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Altas temperaturas

El cambio climático también afecta al juego infantil: los jugueteros piden más parques con sombras y fuentes

Los fabricantes denuncian que el calor extremo, la falta de espacios adaptados y el cierre de zonas públicas reducen las oportunidades de esparcimiento durante las vacaciones

AIJU alerta de que los niños tienen juegos más sedentarios e individuales

Juani Ruz

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Miguel Vilaplana

Miguel Vilaplana

Alicante

Cada verano se repite el mismo debate: los niños y las niñas pasan demasiado tiempo delante de las pantallas. Cada vez las familias son más conscientes de los riesgos que entraña y de la importancia del juego en la infancia, pero la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ), a través de la Fundación Crecer Jugando y el Observatorio del Juego Infantil, plantea una pregunta que rara vez forma parte de la conversación: ¿dónde pueden jugar realmente los niños y niñas durante el verano, en un escenario en el que el cambio climático está llevando las temperaturas al extremo?

Y es que el fuerte calor, la escasez de espacios adaptados con sombras y fuentes, el cierre de patios escolares y de otras zonas públicas o la falta de alternativas accesibles para la familia hacen que, durante buena parte del día, jugar al aire libre resulte prácticamente imposible en muchas ciudades y pueblos.

Niños con una bicicleta transitando por un parque.

Niños con una bicicleta transitando por un parque. / EDUARDO RIPOLL

“Nos preocupa que la soledad insista, con razón, en la necesidad de reducir el tiempo de pantalla, pero apenas se habla de las oportunidades reales de juego que estamos ofreciendo a los niños y niñas durante los meses de verano”, señalan los expertos del Observatorio del Juego Infantil.

La reflexión surge tras recibir numerosos testimonios de familias que describen situaciones cada vez más habituales. Un padre explicaba esta misma semana que, tras recorrer distintos parques de su barrio con su hijo de un año, apenas encontró un pequeño espacio con sombra donde pudiera jugar sin exponerse a temperaturas excesivas. Incluso allí, un sencillo juego con una pelota de espuma terminó siendo motivo de conflicto porque las pelotas están prohibidas en algunos parques.

Niños jugando al aire libre en una zona verde.

Niños jugando al aire libre en una zona verde. / Toni Losas

“Más allá del caso concreto, este mensaje refleja una realidad compartida por muchas familias: encontrar un lugar adecuado para que los niños y niñas jueguen durante determinadas horas de verano se está convirtiendo en una auténtica carrera de obstáculos” explica el Observatorio.

La evidencia científica, destacan, lleva años demostrando que el juego es mucho más que una forma de entretenimiento. Jugar favorece el desarrollo cognitivo, emocional, social y físico de los niños y las niñas, mejora su creatividad, fortalece las relaciones familiares y contribuye a su bienestar mental.

Sin embargo, durante el verano se produce una paradoja: precisamente cuando los niños y niñas disponen de más tiempo libre para jugar y el buen tiempo invita al juego al aire libre, las oportunidades para hacerlo disminuyen considerablemente.

Niños disfritando del agua de una fuente en un espacio público.

Niños disfrutando del agua de una fuente en un espacio público. / Francisco Calabuig

Porque el verano no entiende de playa o montaña. Las horas centrales del día convierten muchos parques infantiles en espacios prácticamente inutilizables por las altas temperaturas. A ello se suma que numerosos patios escolares permanecen cerrados durante las vacaciones, las actividades organizadas no siempre son accesibles para todas las familias y muchas ludotecas reducen su actividad en estos meses.

No podemos limitarnos a pedir menos pantallas si no garantizamos alternativas reales de juego”, recuerda el Observatorio. “El juego no desaparece en verano; los que desaparecen, en demasiadas ocasiones, son los espacios donde hacerlo posible”.

Adaptación

El Observatorio considera que el debate sobre el derecho al juego debe incorporarse también a las políticas de adaptación al cambio climático. Medidas como incrementar las zonas de sombra en los parques infantiles, más zonas verdes, dotar de fuentes y espacios para juegos de agua, abrir patios escolares durante las vacaciones, ampliar la red de refugios climáticos pensados también para la infancia o diseñar espacios públicos más confortables para el juego supondrían actuaciones de bajo coste y un importante beneficio para las familias.

“Una ciudad pensada para la infancia no solo crea espacios para el juego; también garantiza que puedan utilizarse durante todo el año” subraya el Observatorio.

Con el lema "El juego no se va de vacaciones", el Observatorio del Juego Infantil quiere abrir un debate social sobre la necesidad de proteger el derecho al juego también durante el verano. Porque el problema real no es únicamente que los niños y niñas utilicen más pantallas cuando llegan las vacaciones. La verdadera pregunta es si, como sociedad, estamos ofreciendo suficientes alternativas para que puedan hacer aquello que mejor saben hacer y más necesitan: jugar.

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