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contracrónica

La franja verde de la esperanza

Pere Milla vuelve a brillar en una cita clave como hiciera el año pasado

Pere Milla pugna con un jugador del Cádiz en el encuentro disputado ayer. | EFE

Pere Milla pugna con un jugador del Cádiz en el encuentro disputado ayer. | EFE

No hay nada como estar al borde de la muerte para saborear aún mejor la vida. El Elche afrontaba el partido contra el Cádiz sin margen de error. Ganar, ganar o ganar. Esta vez no había excusas. Ni ser el presupuesto más bajo, ni haber ascendido el último ni apenas haber gozado de pretemporada. Ni el VAR, ni las manos ni los palos de la portería contraria. Había que ganar. Y, esta vez, se ganó.

El fútbol es un deporte caprichoso, aleatorio y difícil de descifrar. Por eso solo algunos grandes estrategas son capaces de influir con decisiones meditadas en los laboratorios que ahora tienen los clubes, entre millones de datos y algoritmos. Otras veces es más sencillo. Si tú te juegas la vida y tu rival está de vacaciones, sal a ganar. Si te pones 1-0 abajo por pura mala suerte, sigue yendo a por la victoria. Fran Escribá se despojó de miedos, inseguridades y cábalas numéricas. Se cortó la coleta, que ahora está tan de moda. Fue a por el partido. Y le salió bien.

La franja verde de la esperanza

No es casualidad que el Elche siga vivo tras el partido en el que más veces ha rematado a puerta de los últimos años. La ofensiva franjiverde la lideró Pere Milla, que tiene algo con las grandes citas. Al gol del «play-off» y al del ascenso ahora añade el de la esperanza. Además, tiene verbo ante la cámara y dejó una de esas frases que impactan, hablando de la garra y la franja verde de la esperanza. Para ello, llamó a filas al franjiverdismo de cara el partido de la semana que viene en el Martínez Valero, tras un año en la reserva. Ojalá sea una fiesta.

¿Pacheta o Escribá?

La narrativa de esta temporada nos deja un desenlace tan emocionante como caprichoso. Con el permiso de un Valladolid muy tocado, la última plaza de descenso se la jugarán entre Elche y Huesca. Sí, el Huesca de Pacheta. El párrafo que viene a continuación me da miedo escribirlo. Y ustedes posiblemente sabrán el motivo.

Es evidente que el karma futbolístico, si es que existe, debería ir con Pacheta y su Huesca en la última jornada. El relato se escribe solo y al Elche le tocará ponerse la capa de antihéroe en esta historia más allá de los límites que marcan Torrellano, por el norte, y la Vega Baja, por el sur. Es hora de ser un buen antihéroe. Si hay que caer, que sea con honra, ganando los dos últimos partidos y acordándonos, para siempre, de los dos partidos de la temporada frente al Valladolid, el penalti del día del Atlético, el gol de Benzema o la horrenda tarde contra el Alavés. El Elche, pese a algunas decisiones tomadas en los últimos meses, merece la plaza en Primera. Y si hay que conseguirla mandando a Segunda al «mito Pacheta» y a las buenas gentes oscenses, que así sea.

Porque si el relato de Pacheta en el Alto Aragón es de Premio Planeta, no lo es menos el de Escribá en tierras ilicitanas. Su idea inicial en Cádiz fue buena, fruto de la cual en apenas cuatro minutos Pere Milla y Piatti tuvieron en su cabeza y en su bota izquierda, respectivamente, el primero. Pero mejor aún fue la reacción en el segundo tiempo, a mi juicio la buena. Con todo perdido, el Elche salió con el escudo por delante.

Y regreso a la idea inicial, cuando uno ha visto la muerte tan de cerca, no hay nada como volver a sentir el aire en los pulmones. Con el gol de Pere Milla, una leve respiración. Con el de Diego González, varias bocanadas. Y, con el de Fidel, la tranquilidad de saber que, al menos, tienes una semana más de vida. El onubense merecía un momento como el del 1-3 en este final de temporada. La imagen del penalti fallado no podía ser el epílogo de, quizás, su mejor campaña como profesional. Aún tiene tiempo para seguir haciendo historia.

Semana grande

Pase lo que pase el domingo que viene contra el Athletic, el Elche se merecía terminar el curso con una semana como la que está por venir. El equipo no le ha perdido el pulso a la competición ni en los momentos más bajos. Y los ha habido muy bajos.

Es momento de ilusión. De pensar que el Valencia, que vive tiempos de rebelión contra su propietario, puede ser el aliado perfecto para confirmar la resurrección de un equipo que ha visto muy de cerca el letrero de Segunda División, pero que de momento sigue agarrado al vagón de cola de Primera.

Y si sigue ahí es porque los quince jugadores que saltaron al terreno de juego del Carranza nunca dejaron de creer. En eso, el Elche es de Superliga, no tengan duda. Ya lo decía Pere Milla, que lo mismo corre once kilómetros en un partido, marca un gol decisivo o te deja botando el titular perfecto para una contracrónica. Esa franja verde es un símbolo de esperanza.

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