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Primera División | Jornada 38

Crónica del Girona-Elche: La vida sigue... ¡en Primera!

El Elche tira de oficio y de seguridad defensiva para empatar en Girona y certificar la permanencia en la máxima categoría

Emoción y tensión de la afición del Elche CF durante el partido de la permanencia

Áxel Álvarez

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David Marín

David Marín

Tu padre fallece y tú, igual que él en su momento, eres futbolista profesional. Te estás jugando la permanencia, a diez mil kilómetros de distancia, con un océano de por medio. Y te dicen que la vida sigue. Decides que la mejor manera de honrar su memoria es jugar al fútbol. Habrá quien no lo entienda. Porque este deporte, el más popular de todo nuestro planeta, es imposible de explicar a aquel que no lo sienta con pasión. Y la pasión no entiende de lógica, de matemática ni de deficiones. Es puro corazón. El que tuvo Álvaro Rodríguez para jugar, con el luto de no haber visto el cadáver de su progenitor, las últimas jornadas de liga. El que puso el Elche, alejado de su estilo, sí, para certificar la permanencia en Primera División.

Porque al final, la vida es esto. Es creer en ti y en tus compañeros cuando formas parte de un deporte colectivo, aunque para ello tengas que dar un pelotazo de más. Aunque tengas que renunciar a la pelota y terminar con siete defensas en tu equipo, protegiendo un resultado cuando siempre alardeas de lo contrario, de ser alegre, disfrutón y ofensivo. La vida es aprender que el camino hacia tu objetivo, siempre que seas honesto, debe afrontarse con amplitud de miras. Eder Sarabia debe haber asumido que otros estilos le pueden ser de gran ayuda en su carrera, aunque estén en las antípodas de su pensamiento. Porque el fútbol lo es todo: atacar bien y defender mejor.

Objetivo cumplido

El Elche logró el objetivo de la permanencia en Girona. Lo hizo descendiendo a su rival, un club que hace nada estaba jugando la Champions. Y que cuenta con el músculo financiero del City Group. Pero que, por el camino, ha perdido el alma. No la tuvo ni en la última jornada de liga para remontar un resultado adverso que le mandaba, y le mandó, de vuelta a Segunda División. A expiar pecados de rico. Una permanencia, por cierto, que en plena locura de resultados en la última jornada, la hubieran conseguido los franjiverdes... incluso perdiendo. No hizo falta extremar el riesgo.

Sarabia planteó a Míchel un partido en el que ocurrieran pocas cosas. Y el técnico local, que necesitaba ganar, le compró el tipo de partido al vasco. Elche y Girona navegaron en el fango del fútbol-control durante casi toda la primera mitad, sin ocasiones, sin peligro, sin la aparente tensión del que se lo juega todo. Los nervios, eso sí, iban por dentro. Y se destaparon en algún que otro mal control o pase.

El primer giro de la noche lo dio Álvaro Rodríguez, a quien el fútbol esperaba para premiar tras lo encogido que ha tenido el corazón en las últimas semanas. Coquito, desde el cielo, seguro que vio con orgullo como Víctor Chust colgaba una falta lejana para que Pedro Bigas, desde el lateral del área, pusiera el balón en el área. En la olla. Ahí estaba su hijo para mover los pies como un bailarín, juguetear con la pelota como hacía en el jardín de su casa siendo un niño, imitando a los grandes delanteros uruguayos de los que le hablaría su padre. Y, en cuanto pudo, trallazo con la zurda. Imparable. Nada pudo hacer Gazzaniga más que claudicar ante la situación. El Girona se hundía en el barro. El Elche, tras la embestida de su toro, salía de él.

Sufrimiento controlado

Que se iba a sufrir en Montilivi lo sabían los 400 franjiverdes que vivieron la permanencia en directo y los miles que la siguieron en la ciudad de las palmeras. El empate llegó. Demasiado pronto, incluso. Y, lo que era peor para los intereses franjiverdes, sin que el Girona apenas generase peligro. Una falta. Un despeje de Dituro, aparentemente cumpliendo los cánones del manual del portero, hacia un lado, le cayó a Arnau, que impactó rápido de vuelta su remate, sin dar tiempo al argentino a reaccionar. 1-1. Girona entraba en ebullición. Y quedaba prácticamente todo el segundo tiempo por delante.

Míchel sacó entonces a Stuani. Y los dos equipos, de primeras, se perdonaron mutuamente. Germán Valera cruzó demasiado una contra en la que se plantó ante Gazzaniga. Y Lemar, otro recambio de lujo de los locales, hizo temblar la ilusión de toda una ciudad con un trallazo que impactó en el poste. El larguero tiritó, como el corazón de miles de franjiverdes. Pero el equipo mantuvo la calma.

Álvaro Rodríguez recibe la felicitación de Marc Aguado y Gonzalo Villar tras su gol contra el Girona.

Álvaro Rodríguez recibe la felicitación de Marc Aguado y Gonzalo Villar tras su gol contra el Girona. / EDDY KELELE / LOF

Sarabia dio la orden de acumular defensas. De defender bien el área. De no dejar ni un centímetro a Stuani. Si remataba, que fuese de manera incómoda. Y Dituro no sufrió. Todo lo que le llegó, que fue poco, lo detuvo sin problemas. Quedaba celebrar. Ver llorar a Álvaro Rodríguez, esta vez de plena felicidad. Mirar al cielo. Y a los ojos de toda una afición. Y saber que sí, que la vida sigue. Y que lo hará con el Elche en Primera División.

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