El doctor Joaquín Serrano Vera forma ya parte del pasado de Elche y de su historia. Un hombre sencillo y ejemplar, querido como pocos, que hoy tuvo un refrendo más por parte de la sociedad ilicitana que se acercó a la basílica de Santa María para darle el último adiós. Fue un servicio fúnebre de puertas cerradas por el covid, con un aforo reducido porque "Joaquín hubiera llenado dos veces la basílica", recordaban algunos amigos a las puertas del templo.

Cantores de la Capilla del Misteri le despidieron con motetes de la Festa, a la que ahora tendrá que seguir desde el cielo de los ángeles. La familia, rota por el dolor, los amigos y compañeros, recordando la figura del "metge", como popularmente se le conocía en el club franjiverde. A las puertas de Santa María había más personas que dentro bajo un sol de justicia que les obligaba a refugiarse bajo la sombra de los edificios. Eran caras conocidas, exdirectivos del Elche CF, exjugadores, técnicos, amigos. No faltaron las numerosas coronas de flores que adornaron el coche fúnebre.

Joaquín Serrano se ha marchado a los 66 años. Después de dejar el Elche CF hace ya tres lustros, lo que no le impidió hace pocas semanas celebrar como un aficionado más el ascenso a Primera División. Tras su jubilación en la clínica Asepeyo, donde ejercía como responsable de Traumatología, se le recordará como el presidente que estuvo al frente del Misteri cuando la Unesco consideró que era un Patrimonio Mundial de la Humanidad. Eso formará parte de su legado, pero también el ser recordado como una persona amable y buena, que nunca perdió la sonrisa.