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De Eurovisión a las salas de apuestas o las perfumerías: el triunfo de Dara convierte el Bangaranga en objeto de deseo de las empresas

La EUIPO recibe en apenas una semana hasta cuatro solicitudes para utilizar el título de la canción ganadora en Viena en marca para diez categorías de productos

Bulgaria gana Eurovisión por primera vez e Israel queda en segunda posición

Javier Vendrell Camacho

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David Navarro

David Navarro

Aunque en España no ha tenido la repercusión de otros años, ante la decisión de RTVE de no participar en protesta por la presencia de Israel, Eurovisión sigue siendo uno de los espectáculos televisivos más vistos del planeta. Y la canción ganadora suele tener un amplio recorrido, convertida en éxito casi inmediato.

El Bangaranga de la búlgara Dara no ha sido una excepción e, incluso en España, cualquiera que haya salido a tomar algo este fin de semana habrá oído la canción más de una vez. Pero, además, con un título tan sonoro, son muchos los que piensan que la expresión se quedará en el acervo popular de muchos europeos, lo que significa que puede ser también una buena marca comercial.

Tanto es así, que en apenas una semana tras el triunfo en el festival celebrado en Viena, la Oficina Europea de Propiedad Intelectual (EUIPO, por sus siglas en inglés) ya ha recibido hasta cuatro solicitudes de otras tantas compañías y particulares que desean registrarla como marca en todo el continente hasta en diez categorías diferentes de productos.

Como era de esperar, tres de ellas proceden de Bulgaria, donde Dara ya se ha convertido en la heroína nacional, tras la gesta de llevarse el micrófono de cristal por primera vez para Sofía.

Jamaicana

Lo más curioso es que Bangaranga ni siquiera es una palabra real en búlgaro, sino que, en realidad, procede del patuá, la variedad de francés que hablan los jamaicanos y que en el país europeo han adoptado como "jaleo" o "alboroto", tal y como explica en un artículo la radio pública de este país.

La primera de las solicitudes se presentó el día 17 de mayo, es decir, el domingo siguiente al triunfo de Dara en el festival y quizá es una de las más llamativas, ya que la intención del solicitante es utilizar la expresión como marca para máquinas tragaperras, salones de juego y dispositivos electrónicos de todo tipo.

Eso sí, que se presente, no significa que la EUIPO acepte el registro, que ahora está pendiente de ser analizado. Para ello, deberá cumplir con toda una serie de requisitos o, en caso contrario, será rechazado. Por ejemplo, si se comprueba que hay mala fe, que nunca antes hubo interés por esta expresión y que el solicitante solo lo hace por aprovechar la popularidad del tema eurovisivo. Además, también deberá pasar un periodo en el que cualquier interesado puede oponerse al registro.

En este caso, además de la marca, también se ha presentado una representación gráfica, lo que podría indicar que se llevaba tiempo detrás del proyecto y que no es fruto de un interés por aprovechar el rebufo del festival.

El logo presentado en la EUIPO.

El logo presentado en la EUIPO. / EUIPO

Bebidas alcohólicas

Solo dos días después se presentó otra solicitud para registrar Bangaranga como marca, en este caso, para bebidas deportivas y alcohólicas, que se encuentra en proceso de oposición.

El jueves 21 llegó la tercera, la que más categorías de productos abarca y que van desde la perfumería a los refrescos, pasando por ropa, cafés, tés, yogures o helados. Lo más llamativo es que el solicitante no tiene mucho que ver con ninguno de estos productos, ya que es una promotora inmobiliaria con sede en Sofía, la capital de Bulgaria.

La última solicitud -al menos, hasta la fecha- es la que formula un despacho especializado en propiedad intelectual de Polonia en representación de una firma desconocida. Fue el sábado y pidió inscribir el Bangaranga para comercializar cosméticos de todo tipo o productos sanitarios, entre otros.

Ahora está por ver si alguna de estas solicitudes llega a buen puerto o si, por el contrario, la EUIPO las desestima. El registro de una marca en la EUIPO significa que su titular tiene derecho a explotarla en exclusiva para la categoría de producto elegida en toda la Unión Europea, que a día de hoy sigue siendo el mayor mercado de consumo del planeta.

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