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CONTRACRÓNICA

Este Elche está K.O.

Media hora de golpes, uno tras otro, fue suficiente para que los franjiverdes ofrecieran su peor imagen de la temporada y se llevara por delante a Fran Escribá, todo un mito del club

Este elche está k.o.

Este elche está k.o.

El parón de selecciones nos dejó a un Elche zozobrante al dejarse dos valiosos puntos en Palma de Mallorca. Tocaba volver a casa para intentar recuperar sensaciones que, tras lo acaecido en el duelo frente al Betis, parecen ya muy lejanas, de otra época. Al Elche le han borrado la sonrisa a base de golpes, seis jornadas sin ganar. Ni la presencia de Kiko Martínez en el césped primero y en la grada después sirvió para espolear a unos futbolistas incapaces de levantarse ante la acumulación de adversidades.

Todo empezó con los famosos errores individuales de hace un par de meses que parecía que no eran para un quebradero de cabeza. No saltaron las alarmas. El enfermo no preocupaba. Ahora, unos partidos después, ha sido necesario un buen revolcón para demostrar que este Elche está K.O. Por desgracia, el Betis fue Kiko Martínez y el Elche, su Elche, fue Kid Galahad, noqueado en la lona en apenas media hora.

En ese tiempo, los franjiverdes dieron la peor sensación que uno recuerda. Seguro que porque no están bien. Quizás porque, encima, enfrente tuvieron a un muy buen rival, con mucha calidad y con una idea clara de juego. Tres goles, un tanto anulado y una salvada de Edgar Badia fue el resumen del tétrico primer tercio de partido ilicitano. Tras cada golpe no vino ni un solo conato de reacción. Más golpes. Más zozobra. Hasta que finalmente el Elche cayó a la lona, rendido ante un Betis muy superior.

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El final de Escribá

Fran Escribá decidió variar poco la pizarra con respecto al partido de Mallorca. Sentó a Fidel para meter a Josan, lo que le dio la opción de variar el sistema del 4-4-2 al 3-5-2 según la fase del partido en la que se encontrara el mismo. La realidad es que solo hubo una propuesta, la que ordenó el Betis y ante la que nada pudo o supo hacer el Elche. Ni los jugadores ni su técnico. Gumbau dejó en el banquillo a Raúl Guti y ni supo leer lo que era necesario hacer en cada momento ni físicamente pudo imponerse a los centrocampistas que ayer vestían de azul. Los defensas parecieron «seiscientos» ante los aviones béticos. Y hasta Mojica y Boyé se contagiaron del pesimismo general. El colombiano volvió a errar en un pase que acabó en el 0-1. Y el argentino, al filo del descanso, no supo finalizar el único destello de calidad que fue capaz de mostrar el Elche entre tanta oscuridad. Tampoco vio puerta en un mano a mano. No era el día. Ni siquiera para él.

A Escribá no le sirvió su impoluta hoja de servicios en el pasado para salvar la situación del presente. Bragarnik ni se lo quiso pensar, aunque ya llevaba tiempo barruntando la opción de cambiar de entrenador. La primera media hora del equipo ante el Betis le dio los motivos suficientes para no esperar más. Tuvo una hora para pensar el modo de decirle a Escribá que el amor se le había acabado. En su caso, no de tanto usarlo. La destitución, dolorosa para todos los que han vivido los éxitos de Escribá como entrenador del Elche, no deja de ser una decisión ejecutiva más para alguien que compró una empresa hace casi dos años y que recuerda de manera vaga al «Elche de los récords» de la 2012/13. Así es el fútbol. El sentimiento es para el aficionado. Los propietarios se guían por los resultados de hoy, no los de mañana ni los de ayer. Y Bragarnik ejerció de dueño más que nunca. El tiempo le dará (o quitará) la razón.

Y ahora, ¿qué?

Eso es lo que se debe estar preguntando el aficionado del Elche en estos momentos. Sin Escribá, qué vendrá. O, mejor dicho, quién. Bragarnik ha tenido a sus órdenes a los dos mejores entrenadores de la historia reciente del club (Pacheta y Escribá) y a una apuesta personal que salió rana (Jorge Almirón). En el mercado de técnicos en paro hay una posibilidad argentina, la de Hernán Crespo, que llama poderosamente la atención, ya que es un hombre cercano al dueño del Elche. En España aparecen otras opciones con más experiencia y peso en la Liga.

Sin Escribá en el cargo está claro que la exposición mediática de Bragarnik vuelve al primer orden. Aunque eso es algo que al argentino nunca le ha importado demasiado. Se siente a gusto trabajando en la sombra, por mucho que se hable de él, en los medios, en la calle y en la grada. Está claro que es más fácil cambiar a uno que a 25, aunque ese uno tenga un palmarés en el club infinitamente superior al de los otros 25. Pero Bragarnik, hombre de fútbol, sabe que ha tomado una decisión de peso y calado. Más aún con los mensajes (directos al mentón) que dejó Escribá en su despedida. Al propietario le toca encontrar al hombre ideal para encauzar esta situación y construir una identidad con la plantilla que tiene. Y, tras despedir a alguien del perfil de Escribá (defensivo) todo apunta a que debería llegar un entrenador que exprima la calidad que, por nombres, el Elche tiene en nómina.

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