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La contracrónica

Elche CF: El jardín de Lucas Boyé

Si al argentino le faltaba presentarse ante un grande, eligió el mejor escenario posible con una sobresaliente actuación ante el Real Madrid coronada por un gol y una asistencia

Lucas Boyé celebra junto a Pere Milla uno de los tantos anotados ayer en el Santiago Bernabéu Martina Ruiz

Decíamos ayer que a Lucas Boyé solo le faltaba una exhibición ante un grande para mostrar ante el Planeta Fútbol lo que hasta ayer solo veían los «panenkitas», además de los aficionados del Elche: es uno de los mejores delanteros de esta Liga. Sobre el césped del Santiago Bernabéu y ante dos sobresalientes centrales y posiblemente el mejor portero del mundo en estos momentos, el ariete argentino gritó a los cuatro vientos que es el líder de un equipo renacido de la mano de Francisco. Si faltaba confianza en el tramo final de la «era Escribá», los acontecimientos recientes en torno al equipo indican un grupo cohesionado, que cree en la valentía de su cuerpo técnico y en la figura de su delantero estrella.

Ante el Real Madrid y recién salido de una lesión, Boyé convirtió el templo madridista en su jardín particular, ganando casi todos los duelos a Militao, apareciendo a la llamada de Fidel para cabecear su impecable centro y generando el 0-2 en una excelente maniobra en tres cuartos de campo para asistir a Pere Milla. Tal fue su influencia en el partido que, quién sabe si por cosas del destino, Militao tuvo que buscar en el área contraria lo que no fue capaz de encontrar en la suya propia y, de esta manera, firmar las tablas en el tiempo de descuento.

Boyé ya completó un gran curso en su estreno como franjiverde, pero se le intuía un potencial enorme, sobre todo porque el equipo apenas pisaba campo contrario. En pretemporada volvió físicamente mejor y convencido de que podía dar ese paso adelante. Era cuestión también de ser más eficaz: cada ocasión que fuera capaz de generar tenía que ir a la jaula. En este inicio de 2022 más no se le puede pedir en este sentido: decidió el partido ante el Villarreal nada más salir al campo y ayer sus dos acciones ofensivas de peligro acabaron en gol. Llegan cantos de sirena sobre una posible salida en invierno. Si algunos son reales poco podrá hacer el Elche para retenerle, pero con lo centrado que parece el futbolista sorprendería que arriesgara ahora con un cambio de aires cuando lo tiene todo en su mano para completar una temporada de matrícula de honor y elegir la mejor opción en verano. E igual esa opción es renovar y seguir en Elche.

A centímetros de la gloria

Que cuatro goles «a lo Madrid» no emborronen lo que han sido los últimos 210 minutos de fútbol del Elche. En unos días, los franjiverdes han plantado cara al mejor equipo de España. Y lo han hecho en las circunstancias que ya todos conocemos. El rival hizo valer aquel lema que le llevó a ganar cuatro Champions en cinco años, el de «hasta el final». Aquí no se rinde nadie y no deja de tener un punto extra de satisfacción el ver las efusivas celebraciones de jugadores y aficionados madridistas tras los goles de Isco, Hazard y Militao. Como hace un mes ocurrió con el de Nico. Lejos de ofenderme me llena de orgullo que el nivel competitivo de este Elche haya llegado hasta el punto de obligar a los grandes a sufrir hasta el último minuto para pasar una ronda de Copa o ganar un partido de Liga.

El Elche vivió en el Bernabéu una de esas imágenes que tantas veces se han dado en el deporte, cuando por apenas nada te quedas sin la gloria eterna. Esa medalla de oro en unos Juegos Olímpicos que se esfuma en un salto por un centímetro. Ese tiro en la final de baloncesto que no entra tras dar varias veces en el aro. Militao, con un salto imperial, le ganó esos centímetros a Mojica, dejando a los franjiverdes más cerca que nunca de hacer historia y ganar por primera vez al Real Madrid en su casa. El año que viene se volverá a intentar.

Era Edgar, no Iker

Si Boyé hizo del coliseo madridista su jardín, Edgar Badia se disfrazó de Iker Casillas en su casa. Porteros de perfil similar, «milagreros» y señalados por su altura y presunta debilidad en el juego aéreo. El catalán agigantó su aura de Santo en el estadio que más milagros ha presenciado, al menos en este siglo. El primer tiempo de Badia fue portentoso. Empezó con paradón a Vinicius, casi a bocajarro. Le sacó un par a Benzema, al que «obligó» a cambiar su tendencia habitual al lanzar los penaltis, con el resultado de sobra conocido. Casemiro y Mendy tampoco pudieron superarle. Y cerró el acto salvando un lanzamiento de falta de Kroos que llevaba dirección a las telarañas de su escuadra.

No es cuestión de hacer sangre, aunque la situación quizás lo merezca, pero dudar de este portero ya era poco razonable, dados sus servicios prestados como franjiverde. Señalarle fue peor. El tiempo y la paciencia le han dado la oportunidad de volver a su sitio, una portería que defiende gracias a sus reflejos y a que, pese a que físicamente no será el guardameta con mayor estatura o envergadura, el aura que le rodea le convierte en un gigante ante sus rivales. Qué quieren que les diga. Ni soy cura ni todos los domingos voy a misa, pero nunca está de más tener a los enviados de Dios de tu lado. Ni en el fútbol ni en la vida.

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