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Ignacio Prieto Pariente Director general de bodegas José Pariente

El blanco es mellizo del tinto

Ignacio Prieto Pariente, en las instalaciones de Bodegas José Pariente | ‘activos’

Ignacio Prieto Pariente (1984) es licenciado en Derecho y Administración de Empresas y tiene un MBA internacional en IE Business School. En 2013 se une a Bodegas José Pariente y se hace cargo del área de exportación. Ahora es el director general del grupo familiar, cuyos orígenes se remontan a un abuelo que regentaba una casa de comidas en Rueda. «Un negocio humilde. Tenía su viñedo de 2,5 hectáreas. Era su gran pasión. La producción que obtenía la elaboraba de forma artesanal y la vendía como vino de la casa en su restaurante o a granel para visitantes de Rueda. En 1997, falleció repentinamente. Mi madre era enóloga y trabajaba para otras bodegas como asesora y decidió hacerse cargo del viñedo y convertirlo en un proyecto vitivinícola. Le puso el nombre de José Pariente como homenaje. De ahí que estemos celebrando el 25 aniversario de la bodega», rememora antes de añadir que su madre, Victoria Pariente, «es la primera fundadora de bodegas de España». La empresa tiene 91 hectáreas de viñedo y elabora entre 600.000 y 700.000 botellas, depende del año. Da empleo a 28 trabajadores fijos y factura en torno a los 10 millones de euros. Ignacio integra la tercera generación junto a su hermana Martina, licenciada en Ingeniería Agrónoma y Enología, quien está en la actualidad al frente de toda la elaboración vinícola de esta firma referente de la Denominación de Origen de Rueda, una zona productora ubicada en las provincias de Valladolid, Segovia y Ávila reconocida por sus vinos blancos.

¿Se ha recuperado ya Bodegas José Pariente del susto de la pandemia?

Afortunadamente, sí. La pandemia fue durísima para todos los sectores, pero especialmente para los vinculados a la hostelería. Fue un susto grande, porque de un día para otro veías a toda tu clientela cerrada. En aquel entonces hicimos previsiones. Éramos optimistas y pensábamos que, cuando se reabriera, la reactivación se daría y, de hecho, ha sido espectacular. El consumidor final ha respondido de forma muy positiva. Había muchas ganas de salir y consumir. Ha sido un soplo de aire.

¿Qué lecciones ha aprendido de aquella crisis en cuanto a la gestión de la empresa?

Una, que siempre hay que estar preparado para todo, tanto a nivel de equipo como financiero. A nivel de equipo porque fue un ejercicio muy rápido de flexibilización de todos los procesos. Cerró todo de un día para otro y tuvimos que teletrabajar en un sector donde la presencialidad es muy importante. Fue un desafío muy grande. A nivel financiero hubo una gran presión por la pérdida de ingresos, pero los gastos no podíamos eliminarlos. No podemos dejar de cuidar el campo. Hubo que hacer un ejercicio de equilibrismo, aunque afortunadamente teníamos colchón. Siempre nos ha gustado ser previsores. Teníamos nuestras reservas.

Y la guerra en Ucrania, ¿qué efectos tiene para la bodega?

Más allá de los efectos macroeconómicos que nos afectan a todos, como los costes de energía y el encarecimiento de precios, lo cierto es que los pedidos de Rusia y Ucrania se han paralizado, aunque en realidad eran mercados residuales para nosotros. También para el sector.

El mundo del vino da la impresión de que está muy atomizado, con mucha bodega familiar y artesanal. ¿No debería ir el sector a una mayor concentración o su fortaleza es la diversidad que permite el pequeño tamaño?

Efectivamente es un mercado superatomizado. Somos muchísimas bodegas. Sí, es cierto que, como en cualquier industria, las empresas cuando se van haciendo grandes tienden a comprar otras firmas más pequeñas, pero es un sector en el que siguen surgiendo proyectos pequeños porque la barrera de entrada es relativamente accesible: con un viñedo y un buen lagar para elaborarlo es posible. Hay muchos jóvenes que tratamos de emprender y crear proyectos nuevos y diferenciadores. Esto está generando atomización. No creo que sea un sector que sea vea afectado a futuro por la concentración. Son negocios muy personalistas, con alma, con sello de identidad y un toque hasta artístico por detrás. Muchas veces el bodeguero tiene un vínculo emocional que no se puede tener en otros sectores.

El mercado vitivinícola vive, casi casi, una batalla campal entre países. Franceses e italianos han sido los más activos en el comercio internacional, pero ahora Chile, Estados Unidos o Australia se han unido con fuerza a la puja. ¿En qué situación queda el vino español?

Está en una situación muy buena y cada vez con mejores perspectivas. Vamos cambiando esa visión del vino español como producto de buena relación calidad precio para empezar a centrarnos en proyectos de gran calidad aunque los precios sean más elevados. Tenemos que soltar el lastre de ir con la etiqueta de la relación calidad/precio para vender calidad sin complejos. Tenemos una gran diversidad y talento. Cada añada que pasa tenemos mejores vino y esa es la imagen que todos tenemos que proyectar en el exterior.

¿Cómo observa en la distancia el conflicto del cava, es decir, que se limiten los derechos de plantación de este viñedo a solo unos pocos territorios?

