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Contracrónica

Elche CF: Boyé es nuestro padre

El delantero argentino es el alfa de este Elche y sigue empeñado en demostrar, partido a partido y exhibición a exhibición, que esta temporada va a ser el líder de los franjiverdes

Lucas Boyé da un grito durante la celebración de su tanto, que puso a al Elche por delante en el marcador, ayer.

Lucas Boyé da un grito durante la celebración de su tanto, que puso a al Elche por delante en el marcador, ayer.

Por mandato laboral, uno se sienta a ver los partidos del Elche y debe tratar de estar atento a todo lo que ocurre sobre el terreno de juego. Con Lucas Boyé en el campo entran ganas de pedir una excedencia, ubicarse en una butaca del estadio en el que se haya programado el duelo y, como hacía Roberto Sedinho en el primer capítulo de «Oliver y Benji», entregarse al placer casi onanista de disfrutar con la exhibición de un único jugador.

Por lo que sea, hay futbolistas que justifican la hora y media que dura un partido. Ya no hablo del precio de una entrada porque entraríamos en un debate que nos desviaría del propósito principal de estas líneas. Ese futbolista puede ser un centrocampista organizador, un central líder, un extremo con desborde o un delantero con un repertorio casi infinito de acciones para encontrar el gol. Boyé es de estos últimos. Y lleva una temporada y diez jornadas dando clínics con una franja al pecho.

Contra el Espanyol, el argentino volvió a demostrar que es el alfa de este Elche. El líder del clan, al que todos siguen, al que todos miran, al que todos se encomiendan cuando un balón parece perdido. Es entonces cuando entra en escena Lucas para convertir un balón exiliado en la mejor arma para poner a Elche en el mapa futbolístico. Los defensas rivales deben afrontar sus duelos contra el «9» franjiverde como la visita al dentista. Sea cual sea el resultado final sabes que tienes una hora y media de sufrimiento por delante.

Boyé dejó otro gol en el que, manteniendo la temática del primer párrafo, pareció Mark Lenders. Abusó con su potente físico de un David López que se paseaba por el Martínez Valero como un dominguero por la Glorieta y desechó las opciones de pase a dos compañeros para finiquitar él mismo la acción. Confianza no le falta, desde luego. Del resto de su actuación dejó un mano a mano con Diego López en uno de esos balones que no van a ningún sitio salvo que por allí andé Boyé. Lo enganchó, lo bajó y entre el meta rival y el asistente evitaron el gol, primero, y la ocasión, después. Si hubiese entrado, el VAR hubiese concedido el doblete.

Con actuaciones así, Boyé se ha ganado con derecho todo el cariño de la afición ilicitana. El camino no ha sido sencillo, superando el siempre peligroso exceso de expectativas de un debutante juvenil en Argentina, variadas cesiones y hasta campañas de acoso en las redes sociales. Como se suele decir en ese feroz universo que (demasiadas) veces es Internet, Boyé es nuestro padre: Ibai Llanos para los más jóvenes y Julio Iglesias para los que ya hemos cumplido una edad.

El culo de Yangel. No pintaban nada bien las cosas para el Elche a diez minutos para el final, tras el fundido a negro del inicio del segundo tiempo, que costó dos goles y pudo valer el partido completo. Los franjiverdes volvieron a mostrar dos taras: errores defensivos de bulto y una alta capacidad de supervivencia. Este equipo puede estar mejor o peor, pero nunca se va de los partidos, al menos en el marcador.

Y con todo abierto, a veces la suerte te sonríe. El Espanyol no mató y el Elche salió de la tumba en una acción bastante afortunada. Darío Benedetto marcó después de que un despeje de Cabrera diera en el trasero de Yangel Herrera, lo que habilitó al atacante franjiverde. Como hay que hacer, el «Pipa» primero disparó y luego preguntó. El VAR dio el OK y la tragedia volvió a ser comedia.

Los suplentes de Iker. En las porterías coincidían dos guardametas con un pasado común en el Real Madrid. Canteranos que crecieron a la sombra de Iker Casillas y que tuvieron que ejercer de suplentes del beatificado mostoleño. A Kiko Casilla le llegaba el partido en pleno runrún, tras su mala actuación de la jornada anterior en Vallecas. No despejó las dudas, aunque tampoco las aumentó. Firmó una buena parada a Raúl de Tomás que hubiese supuesto el 1-3, aunque volvió a mostrarse inseguro en el juego aéreo. Una sorpresa, creo inesperada, que se ha encontrado este Elche y que debe tratar de solucionar cuanto antes. Por la mente de Fran Escribá no parece que pase el relevo, pese a los elogios a Edgar Badia (y Axel Werner). Diego López, por su parte, evitó el triunfo local, en una especie de «déjà vu» del ascenso en Montilivi. Pere Milla se disponía a ejercer de héroe, otra vez, pero esta vez se topó con un meta gigantesco.

El primer día de Pastore. Escribá es zorro viejo. Su elección para dar la primera titularidad a Javier Pastore es una nueva muestra, aparentemente calculada, por el escenario y el rival. El argentino no maravilló, pero captó mucho la atención del rival, pese a faltarle ritmo de competición. La solución táctica fue crear una banda izquierda, salvando las enormes distancias, como la del Madrid de los Galácticos, con Mojica en el rol de Roberto Carlos y «El Flaco» en el de Zidane. Con el colombiano a tope, pinta a buena solución.

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