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Apostar por la pequeña producción

proyecto los aires defiende el aceite de gran calidad a un precio justo en origen para «frenar la despoblación» rural

Guillermo Sánchez y Laura García en uno de los olivos de Arcicóllar (Toledo) | ‘activos’

El modelo de la pequeña agricultura está al límite de la supervivencia y aún así Guillermo Sánchez Vallet y Laura García Jiménez decidieron, «quizá en un arrebato», acudir a la llamada de ayuda del padre de Guillermo para recuperar unos olivos familiares plantados hace más de 200 años.

Apostar por la pequeña producción

De ese reto, en 2011, nació Proyecto Los Aires (PLA) y, actualmente, sus objetivos se siguen centrando en preservar el medio ambiente para frenar la España despoblada, ofrecer un producto de calidad en el sector del aceite de oliva virgen extra y fomentar la biodiversidad.

Los dos jóvenes se conocieron en la facultad de Biología de la Complutense de Madrid. Siempre habían hablado de irse a vivir al campo y cuando les pidieron ayuda con los olivares familiares lo consideraron una oportunidad para dar forma a un proyecto de vida e instalarse en la explotación agrícola de Arcicóllar (Toledo).

Se decantaron por el cultivo ecológico, a pesar de que supone una reducción de la productividad que puede alcanzar hasta un 20%, y apostaron por recuperar el suelo, «que es el origen de todo».

«La aplicación de herbicidas, que dejan el suelo desnudo, provocan su erosión y queríamos devolverle su sostenibilidad», detalla Guillermo Sánchez. Para conseguirlo, fomentan el desarrollo de otros animales y plantas en su olivar para mantener su cultivo como bosque y contribuir al medio ambiente.

Empezaron con unos 1.500 olivos a los que se le sumaron 1.600 más en 2015. Hace dos años plantaron otros 1.500, que entraran en producción en 2025. En estos momentos producen entre 15.000 y 20.000 litros de aceite de oliva virgen extra ecológico cosecha temprana que generan un volumen de negocio de unos 200.000 euros, de los cuales cerca del 70% proceden de ventas en el exterior. Desde Toledo, comercializan a través de su página web en el resto de España, Holanda, Francia, Alemania y Escandinavia.

Entender qué hay detrás

Desde la explotación de Arcicóllar, descartan tajantemente llegar a la gran distribución porque su producto «requiere el cuidado de la persona que lo vende». Y es que, según plantean, «es muy importante que se explique todo el trabajo que hay detrás de nuestro aceite: el cuidado de los trabajadores, de las plantas y del producto». De este modo, se entiende, por ejemplo, «que hay que pagar precios justos en origen». El sector alimentario es de los pocos que, en general, asegura Sánchez, el agricultor vende su producto por debajo de lo que le cuesta elaborarlo.

En PLA se comercializa el litro de aceite entre los 8 y los 12 euros, en función de la recogida de la aceituna. Una pareja consume aproximadamente medio litro de aceite crudo al mes, lo que supone «que la lata de tres litros puede durar medio año». «Es cierto que no es asequible para todo el mundo -reconoce-, pero la diferencia de calidad también es bárbara. Quizás lo que no está bien es la calidad y el precio que aceptamos en el súper».

Por otro lado, «producir más para abaratar costes implicaría ceder ante la presión de los mercados, desvirtuar el producto y empobrecer el modelo del bienestar que buscamos para el agricultor», argumenta. «En el pueblo quedamos diez agricultores, de los cuales ocho tienen más de 65 años. El campo se abandona porque no es rentable. Hacer viable el modelo pasa por pagar precios justos en origen», insiste.

Guillermo Sánchez considera que España «siempre ha sido un país de graneles, de producción en grandes cantidades, donde la calidad no siempre ha sido lo primero». Ejemplo de ello es, para el biólogo, que el virgen extra que compramos en el supermercado «sigue envasándose en garrafa de plástico, que es el peor envase que puede haber para conservar el aceite».

Con esta filosofía empresarial, las líneas de crecimiento futuro de la compañía se dibujan alrededor de la divulgación: actividades de oleoturismo, talleres educativos y apadrinamiento de olivos con los que vivir «de primera mano el reto al que se enfrentan los agricultores hoy en día».

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