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Otra forma de ayuda frente a la violencia machista

Iguala, una spin-off sociosanitaria de la UMH, pone la investigación científica al servicio de la igualdad

Impulsoras de Iguala, firma asentada actualmente en el Parque Científico de la Universidad de Elche.

Impulsoras de Iguala, firma asentada actualmente en el Parque Científico de la Universidad de Elche. antonio amorós

¿Qué ocurre con aquellas víctimas, psíquica o físicamente, de la violencia de género que no quieren acudir a los recursos que ofrece el sistema público de atención? ¿Qué pasa con aquellas mujeres que prefieren llevar con algo más de discreción su caso y no quieren pasar por los plazos, pautas administrativas y requisitos que marca el protocolo de servicios sociales? ¿Y si hubiera otros modelos o programas de intervención con víctimas de violencia de género más efectivos o al menos que van más allá que los que aplica la Administración?

Pues en algunas de estas cosas están trabajando cuatro mujeres: dos psicólogas, una trabajadora social y una integradora social, decididas a ofrecer y aplicar, a través de su empresa, Iguala, la innovación en este campo y a proporcionar una atención más personalizada si cabe, todo ello teniendo como base el Parque Científico de la Universidad Miguel Hernández (UMH).

«La víctima que acude a las redes asistenciales tiene un perfil muy concreto», señala en primer lugar Ainara Nardi, quien aclara: «Es menos probable que una mujer de clase media-alta vaya a un recurso público».

Esta doctora en Psicología de la Salud hace tiempo que tiene claro que investigar por investigar y que se quede solo en un artículo científico no tiene sentido. Por eso decidió implicarse en este proyecto, auspiciado por el Parque Científico, para confirmar, o no, que lo que se investiga, los estudios que se redactan, funcionan. Y si funcionan en la práctica real con víctimas, entonces aplicar los mejores tratamientos y seguir avanzando. «En la práctica no hay traslación de la teoría, de las investigaciones a la realidad», se lamenta a grandes rasgos.

Teresa Arán, trabajadora social, apunta además que muchas veces ayuntamientos o las propias consellerias no tienen equipos suficientes para abarcar todos los casos como deberían, por lo que desde Iguala, la firma que han creado y que se asienta en el campus de Elche, se abren a firmar convenios con asociaciones y administraciones para que les deriven personas afectadas por esta lacra y ayudarlas con mayor atención en esa cuesta arriba.

«Las menores tampoco van a los centros 24 horas y los ayuntamientos llegan hasta donde pueden, muchas veces no tienen personal especializado, sino genérico», describe Teresa, quien señala que Iguala, además de intervención, también está formando en este tipo de cuestiones a profesionales. Además, poco a poco esperan poder impartir cada vez no solo charlas de sensibilización o talleres de prevención en institutos y en escuelas de padres, sino también programas de formación dirigido a trabajadores, como ya han hecho en ayuntamientos como el de La Vila, Calp o Crevillent, o en los hospitales del Grupo Ribera en la provincia, e incluso de cara a cuerpos policiales.

Hace algo más de un año, en diciembre de 2018, se fundaba Iguala, después de que un año antes la idea se inscribiera en el VII Maratón de Creación de Empresas de la UMH y resultara finalmente uno de los cinco proyectos ganadores de este certamen.

Prevención e intervención

En cuanto a su programa de prevención, este está basado en la tesis doctoral de Ainara Nardi, que nace a raíz de la necesidad recalcada desde el ámbito científico de hallar programas basados en la evidencia, es decir, que sean eficaces y eficientes. Hasta la fecha, no hay datos que respalden la eficacia de las charlas de sensibilización o programas de concienciación en reducción de la prevalencia de la problemática.

Dicho esto, no ocultan que se muestran críticas con algunos programas, planes o acciones que se están llevando a cabo para intervenir en este vasto problema. Así por ejemplo, están convencidas de que muchas de las charlas de concienciación que se imparten hoy en día a los estudiantes no ayudan apenas a modificar su conducta. «No se ha avanzado mucho. Las charlas no cambian, no generan cambios de comportamiento, sobre todo en la etapa adolescente», defiende Nardi.

Así las cosas, en esta aventura empresarial de trasfondo social Cintia Miño es la encargada de, por ejemplo, acompañar a la víctima a los juzgados, a Comisaría, etcétera, mientras que Teresa Arán se maneja bien con las administraciones, conoce sus necesidades y las entiende, además de dirigir distintos proyectos. Las cuatro juntas creen posible extender su propio programa de intervención y prevención y así ayudar a las víctimas de violencia de género.

«Una de las cosas que más se resiente es la relación filio-maternal y además es algo que las propias víctimas demandan: asistencia para ella y para sus hijos, y también para recuperar su relación», comenta Nardi, convencida de que como profesionales hay que ir más allá y no conformarse con lo que se ha hecho hasta ahora.

Nerea Paredes, psicóloga infanto-juvenil y con formación socio-sanitaria, recuerda por su parte que una de cada cuatro mujeres sufre o ha sufrido algún tipo de violencia de género en nuestro país y que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la ONU han calificado esta realidad como un verdadero problema de salud pública, por su magnitud e impacto. Ante ello, es evidente que estas cuatro mujeres no podían quedarse de brazos cruzados y quedarse al margen, de ahí que hayan decidido contribuir con su granito de arena a esta gran batalla en una iniciativa empresarial que, por otra parte, viene a confirmar que la igualdad también es capaz de crear puestos de trabajo.

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