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De Castalla a las bases de la Antártida

Bornay, con medio siglo de trayectoria, exporta sus aerogeneradores a más de 80 países, llevando la electricidad a lugares tan remotos como el polo sur o el Congo

Fabricación de los aerogeneradores en la fábrica de Bornay en Castalla. | Juani Ruz

Cincuenta años han transcurrido desde que un electricista del municipio alicantino de Castalla, Juan Bornay, decidiera aprovechar su ingenio para fabricar unos pequeños molinos de viento con los que hacer llegar la electricidad a las zonas más alejadas del casco urbano. Ése fue el origen de una empresa que, medio siglo después, se ha convertido en todo un referente en la fabricación de aerogeneradores de minieólica, exportando a más de 80 países y llevando la luz a lugares tan remotos como El Congo o la Antártida, donde abastece a la base española Juan Carlos I. La compañía, que vislumbra un futuro prometedor con el boom de las energías renovables, también ha contribuido con sus instalaciones al desarrollo de territorios desfavorecidos, permitiendo el progreso y el bienestar de sus habitantes.

Algunos de los aerogeneradores fabricados por Bornay a lo largo de su trayectoria. | Juani Ruz MiguelVilaplana

Todo empezó en los años 70, cuando Juan Bornay soñaba con hacer llegar la energía eléctrica a la periferia de su municipio. Según recuerda, «no había luz por aquel entonces en el extrarradio, y un ejemplo de ello era la casa de mi abuelo, a la que acudíamos a pasar el verano, y desde la que teníamos que regresar por la noche al pueblo porque nos quedábamos a oscuras. Y eso mismo pasaba con el resto de casas de campo, muy numerosas en la zona. El problema residía en que por aquel entonces el tendido eléctrico no llegaba a estos lugares, y tampoco había placas solares con las que abastecerse como sucede ahora».

Fue entonces cuando se fijó en los pequeños molinos de viento que se utilizaban para extraer agua de los pozos. «Se trataba de un sistema -señala- que se inventó alrededor de 1800 en Chicago para abastecer a los trenes de vapor, y que después se trasladó a las fincas en unos tiempos en que las aguas subterráneas, eso sí, estaban prácticamente a ras de suelo. Hoy en día, con la sobrexplotación de los acuíferos, los niveles han descendido mucho y esto no hubiera sido posible. En España este método aterrizó alrededor de 1930, y se llegaron a instalar cerca de 20.000 molinos».

Así que a Juan Bornay se le iluminó, nunca mejor dicho, la bombilla, y pensó en cómo aprovechar estos molinos para generar luz. «Teníamos un taller de electricidad de automóviles, y me puse a experimentar con alternadores con el objetivo de cargar baterías. Probé con un tractor y funcionaba, así que me decidí a montar otro taller de matricería con el que fabricar los moldes con los que hacer las hélices de los molinos. Empezamos fabricando sólo para casas de conocidos, aunque la cosa fue yendo poco a poco a más, ante las ventajas que comportaba. Además, fuimos los primeros en esta zona en fabricar este tipo de aerogeneradores», enfatiza.

Y tanto que la cosa fue yendo a más, porque, desde aquellos inicios, Bornay ha pasado de ser una empresa donde se trabajaba de forma manual a disponer de una planta de producción propia, un área de I+D+i que ha lanzado al mercado un controlador electrónico en minieólica y a tener tres sedes, dos en España y una en Miami.

Bornay, asimismo, ha sobrevivido a todos los boom del sector eléctrico, manteniéndose, eso sí, fiel a su cultura y sus valores. Gracias a ello, ha superado el medio siglo de vida, estando presente en 80 países de todo el mundo.

Una evidencia del alto nivel de internacionalización de la compañía es que sus aerogeneradores han llegado a lugares remotos. Un ejemplo de ello es la Base Antártica Española Juan Carlos I. En ese lejano punto del planeta puede encontrarse una instalación fabricada por Bornay, al igual que en otras tres bases de la misma zona que también recurrieron a la firma de Castalla para poder abastecerse de energía eléctrica.

También, junto a las líneas de Nazca, situadas al sur de Perú, un equipo de Bornay da servicio a una torre de telecomunicaciones. En las estaciones meteorológicas de Islandia disponen igualmente de aerogeneradores de la empresa.

Ahora es Juan de Dios Bornay el que ha tomado el testigo de su padre al frente de la empresa, dibujando un panorama alentador. Según sus palabras, «nuestra solvencia técnica y financiera se encuentra en uno de los mejores momentos y, pese a que el covid ha hecho mucho daño por las restricciones de movilidad y el cierre de fronteras, afectando a las exportaciones, la verdad es que en el último año hemos logrado mantener nuestros niveles de facturación alrededor de los ocho millones de euros».

La empresa presta un servicio integral a sus clientes, suministrando todo lo necesario para el funcionamiento de sus equipos, como es el propio aerogenerador, las baterías, la distribución e incluso placas solares. El boom experimentado en los últimos tiempos por las energías renovables está suponiendo también un empuje para Bornay, así como la supresión de trabas normativas. «En la actualidad los precios para el autoconsumo ya son competitivos, y eso nos está beneficiando. De hecho, para 2021 tenemos previsiones importantes de crecimiento, puesto que ya contamos con proyectos firmados más que interesantes», afirma.

Juan de Dios Bornay subraya que, en la actualidad, son la única empresa española dedicada al sector de la minieólica, y que a nivel internacional sólo hay otras diez que se dedican a lo mismo. Sin embargo, el nicho de mercado está creciendo. «La bajada de precios de la fotovoltaica -resalta- había desplazado un poco a la minieólica, pero la cosa está cambiando con el cambio climático y podemos hacer proyectos muy interesantes. En 2020, sin ir más lejos, hemos trabajado mucho para casas de campo, porque la gente ha tendido a aislarse por el tema del coronavirus. Por otro lado, hay que tener en cuenta que todos los que disponen de instalaciones propias están menos expuestos a los cortes de luz que llevan aparejados los fenómenos meteorológicos adversos, como tuvimos ocasión de comprobar con la borrasca Filomena. Las posibilidades son múltiples, y los precios cada vez están siendo más competitivos». Bornay fabrica en la actualidad unos 150 aerogeneradores anuales, aunque sus instalaciones tienen capacidad para producir hasta 500, por lo que el potencial de crecimiento es más que amplio.

Solidaridad

Por otro lado, la solidaridad y la responsabilidad social corporativa son valores que la empresa de Castalla tiene muy presentes. A través de proyectos sociales, ha mejorado la calidad de vida en muchos países en los que existen zonas de muy difícil acceso para la energía.

Con su proyecto Ilumina Sonrisas ha llevado la electricidad a los lugares más recónditos del mundo, permitiendo mejorar el bienestar de los habitantes de zonas sin electricidad en el Congo o Venezuela. También en Tanzania, donde, según señala Juan de Dios Bornay, «instalamos uno de nuestros equipos en un pequeño valle en el que había una comunidad de 150 personas, y hoy en día se ha transformado en un pueblo de casi 20.000 habitantes, con colegios y servicios. Es algo para sentirse, desde luego, muy orgullosos».

Bornay combina en su planta de producción de Castalla el trabajo prácticamente manual con las más avanzadas tecnologías. El proceso para fabricar las hélices de los molinos todavía precisa del trabajo casi artesanal de un operario. La tecnología ya entra de pleno a la hora de producir los controladores electrónicos y los demás mecanismos que garantizan el buen funcionamiento de los aerogeneradores. La empresa fabrica en estos momentos alrededor de 150 aerogeneradores al año, aunque la capacidad real es de medio millar.

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