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De la huerta a los juguetes

Aiju usa residuos agroalimentarios para mejorar la seguridad de los artículos infantiles

Una técnica de Aiju muestra los compuestos obtenidos con los residuos y las piezas de juguetes resultantes. | Juani Ruz

La juguetera es una de las industrias sometidas a unas normas más estrictas en materia de seguridad, teniendo en cuenta el público al que van dirigidos sus productos. También es de las que más plástico consume, lo cual no deja de ser un inconveniente en un momento en el que desde las autoridades se están implementando medidas restrictivas en cuanto a su uso en plena apuesta por la sostenibilidad. Y de eso es muy consciente tanto el propio sector como el Instituto Tecnológico del Producto Infantil y de Ocio (Aiju), ubicado en Ibi, el cual se halla inmerso en diversos proyectos de investigación que buscan conjugar ambos aspectos. El último de ellos, denominado BioMat4Future, se ha centrado en la utilización de residuos agroalimentarios que, además de colorear los juguetes, reducen su inflamabilidad y les aportan interesantes efectos antimicrobianos.

La iniciativa, en concreto, ha consistido en valorizar residuos de hortalizas, como hojas de zanahoria, acelgas, lechuga, brócoli, extractos de remolacha, lignina e incluso cítricos que, en forma de aditivos aplicados a matrices bioplásticas de juguetes, aportan todas estas propiedades. Los resultados se han obtenido a través del citado proyecto, que tiene una duración de 18 meses y ha sido financiado por el Instituto Valenciano de Competitividad Empresarial (Ivace) y el programa operativo Feder de la Comunidad Valenciana, con un importe de 219.782 euros.

Según explica la responsable técnica del proyecto, María Jordá, pese a que las propiedades que los aditivos pueden aportar a la matriz plástica sobre la que se aplican son múltiples, Aiju ha analizado tres de ellas, por su interés para los juguetes. Se trata de la coloración, la protección frente a la ignición y el efecto antimicrobiano que conceden a los bioplásticos a los que se han incorporado y los productos realizados con los mismos. Estos aditivos se aplican en forma de masterbach o concentrados.

Así, explica Jordá, el estudio de la coloración ha permitido observar estabilidad en el tiempo del color, el ensayo de inflamabilidad ha ofrecido un resultado de conformidad en todas las formulaciones obtenidas, y la caracterización de las piezas ha revelado una mayor rigidez y fragilidad a mayor ratio de lignina. Además, los extractos de naranja y mandarina aplicados a estos productos han ofrecido como resultado un buen comportamiento antimicrobiano. De este modo, todas las formulaciones obtenidas se han aplicado con éxito en demostradores de juguete.

Los resultados del proyecto han despertado el interés de 14 empresas, de las cuales de siete se encuentran en colaboración directa con Aiju para la implementación de los resultados, al tiempo que se está negociando con otras cinco en el marco de un proyecto de la Conselleria de Economía.

Las hortalizas, frutas y tubérculos suponen entre un 40% y un 50% de los desperdicios en alimentación y, consecuentemente, un problema medioambiental de importantes dimensiones. Solo en España se desperdician 176 kilos de alimentos anuales por persona. En concreto, la industria de la transformación de alimentos desecha el 39% de lo que manipula; el comercio, un 14%; y el sector de la restauración y los hogares, un 42%.

Teniendo en cuenta estas cifras, el concepto de economía circular requiere que los residuos se reutilicen en aplicaciones de alto valor añadido, por lo que es necesario investigar su reutilización. Este es precisamente el objetivo del proyecto abordado por Aiju, para la obtención de extractos naturales a partir de estos desperdicios.

Según María Jordá, «la implementación de los resultados del proyecto y otros anteriores en las empresas jugueteras es el primer paso de muchos para facilitar la contribución del sector a una trayectoria hacia la sostenibilidad real, y eso es totalmente necesario ante la limitación de los recursos del planeta y el sobreconsumo instaurado en la sociedad».

Cabe reseñar, en este sentido, que el instituto tecnológico también ha abordado otras iniciativas enmarcadas en el mismo ámbito, como son el empleo de cáscaras de almendras o de huevos en la fabricación de juguetes.

Por su parte, el presidente de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (Aefj), José Antonio Pastor, no duda a la hora de señalar que la apuesta del sector por la sostenibilidad «es clara, y ojalá contásemos con soluciones técnicas que nos ayudasen a avanzar más rápido. Hablamos de cuestiones muy serias, como afrontar el problema del calentamiento global, satisfacer las exigencias de los consumidores o ejercer nuestra propia responsabilidad como industria comprometida con el medio ambiente». En este sentido, pone en valor las aportaciones que realiza Aiju en este campo, porque, según sus palaras, «somos un sector que está sometido a muchas normas, sobre todo en materia de seguridad, y en el que no se pueden utilizar en muchos casos materiales reciclados, porque no cumplen con la normativa. Por eso es de vital importancia la investigación que desarrolla el instituto tecnológico».

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