El cultivo de algarroba se duplica hasta las 6.000 hectáreas al dispararse la demanda
El interés por la goma de garrofín para medicamentos, helados y alimentos infantiles ha empujado las plantaciones alicantinas en los últimos cinco años

El productor Blas García en una de la plantaciones de algarroba que explota en Xixona / Héctor Fuentes
Estuvo a punto de extinguirse cuando solo servía de alimento para una ganadería que iba a menos, pero sus numerosas propiedades, redescubiertas recientemente por la industria, han propiciado que vuelva a ser un cultivo de moda. Se trata de la algarroba, un producto agrícola que en los últimos cinco años ha duplicado su presencia en la provincia de Alicante, hasta alcanzar las 6.000 hectáreas. Y todo por una demanda que se ha disparado por el interés creciente de la goma de garrofín como espesante para medicamentos, helados, mermeladas y alimentos infantiles, y también por una harina que es apta tanto para celíacos como para personas con sensibilidad al gluten. Todo ello sin olvidar que se trata del segundo árbol, solo por detrás del pistacho, que menos agua precisa para su desarrollo.
El cultivo de la algarroba estuvo muy extendido durante buena parte del siglo pasado, justo en las épocas de escasez. Conocida como el pan de los pobres, su harina fue un sustituto de la harina de trigo en la guerra civil y en la posguerra. También, en aquella época, era muy utilizada para la alimentación del ganado ovino, equino y porcino. Sin embargo, la mejora de las condiciones de vida, así como una ganadería que, en determinadas zonas, como la provincia de Alicante, ha ido a menos, propiciaron una regresión de los cultivos, hasta situarlos poco menos que la borde de la extinción.

Las algarrobas cuentan con múltiples propiedades, lo que ha aumentado la demanda. / HECTOR FUENTES
Pero la situación ha dado un vuelco en los últimos tiempos, debido a que la algarroba ha pasado de ser considerada como un producto agrícola prácticamente residual, a convertirse en un superalimento muy valorado.
Los componentes funcionales de la harina la convierten en un producto con propiedades antioxidantes que reduce los niveles de azúcar en sangre, disminuye los niveles de colesterol y favorece la digestión. Las numerosas propiedades nutricionales del fruto del algarrobo están avaladas por estudios científicos que demuestran, por ejemplo, que esta harina es rica en vitaminas A, B. C y E, así como en calcio, potasio, hierro, magnesio y taninos. Son nutrientes esenciales para el fortalecimiento de huesos, la producción de glóbulos rojos y la protección contra el daño celular.
Por otra parte, para todas aquellas personas con sensibilidad al gluten o enfermedad celíaca, la harina de algarroba les permite disfrutar de productos horneados que no comprometen su salud digestiva. Pero no solo eso, el Instituto Nacional del Cáncer norteamericano ha constatado en sus estudios que el D-pinitol, presente en la algarroba, contribuye a la prevención del cáncer de mama o de próstata.

Tareas de recolección de algarrobas en una finca de Torremendo / PILAR CORTES
A todo ello hay añadir el interés creciente en la goma de garrofín como espesante de medicamentos, así como de productos tan habituales como los helados, las mermeladas, los refrescos o los alimentos infantiles.
Con tal cantidad de propiedades, no es de extrañar que se haya disparado la demanda y, con ello, la extensión de los cultivos. Así lo señala Blas García, ingeniero agrónomo y productor de AB Multigestión, con fincas en Mutxamel y Xixona, que destaca que en los últimos cinco años las hectáreas dedicadas a la algarroba en la provincia de Alicante se han duplicado hasta alcanzar las 6.000. Según sus palabras, «antiguamente estaba considerada como una comida para burros, pero los estudios han demostrado científicamente que cuenta con múltiples propiedades, y eso ha hecho que haya mucho más interés por parte de la industria y los consumidores».

Vsita general de la plantación de algarrobos en Xixona. / HECTOR FUENTES
Por si esto fuera poco, el árbol del algarrobo ofrece también una serie de ventajas a la hora de su cultivo. Empezando por el consumo de agua, en un momento especialmente delicado por los periodos cada vez más largos de sequía y los recortes en los trasvases. «Se trata del segundo árbol agrícola, solo por detrás del pistacho, que menos recursos hídricos precisa. Además, sale adelante con agua de no una excesiva calidad, lo cual también es un factor a tener en cuenta». Otra de las ventajas es que se trata de un árbol hermafrodita, con floración tanto femenina como masculina, lo que propicia, añade García, que intercambie el polen y no precise de insectos polinizadores».
Rentabilidad
En lo que respecta a la rentabilidad, el incremento de la demanda ha propiciado que también se paguen mejores precios por este fruto. Según el productor, «a partir de 30 o 35 céntimos el cultivo empieza a ser rentable, y esta campaña estamos entre 50 y 60 céntimos».
Con todo ello, la algarroba es un cultivo con mucho futuro, y que todavía podría tenerlo más, si como destaca el presidente de Asaja Alicante, José Vicente Andreu, «se desarrollara más industria para el procesado en la propia provincia. Sería una forma de ampliar este cultivo que, ahora mismo, cuenta con un gran potencial».
Sustituto para los almendros arrancados por la xylella
Más allá del interés que ha suscitado el algarrobo por las múltiples propiedades de su fruto y la creciente demanda, hay otro factor que también está favoreciendo su expansión en la provincia de Alicante. Y ese no es otro que su idoneidad para sustituir a los miles de almendros que están siendo arrancados como consecuencia de la plaga de la xylella.
Según explica Blas García, «es uno de los cultivos que se recomienda como sustituto debido as que no contrae esta enfermedad, y además se adapta a la perfección a las zonas en las que están los almendros», como son las comarcas montañosas del interior, caso de El Comtat, l’Alcoià, la Marina Alta, la Marina Baixa o l’Alacantí.
De hecho, se trata de zonas en las que desde siempre ha habido algarrobos, si bien con el paso del tiempo habían ido a menos debido a que, hasta la llegada del actual boom, apenas ofrecían rentabilidad a los agricultores que se encargaban de cuidarlos.
Además, y volviendo a su idoneidad para reemplazar almendros, cuentan con la ventaja, añade García, de que «a los cinco o seis años de ser plantados entran en producción, por lo que no hay que esperar demasiado para sacarles un rendimiento económico».
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