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El futuro de un inmueble apuntalado

Lo que no se ve de El Progreso

El edificio centenario, a medio derribar desde hace quince meses, tiene parte del tejado desmontado y todo su interior ha quedado reducido a escombros. Vecinos del inmueble contiguo reclaman la reparación de la fachada desconchada por las humedades

Lo que no se ve de El Progreso

Desconchado y con el tejado hecho trizas. Así sobrevive el edificio centenario de El Progresoedificio centenario de El Progreso, apuntalado en pleno centro de la ciudad tras quedarse a medio derribar, cuyo futuro está en manos de los tribunales. El profundo deterioro del inmueble de la plaza de la Constitución solo es visible desde las alturas. Las entrañas de la antigua sala de venta de agua están al descubierto, ya que parte de su tejado está desplomado, y las vigas que impiden que se caigan a plena luz.

Quince meses después de que se paralizara el derribo, el paso del tiempo sigue pasándole factura al singular bloque. Algo que también han empezado a sufrir vecinos del edificio contiguo a El Progreso. El yeso que cubre una de las paredes de la fachada ha comenzado a caerse a pedazos, a causa de las humedades y los residentes de la zona llevan cuatro meses a la espera de soluciones.

En noviembre dirigieron un escrito al Ayuntamiento para solicitar una reparación del muro, al menos temporal, para evitar la continua caída de trozos de pared, delante del portal de su edificio. Sin embargo, por ahora no han recibido soluciones.

Desde la azotea de los inmuebles contiguos al antiguo inmueble es posible hacerse una idea del mal estado de una construcción, cuya fachada pidió proteger el Consell el año pasado, cuando el Ayuntamiento ya había concedido la licencia de derribo a los propietarios para levantar después un nuevo inmueble.

Sin embargo, antes de detenerlo todo, en enero de 2018, los dueños ya habían procedido a desmontar la cubierta del inmueble, tal y como se aprecia en las imágenes tomadas esta semana y ya habían derruido parcialmente el interior de la sala donde se realizaban las subasta de agua y donde ya no queda nada de aquel pasado. Todo su interior ha quedado reducido a escombros y a un amasijo de hierros que permiten sujetar la fachada. Entonces, también se llegaron a retirar los elementos de sujeción. Y todo eso ha quedado a la intemperie, por lo que cuando llueve el agua se acumula entre los muros del antiguo edificio, con sus consiguientes efectos.

Mientras los tribunales deciden qué ocurrirá con el inmueble, si se conserva como quieren los defensores del patrimonio ilicitano, si es posible o no derribarlo, si los propietarios tienen que hacer catas arqueológicas o no, los vecinos que viven en los edificios contiguos temen que la resolución del futuro se alargue en el tiempo, al igual que ocurrió con el hotel de Arenales o con el Mercado.

Enquistado

El estado en el que ha quedado una de las principales arterias del centro, desde que el 12 de enero de 2017 el Consell ordenara paralizar su demolición y reforzarla con vigas para evitar un colapso, se ha convertido en un lastre no solo para sus dueños, o los vecinos de alrededor, también para el equipo de gobierno.

El Ayuntamiento acabó interponiendo en mayo un recurso contencioso administrativo frente a la resolución autonómica con la que se pedía al Consistorio ilicitano la protección y conservación de la fachada. Ahora, todo está en manos del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana. El conflicto amenaza con tardar en solucionarse más de cinco años y dejar una de las principales arterias del centro con vigas. En caso de que las dos administraciones y los propietarios no lleguen a un acuerdo, el asunto podría tener que elevarse incluso al Supremo.

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