de arquitectura. Guillermo Escolano es uno de los autores. «Es contraintuitivo, pero la estructura de madera da más estabilidad», comenta en respuesta a las dudas que genera. «Técnicamente es una vivienda industrializada», añade. «No hay que confundir con los contenedores. Son piezas, como en este caso la fachada, que se ensamblan», señala.

Entre los pros y los contras, Guillermo Escolano comenta que «reduce la mano de obra y hace más rentable las promociones», mientras recuerda que, en Alicante, es la primera de estas características que sepa", pues hasta ahora solo le consta la promoción de Aedas hecha en San Agustín.

Por supuesto está la parte de reducción de la huella de carbono. «Con la madera, el CO2 es negativo y eso se va a premiar de cara a los nuevos vectores de sostenibilidad en la edificación», recalca Escolano.

La fachada y laterales se ha hecho ensamblando piezas.

La fachada y laterales se ha hecho ensamblando piezas. / INFORMACIÓN

Sin embargo, la lista de contras está ligada a la novedad. «Todo debe estar más coordinado», porque las piezas se fabrican y se colocan. Para hacerlo, recurrieron a la empresa Arquima de Barcelona y a un socio local, Gantic, que actuó como instalador. «La cimentación no es industrializable a día de hoy; pero estamos en calzoncillos con la vivienda industrializada con respecto a Europa», bromea, y alude al resto de partes del inmueble, donde los tiempos eran reducidos y deberían ser como un reloj, que no lo fueron.

«Ha supuesto un aprendizaje para todos», reconoce Escolano, porque la parte arquitectónica «aquí pierde cierto control» sobre el acabado y «puedes elegir sobre un catálogo, porque salirte de ahí genera sobrecostes».

Sin ventajas económicas

Dentro del apartado accidentado, el arquitecto también explica la complejidad que supone la autofinanciación. En una sociedad acostumbrada a la figura del promotor que se hace con crédito, es decir, y fases que acaban en aproximadamente un año o dos. Dejarlo en tres meses reales rompe con los esquemas. Así que la novedad no se convierte en una opción económica, al contrario.

Los propietarios de esta vivienda marcan una coste similar a si la hubieran hecho con ladrillos y cemento. Les cuesta decirlo, pero, al final, concretan 260.000 euros más impuestos.

Marisol, ante la fachada de su vivienda en Alicante.

Marisol, ante la fachada de su vivienda en Alicante. / INFORMACIÓN

A la carta y con catálogos

Quedan fuera de la cifra muchos detalles. Ese es el precio de 56 metros cuadrados por planta y diseñar un espacio habitable al gusto. «Al final, decidimos prescindir del garaje y aquí pondremos una "cooking surface", una cocina invisible», dice Marisol ante uno de los laterales frente a la escalera, y «un patio pequeño con una ducha»

La personalización de los muebles y la funcionalidad describen y cuentan el tiempo que le han dedicado al proyecto; pero, ante todo, esta casa es una apuesta personal a largo plazo. «La madera está tratada para que transpire, que esta es una zona de mucha humedad, luego se ha puesto el cableado y, por encima, pladur. Se sella y ya está», resume Marisol.

Las paredes están cubiertas de una especie de plástico, a simple vista, que en realidad es un aislante especial que permite que el interior de la casa goce de una temperatura controlable. «Menos consumo en invierno y verano de energía», declara.

Mientras todo coge forma por dentro, el inmueble ha recibido la visita de un grupo de arquitectos y ha despertado la curiosidad. «El desperdicio es cero», sostiene Marisol en un breve recorrido por la casa. «Los clavos y los tornillos son sostenibles», sonríe.

Acceso y distribución de la primera planta.

Acceso y distribución de la primera planta. / PILAR CORTES

En la recta final, ambos hacen un balance positivo no exento de ironía. «Si hacerse una casa es un infierno, hacerse una modular, que no se conoce, es el doble», sostienen.

Acaban de cumplir cinco años como propietarios y esperan celebrar las navidades en su nuevo hogar, aunque tendrán que echarle horas. Sin embargo, ya han esperado y ha peleado tanto que ahora prefieren recoger velas e imaginar que podrán envejecer en su propia casa.

Sin estadísticas.

Jorge López López, visador de proyectos en el Colegio Territorial de Arquitectos de Alicante, afirma con rotundidad que «no estamos ante una tendencia». López, doctor por la Universidad de Alicante especializado en Arquitectura y Urbanismo Sostenible, advierte que no hay que confundir términos y «no se puede hablar de una arquitectura industrializada», porque, para empezar, sería empezar a hablar de cómo optimizar este proceso. «Estamos lejos, no por problemas técnicos, es un problema económico y así será hasta que interese».

También apunta a un escollo cultural. «Tenemos una tradición y cultura muy difícil de cambiar, como pasó con el coche. Mucha gente no sabe que se inventó antes el eléctrico. Necesitamos un revulsivo», concluye. Y en el caso de la madera, de la que se reconoce enamorado, contrapone las viviviendas de Alaska, lo que demuestra su resistencia, si se sabe tratar.

Partidario de que se abra el abanico de los materiales y la tecnología, explica que el colegio profesional carece de estadísticas en este sentido, porque el visado se atiene al cumplimiento de las normas de la edificabilidad, sin computar estos detalles. Así que el debate sigue en un campo teórico más que tangible.

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