UGT reclama planes para tratar y acompañar a los trabajadores con adicciones
El estrés, la precariedad o un esfuerzo físico excesivo son factores que pueden incitar al consumo de sustancias o comportamientos obsesivos

El sindicato promoverá la inclusión de planes de prevención frente a las adicciones en los convenios. / SHUTTERSTOCK
"Hemos visto empresarios que daban a las trabajadoras de la fresa en Huelva Nolotil e Ibuprofeno antes de empezar para que aguantaran toda la jornada". El caso al que se refiere Ramón Gil, experto en salud laboral de la Comisión Ejecutiva Confederal de UGT, es excepcional, pero ilustra a la perfección cómo las condiciones de trabajo pueden generar una situación de adicción o agravar alguna preexistente.
Un problema para el que muy pocas empresas están preparadas y lo más habitual es que se salde con el despido del trabajador afectado, sin tener en cuenta qué circunstancias le llevaron hasta allí ni prestarle ningún tipo de apoyo. "Es una enfermedad y, como tal, a las personas que la sufren se las debería tratar con la misma consideración", señala, por su parte, Marisa Baena, la vicesecretaria general de Políticas Públicas, Salud Laboral Cooperación y Medio Ambiente del sindicato.
Ambos han participado este martes en una jornada de formación con delegados de UGT en Alicante con el objetivo de visibilizar este problema y conseguir que las empresas incorporen a sus programas de prevención planes específicos. Una reivindicación que quieren introducir en la negociación de los convenios colectivos y para la que han desarrollado incluso un modelo adaptable a la situación de cada compañía, que han denominado Plan de Prevención y Acompañamiento en Materia de Adicciones.
Más probabilidades
Gil ha recordado que el propio Plan Nacional sobre Drogas realiza periódicamente una encuesta para conocer la relación entre dependencia y condiciones de trabajo, cuyos resultados dejan poco lugar a las dudas. Por ejemplo, según la realizada en 2020 -su periodicidad es cada siete años-, hasta un 7,1 % de los trabajadores con empleos peligrosos presentan un consumo de alcohol considerado de riesgo, frente al 3,9 % del resto de ocupados. También es más frecuente este problema entre quienes se sienten mal pagados (6 % de empleados con consumo de riesgo), o quienes sufren estrés (6,2 %).

Ismael Senent, Marisa Baena, Ramón Gil y Yolanda Díaz, en la sede de UGT en Alicante. / INFORMACIÓN
Esta misma tendencia se observa con el consumo de hipnosedantes. Así, entre aquellos que consideran que están mal remunerados, hasta un 10,5 % había tomado este tipo de medicamentos -con o sin receta- el mes anterior a la encuesta, frente al 6,4 % del resto de consultados. Entre quienes se sienten inseguros por su futuro laboral el porcentaje también alcanza el 10 % y el 9,8 % entre quienes sufren penosidad en el trabajo, es decir, realizan esfuerzos excesivos, están en posturas incómodas o trabajan en la calle. Los largos desplazamientos, las jornadas con poco tiempo de descanso o prolongadas o sentir agotamiento son otros factores que también inciden.
En cualquier caso, Marisa Baena ha recordado que también hay adicciones sin consumo de sustancias -como la adicción al sexo o la ludopatía- que también tienen una importante incidencia, sobre todo desde que los móviles se han convertido en una herramienta esencial en la mayoría de empleos, lo que facilita el acceso a webs y aplicaciones con este tipo de contenidos.
Bajas
La dirigente sindical ha recalcado que las adicciones "son una enfermedad más" y ha lamentado que no se trate como tal en las empresas, ya que, por lo general, si una empresa toma medidas por esta cuestión suele ser despedir a los trabajadores afectados.
Por el contrario, UGT propone que las adicciones sean contempladas como causa de incapacidad temporal y que, además, se complementen hasta el 100 % del salario, para facilitar que los afectados puedan someterse a tratamientos de rehabilitación sin perder su empleo. Entre otras cuestiones, porque otro de los problemas que suelen sufrir quienes caen en la adicción es la dificultad para insertarse laboralmente.
En la misma línea, Ramón Gil ha lamentado que muchas empresas aborden esta cuestión estrictamente desde el ámbito cohercitivo, con pruebas de detección de sustancias obligatorias -aunque legalmente no puedan serlo- y amenazas de despido. Por el contrario, los planes que propone el sindicato inciden en la prevención y en la educación, para anticiparse al problema. Pero también plantean la adopción de otras medidas, como un cambio de puesto de trabajo mientras se recupera el afectado, o acompañamiento profesional.
No obstante, también ha destacado el caso de algunas compañías que son ejemplo de buenas prácticas, como Aena, donde por normativa se realizan pruebas de toxicidad, pero también se contempla ayuda psicológica para los trabajadores con problemas de adicción y para sus familias.
El experto señala, además, que esta prevención suele salir, además, más barata, ya que con frecuencia los tribunales suelen dar la razón a los trabajadores que son despedidos por este tipo de problemas, lo que suponen cuantiosas indemnizaciones que deben abonar las empresas. En el acto también han participado los secretarios generales de UGT en la Muntanya, Vinalopó y Vega Baja, Ismael Senent, y la de l'Alacantí-la Marina, Yolanda Díaz.
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