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Concepción Monje, catedrática de robótica e investigadora principal del laboratorio de Robótica Blanda de la UC3M

«El éxito de la robótica se mide por lo mucho que contribuyan a mejorar nuestra vida»

Concepción Monje.

Concepción Monje. / INFORMACIÓN

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Mar Vives

Mar Vives

Alicante volverá a convertirse en punto de encuentro del debate internacional sobre inteligencia artificial con la celebración del V Forum Europeo de Inteligencia Artificial, organizado por Encuentros NOW los días 19 y 20 de noviembre de 2026 en la EUIPO y el ADDA. Bajo el lema «La nueva realidad para la humanidad», el foro reunirá a destacados expertos nacionales e internacionales para analizar los avances, desafíos y oportunidades de la IA y su impacto en la sociedad, la ciencia, la economía y el futuro de la humanidad. Inscripciones en la web de www.encuentrosnow.es.

En el V Forum Europeo de Inteligencia Artificial participará en el debate «La hibridación de la IA y otras tecnologías». ¿Cómo está transformando la inteligencia artificial el desarrollo de la robótica y qué avances pueden revolucionar nuestra vida cotidiana en los próximos años?

La IA está cambiando la robótica porque permite que los robots no se limiten a ejecutar instrucciones previamente programadas, sino que puedan interpretar lo que ocurre a su alrededor, aprender de la experiencia y adaptarse a situaciones nuevas. Hasta ahora, muchos robots funcionaban muy bien en entornos controlados, como una fábrica, donde todo está previsto. El gran reto es conseguir que puedan desenvolverse con fiabilidad en entornos reales. La hibridación de la IA con otras tecnologías es precisamente lo que va a marcar la diferencia. Un robot tiene que ser capaz de moverse, manipular objetos e interactuar con las personas de forma segura. En los próximos años veremos avances importantes en robots asistenciales, sistemas de rehabilitación, dispositivos inteligentes que ayuden a las personas a desenvolverse en su vida cotidiana y robots capaces de realizar tareas domésticas o de manipulación. También veremos una mayor colaboración entre personas y robots en hospitales, hogares e industrias. La verdadera revolución no será que los robots hagan más cosas, sino que puedan ayudarnos mejor en situaciones reales, adaptándose a nuestras necesidades.

¿Qué aplicaciones prácticas puede tener la robótica blanda en ámbitos como la medicina, la atención a personas mayores o la asistencia a personas con discapacidad?

La robótica blanda parte de una idea muy interesante: si queremos que los robots interactúen con personas, quizá no debamos construirlos únicamente con materiales rígidos, sino incorporar también la flexibilidad y la adaptabilidad que encontramos en los seres vivos. Esto nos permite desarrollar robots que se ajusten mejor al cuerpo humano, que puedan adaptarse a diferentes situaciones y que reduzcan el riesgo de causar daños durante la interacción. En medicina, por ejemplo, estamos trabajando en dispositivos robóticos blandos que puedan ayudar a personas con enfermedades neurodegenerativas, como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). En el ámbito de las personas mayores, estos dispositivos podrían ayudar a mantener la autonomía personal y prolongar el tiempo durante el cual una persona puede vivir de forma independiente. La tecnología debe servir para que las personas ganen autonomía, seguridad y calidad de vida, no para que se sientan más solas. Y para conseguirlo, es fundamental diseñar estos dispositivos escuchando a quienes van a utilizarlos.

¿Qué límites éticos y de seguridad deberíamos establecer para garantizar una convivencia responsable entre humanos y robots?

Establecería tres prioridades. La primera es la seguridad: los robots deben demostrar que pueden operar de forma fiable antes de incorporarse a entornos donde puedan poner en riesgo a las personas. La segunda es la responsabilidad: debe estar claro quién responde cuando un sistema falla y quién supervisa sus decisiones. Y la tercera es la protección de los derechos fundamentales, incluidos la privacidad, la autonomía personal y la no discriminación. Además, no todas las decisiones deben delegarse en una máquina. En ámbitos como la medicina, los cuidados o la atención a personas vulnerables, la supervisión humana debe tener un papel esencial. No se trata de conseguir robots que puedan decidirlo todo, sino de determinar qué decisiones pueden tomar, en qué condiciones y bajo qué responsabilidad. La confianza en estas tecnologías no se consigue haciendo que parezcan humanas, sino demostrando que son seguras, transparentes y fiables.

¿Estamos preparados como sociedad para compartir nuestro día a día con máquinas cada vez más inteligentes?

Dentro de veinte años, imagino una sociedad en la que los robots estén mucho más presentes en nuestra vida cotidiana, aunque probablemente de una forma menos espectacular de lo que hoy imaginamos. No sé si necesariamente tendremos un robot humanoide en cada casa, pero sí que conviviremos con muchos dispositivos robóticos especializados que nos ayudarán a realizar tareas concretas: desde asistir a una persona mayor hasta transportar objetos, apoyar una rehabilitación o realizar tareas domésticas. Tendremos prendas inteligentes, dispositivos blandos que acompañen nuestros movimientos y sistemas capaces de adaptar su comportamiento a nuestras necesidades. Tecnológicamente, estamos avanzando muy rápido, pero la adaptación social no siempre va al mismo ritmo. Necesitamos educación, información rigurosa y espacios de debate para comprender qué pueden hacer realmente estas tecnologías, cuáles son sus limitaciones y qué consecuencias puede tener su implantación. No deberíamos medir el éxito de la robótica por lo mucho que se parezcan los robots a nosotros, sino por lo mucho que contribuyan a mejorar nuestra vida.

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