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Polos Opuestos

El debate del Elche: ¿Está Bragarnik condenado a mantener hasta el final su apuesta por un equipo de autor?

Los periodistas Pedro Rojas y David Marín opinan sobre el tramo final de temporada del conjunto franjiverde

El entrenador del Elche CF, Eder Sarabia durante un entrenamiento antes de enfrentarse al Real Madrid en el Bernabéu

El entrenador del Elche CF, Eder Sarabia durante un entrenamiento antes de enfrentarse al Real Madrid en el Bernabéu / Áxel Álvarez

El fútbol genera debates interminables. Cada decisión de un entrenador, actuación de un futbolista o resultado de un partido provoca un sinfín de reacciones que no siempre tienen que coincidir. En INFORMACIÓN tomamos el pulso a temas de actualidad con "Polos Opuestos", un espacio para la reflexión y el contrapunto.

La pregunta que lanzamos esta semana está relacionada con la ratificación de Eder Sarabia y la posterior victoria del Elche, que permitió a los franjiverdes poner fin a su racha de 11 jornadas sin ganar: ¿Está Bragarnik condenado a mantener hasta el final su apuesta por un equipo de autor?

Estilo con cabeza, por David Marín

Una cosa es que el Elche se aferre a una idea de juego, a un proyecto; y otra a la figura única de un entrenador. Es incuestionable la notable labor de Eder Sarabia en su etapa como técnico franjiverde y su compromiso profesional con el club que le ha dado la oportunidad de dar el salto a la primera plana del fútbol español, pero en las últimas jornadas de liga habrá que estar abiertos a todos los universos posibles. Y alguno de ellos posiblemente lleve consigo la opción de la alternancia en el banquillo como (última) solución.

Eder Sarabia, sentado en el banquillo de La Cerámica, en los instantes previos al Villarreal-Elche.

Eder Sarabia, sentado en el banquillo de La Cerámica, en los instantes previos al Villarreal-Elche. / Europa Press

Entre ratificación y remontada, es imposible pensar que al que toma todas las decisiones deportivas no se le pasara por la cabeza, aunque fuera durante cuatro minutos, verse en la tesitura de firmar un doloroso finiquito, como seguramente fueron los de Jorge Almirón, Sebastián Beccacece o incluso Pacheta. Hay ocasiones en las que hay que mirar por el bien de la empresa. Y, nadie lo desea, una de esas opciones puede desembocar en un Elche jugándose la permanencia en las últimas semanas con dudas, sin confianza... como ha ocurrido recientemente. Y que ahí caiga el autor no significa que se vaya a romper el proyecto. ¿Sarabia está capacitado para sacar la situación adelante? Totalmente. ¿El Elche debe fiarlo absolutamente todo a su figura? No. El estilo, siempre con cabeza.

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Era un riesgo, sí; pero se decidió correrlo y ya no vale echarse atrás. Pero no porque esté prohibido rectificar, sino porque para satisfacer la demanda estilística del entrenador se confeccionó un equipo a medida, con unos perfiles muy marcados. Tratar de revertir eso ahora sería un suicidio. A Bragarnik, poco dado a las mutaciones en el banquillo, no le serviría de mucho hacerlo a estas alturas. Solo le valdría como recambio un calco de lo que ya tiene, y para eso ya dispone del hombre que mejor conoce el vestuario, el tipo que se ha hecho respetar en un gremio tan poco dado a compartir méritos, egoísta generalmente. Eder Sarabia debe ser el hombre... para bien o para mal.

Eder Sarabia antes del partido frente al Real Madrid.

Eder Sarabia antes del partido frente al Real Madrid. / LOF

No hay opción de rectificar sobre la marcha, de corregir dando un giro diametral a la idea de juego, un vuelco súbito a la forma de hacer llegar la pelota al área contraria, ni siquiera a la de defender la propia, porque en el caso del preparador vizcaíno una cosa está íntimamente ligada a la otra. Pretender que hombres que tratan bien la pelota, que disfrutan con ella, se vuelvan de repente obreros que renuncien al ataque ordenado, a la cirulación rápida, a la búsqueda constante del espacio libre para acularse atrás únicamente puede finalizar de una manera: en desastre monumental. El problema del Elche, si lo tiene, no es el entrenador, es haber dejado ir a futbolistas que daban el salto de calidad a la propuesta, que la convertían en diferencial. Ahora toca apechugar.

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