El BCE "copia" las bondades de las criptomonedas (sin decirlo): su plan para independizar a Europa de Visa, PayPal y Apple Pay
El banco central lanza una estrategia que apuesta por la tokenización y la tecnología blockchain para reducir riesgos geopolíticos y reforzar la soberanía en pagos

Métodos de pago: Revolut, Bizum, criptomonedas... / Europa Press
Europa quiere dejar de depender de gigantes como Visa, Mastercard o PayPal. Y para hacerlo, está mirando —aunque sin mencionarlo directamente— hacia el mismo tipo de tecnología que usan las criptomonedas. El Banco Central Europeo (BCE) ha presentado su nueva estrategia de pagos con un objetivo claro: reducir la dependencia de proveedores no europeos y reforzar la autonomía del sistema financiero en un momento de creciente tensión geopolítica.
El problema: Europa paga con sistemas que no controla
Hoy, gran parte de los pagos en Europa —tarjetas, billeteras digitales o transferencias rápidas— dependen de empresas estadounidenses como Visa, Mastercard, PayPal, Apple Pay o Google Pay.

Archivo - Tarjeta Visa sobre un teclado. / EUROPA PRESS - Archivo
El BCE no los cita de forma explícita, pero el mensaje es directo. “La dependencia excesiva de un número reducido de proveedores no europeos ha expuesto vulnerabilidades”, advierte la institución. Y añade un matiz clave: esos sistemas podrían llegar a utilizarse con fines económicos o incluso políticos.
En otras palabras, Europa no controla del todo cómo se mueve su propio dinero. La preocupación no es solo técnica. Es estratégica.
El giro: tecnología tipo blockchain… pero controlada
Para responder a ese problema, el BCE propone modernizar todo el sistema de pagos. Y aquí aparece lo interesante: la apuesta por tecnologías como la tokenización y los registros distribuidos.
Son conceptos técnicos, pero detrás hay una idea sencilla. La tokenización permite convertir activos —desde dinero hasta acciones o inmuebles— en representaciones digitales que se pueden mover de forma rápida y segura. Y la tecnología de registro distribuido, la misma base que utilizan criptomonedas como Bitcoin, permite que esas operaciones se registren en un sistema compartido, sin necesidad de intermediarios complejos.
El resultado: pagos más rápidos, más baratos y con menos fricción. Pero con una diferencia clave respecto al mundo cripto: todo bajo control de los bancos centrales.
Appia y Pontes: el plan del BCE
La estrategia se concreta en dos grandes proyectos. El primero, Appia, busca diseñar cómo sería un mercado financiero basado en estos sistemas. Es, en esencia, un laboratorio para explorar cómo integrar tokenización y pagos en euros dentro de una infraestructura moderna.
El segundo, Pontes, tiene fecha: arrancará en 2026 y permitirá liquidar operaciones en dinero de banco central utilizando tecnología de registro distribuido.
Es un paso importante. Porque supone llevar estas tecnologías —hasta ahora asociadas al mundo cripto— al núcleo del sistema financiero tradicional.
El euro digital, en el fondo
Todo esto conecta con otro proyecto que sobrevuela la estrategia: el euro digital. Aunque no es el único elemento, sí forma parte del mismo movimiento. La idea es clara: que el dinero emitido por el banco central también pueda circular en formatos digitales avanzados, sin depender de plataformas externas.
Piero Cipollone, miembro del comité ejecutivo del BCE y responsable del euro digital, lo resumió así: los pagos deben ser “fiables, rápidos, competitivos y abiertos a la innovación”.

El BCE quiere reducir la dependencia de servicios de pagos no europeos, como Visa o PayPal. / INFORMACIÓN
El BCE también reconoce que este salto tecnológico no está exento de riesgos. Advierte de que avances como la inteligencia artificial o la computación cuántica pueden poner en peligro la seguridad de los sistemas de pago. Por eso plantea reforzar infraestructuras y estudiar, por ejemplo, ampliar el horario de funcionamiento de TARGET, su sistema de pagos en tiempo real.
La carrera por la soberanía financiera
El movimiento del BCE no llega solo. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha pedido abiertamente construir un sistema de pagos europeo independiente, y ha puesto como ejemplo iniciativas como Wero, ya operativa en países como Alemania, Bélgica o Francia.
El mensaje es compartido: Europa quiere un sistema propio.
El fondo: competir con el modelo cripto sin ser cripto
La clave de todo está aquí. El BCE no quiere criptomonedas. Pero sí quiere lo que las hace atractivas: velocidad, eficiencia, menos intermediarios y mayor control directo sobre las transacciones.
Es, en el fondo, una especie de respuesta institucional al modelo cripto. Una versión regulada, centralizada y adaptada al sistema financiero tradicional.
Porque la batalla ya no es solo por cómo se paga. Es por quién controla los pagos.
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