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Activos

Ale-hop, la vaca con filosofía de agricultor

La política de deuda cero permite a la firma seguir con los planes de expansión, con nuevas tiendas de regalos en España y Portugal, a pesar del impacto de la pandemia

Uno de los locales de Ale-Hop en la ciudad de Alicante.

Uno de los locales de Ale-Hop en la ciudad de Alicante.

Mientras la mayoría de grandes operadores del sector comercial apostaban por replegarse para hacer frente a las consecuencias de la pandemia, la cadena de tiendas de regalos Ale-Hop decidía seguir adelante con sus planes de expansión, aunque fuera a un ritmo más prudente. Una decisión que les llevó a abrir diez nuevos establecimientos el año pasado y a preparar otras ocho inauguraciones para este ejercicio en España y Portugal, algunas en ubicaciones tan emblemáticas como la avenida de la Constitución de Sevilla. Y todo ello a pesar de que el covid impactó de lleno en sus ventas, que dependen en buena medida de los turistas que suelen abarrotar los emplazamientos que escogen.

Según explica el consejero e hijo del fundador de la firma, Darío Grimalt, el secreto para conseguirlo es la «filosofía del agricultor» que su padre, Vicente Grimalt, ha impuesto en la firma desde su creación, siguiendo, a su vez, los consejos de su progenitor, que se dedicaba a cultivar la tierra en el municipio alicantino donde la familia tiene sus raíces, en Gata de Gorgos. Una filosofía que se resume en guardar en los años de bonanza porque «nunca sabes si el año que viene lloverá demasiado o poco, y tendrás pérdidas».

Esta estrategia también les ha llevado a acometer todo su crecimiento de los últimos años –la firma pasó de 60 a 140 millones de euros de facturación entre 2015 y 2019- sin pedir un solo euro a los bancos, con autofinanciación, gracias a los generosos beneficios que conseguía (más de 30 millones en 2019), que pasaban a engordar mayoritariamente las reservas de la firma.

Sombreros mexicanos

A pesar de la filosofía que guía a Ale-Hop, los orígenes de la empresa están, curiosamente, en la decisión de su fundador, Vicente Grimalt, de no seguir en el negocio de la agricultura y buscarse la vida en otro sector. Con sólo 17 años, y junto a un amigo, decidió vender productos de artesanía en mercadillos y en las fiestas de los pueblos, donde uno de sus primeros éxitos de ventas fueron los sombreros mexicanos. El primer éxito y el primer fracaso, ya que decidieron encargar una gran cantidad para el año siguiente y las lluvias les arruinaron el negocio, para el que se habían endeudado. Fue ahí donde Grimalt decidió no pedir más préstamos para su actividad empresarial.

De la venta en mercadillo, pasaron al negocio de la importación y venta de productos al por mayor, hasta que el fundador de la firma, ya sin su socio, decidió poner en marcha una tienda para la venta minorista en una antigua fábrica de juguetes de Dénia en 1991. Fue el inicio de Clave Dénia SA, la actual compañía detrás de la cadena, aunque su modelo todavía estaba por decidir. Durante una década, junto a su mujer, Pepa Monfort, se dedicó a vender en el establecimiento vajillas, muebles o piezas de Lladró y a hacer listas de bodas.

Fue en 2001 cuando, con el inicio de la incorporación de la nueva generación a la empresa, decidieron apostar por la expansión, con la apertura de una tienda en la calle La Paz de València. Pero no fue hasta dos años más tarde, con la inauguración de su establecimiento en Benidorm, cuando encontraron el modelo con el que actualmente triunfan y con el que han alcanzado las 208 tiendas en España y Portugal.

«Lo de la vaca suelo decir que fue amor a primera vista», explica Darío Grimalt. Su padre estaba en una feria cuando vio una reproducción de este animal a tamaño real y se quedó tan sorprendido que creyó que podía ser un buen reclamo. Tenía los colores corporativos de la empresa y era un animal «bien visto por la sociedad», así que decidió probarlo en una de sus tiendas. Desde entonces se ha convertido en el emblema de la compañía.

Los efectos del covid

Tras el crecimiento espectacular de los últimos años, en los que han conseguido situarse en algunos de los ejes más transitados de España, como la Gran Vía madrileña o las Ramblas de Barcelona, la llegada del covid supuso un shock. «La pandemia nos afectó mucho a las ventas y al estado de ánimo de las personas», reconoce Grimalt. No se quedaron de brazos cruzados. Tenían a los mil trabajadores de sus tiendas en casa, pero también a otro centenar de las oficinas centrales que podía teletrabajar y decidieron aprovecharlos. Así, optaron por abordar los proyectos que habían quedado aparcados en la vorágine de expansión de anteriores ejercicios, como la puesta en marcha de su página web. También apostaron por seguir adelante con las aperturas que ya tenían firmadas y con los más de 300 contenedores que tenían comprometidos.

Aunque ahora parece que la situación no les favorece, están convencidos de que el tiempo les dará la razón y de que su modelo de venta física sigue teniendo recorrido. Eso sí, también han introducido cambios. Por ejemplo, están aumentando sus compras a proveedores españoles, que les permiten más rapidez para adaptarse a las nuevas tendencias.

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