La problemática del cava es compleja. En el pasado se abrió esa posibilidad y luego pretender restringir se vuelve más difícil. Creo que independientemente de que sea DO cava o no, tenemos un nivel de espumosos muy bueno. A la larga, los proyectos que merezcan la pena sobresaldrán estén o no en una DO determinada.

¿Cuáles son los principales proyectos de futuro de José Pariente?

Hemos transformado todo nuestro viñedo en cultivo ecológico y ahora estamos acompañando a los viticultores de la zona que nos suministran uva para que se unan a este mismo proceso. Estamos muy volcados en la potenciación de mercados exteriores. Vendemos en 54 países y la idea es tratar de llegar a 70 en dos años. Un 25% de nuestra producción va para el exterior.

Usted y su hermana han creado Bodegas Prieto Pariente, una firma artesanal como una spin-off de Bodegas José Pariente. ¿Por qué?

Es fruto de la inquietud y de las ganas de seguir creciendo. Cuando nos incorporamos a Bodegas José Pariente, nos planteamos crear un proyecto pequeño dedicado a la recuperación de viñedo viejo de nuestra región y demostrar la diversidad vitivinícola de nuestra zona, en este caso de todo el valle del Duero. Nos hicimos con seis parcelas pequeñas y en ellas producimos cuatro vinos distintos. Es un proyecto fundamentalmente de vino tinto.

¿En qué medida va a modificar el cambio climático las pautas de producción vinícola? ¿Crecen los competidores al suavizarse las temperaturas en territorios que antes no podían producir vino?

Estamos en una fase inicial, pero es cierto que ya está afectando a la agricultura y no solo al viñedo. En nuestro caso, cada año hay menos lluvia, sube un poco la temperatura media y eso va a propiciar que algunos países puedan vinificar y que otros países que ahora producen sin problemas tengan que buscar más agua. Países del norte como Noruega o el Reino Unido cada vez hablan más de plantar viñedos en el futuro.

¿Y España? ¿La desertificación es una seria amenaza para este sector?

Totalmente. Cuanto más al sur vayamos, las dificultades para producir vino van a crecer.

¿Peligran por este motivo algunas denominaciones de origen?

No creo. Lo que pasa es que, con el calentamiento global, vamos a tender hacia rendimientos más bajos del viñedo y hacia mayor irrigación, con lo cual, más que peligrar, el problema puede estar en una mayor escasez en la producción. O sea, cosechas más cortas.

¿Cómo está haciendo frente Bodegas José Pariente a la subida de precios?

Como todos. Ajustando márgenes y asumiendo las subidas. Nuestras materias primas, como botellas, corcho o cartones, están subiendo mucho. Cuando es posible, vamos elevando los precios, pero de forma muy moderada para que el consumidor lo aprecie lo menos posible y no reduzca las compras porque se salga de su presupuesto.

¿Cómo intuye qué será el futuro económico? ¿Es optimista?

Nosotros siempre hemos sido optimistas. A día de hoy, todavía hay ganas de consumir. A diferencia de la crisis financiera de 2008, en esta ocasión la crisis provocada por la pandemia no ha afectado tanto al consumo o al bolsillo de los ciudadanos. Pero todo depende de cómo evolucionen los próximos meses o incluso años. Ver qué sucede con los precios, si logran moderarse o no. Vemos una situación de incertidumbre. Es necesario que se estabilicen los precios para que el consumo no se vea demasiado afectado.

¿Se están tomando medidas para evitarlo?

Imagino que todo el mundo intenta tomar medidas. Los bancos centrales han cambiado su política monetaria, pero sigue existiendo un largo camino de medidas a tomar en próximos meses para que la economía y sobre todo las empresas no se vean mucho más tocadas. Lo primero es controlar los costes de producción por el alza de la energía, que es la base de todo. Es la medida fundamental. Electricidad y combustibles están a precios desorbitados para que las empresas puedan producir con unos márgenes sostenibles. De ahí que el BCE haya decidido subir los tipos de interés. De todas formas, debemos tener claro que vamos a tardar en volver a la estabilidad que teníamos antes del covid.

¿Es el vino blanco el hermano menor del tinto o eso ya está superado?

Eso está absolutamente superado, por potencial de guarda y de maridaje. El blanco es un mellizo del vino tinto, pero no un hermano menor.

La cerveza se ha convertido en la bebida preferida de los españoles en los bares. ¿Teme que también acabe por mandar en las cartas de los restaurantes o el vino no tiene rival en ese espacio?

Creo que no. Dentro de que las dos bebidas están asociadas a un momento de goce y reunión. La cerveza tiene un componente más informal, pero, una vez que la gente se sienta a comer, el vino es mejor compañero. Tiene mayor capacidad de maridaje. No te llena tanto.

Los jóvenes no parecen muy atraídos por el vino, entre otros motivos, por los precios. ¿Qué pueden hacer los productores para captarlos y propiciar la renovación en la clientela?

Creo que cada vez hay más jóvenes que se incorporan al consumo de vino cuando llegan a una determinada edad, sobre todo cuando superan los veinte. Cada vez también el consumidor joven entiende más y demanda más calidad. Sin embargo, como cuenta pendiente a todos los niveles, desde productores a hosteleros y prescriptores, todos debemos simplificar el mensaje sobre el vino. Da igual creer que uno entiende más o menos, lo principal es que te guste el vino. Cada uno encontrará el perfil de vino que más le guste. Y dentro de esa gama hay muchos precios y muchos asequibles. No creo que el precio sea una traba.

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