«El 80% del éxito laboral está determinado por las habilidades y competencias emocionales y el 20% por la formación académica». Esta es la conclusión a la que llegó Daniel Góleman, que fue el primer investigador que describió al mundo el valor de la inteligencia emocional. La frase la rescató Begoña Ibarrola en la quinta ponencia del ciclo Gestionando Hijos, el evento de ideas formativas dirigido a madres, padres y profesionales de la educación que organiza Prensa Ibérica durante el mes de octubre en Alicante y cuya inscripción es gratuita.

La psicóloga bilbaína asegura que cualquier persona puede ser emocionalmente más inteligente, pero para eso, lo primero, es saber diferenciar entre alegría y felicidad. Según la divulgadora guipuzcoana, la primera es una emoción pasajera, efímera; y la segunda un estado de ánimo duradero que condiciona el día a día. Eso supone que alguien feliz puede estar triste y alguien deprimido vivir un instante alegre.

«Las preguntas que se debería responder todo el mundo son: ¿Eres feliz? ¿Has proporcionado felicidad?», Begoña Ibarrola, psicóloga.

Ibarrola considera que la clave de la felicidad es la inteligencia emocional y desarrollarla, trabajarla y educarla es la mejor herramienta de padres y profesores para que los hijos y los alumnos alcancen «ese estado de plenitud y de serenidad». La facultativa vasca define la felicidad «como un estado de armonía interior, una actitud personal ante la vida». Sostiene que a lo largo de la existencia surgen aliados y enemigos (ella mete en estos dos grupos a personas, situaciones, lugares, cosas...) que ayudan o dificultan llegar a ese estado, y defiende que «nadie te la da ni te la quita al 100%».

La psicóloga, experta en inteligencia emocional, cree que las emociones, hay que vivirlas porque forman parte del aprendizaje.

La doctora rusa Sonja Lyubomirsky estima que la felicidad depende en un 50% de la herencia genética; un 10%, de las circunstancias vitales; y un 40% de las estrategias cognitivas, de nuestra acción, de nuestra forma de pensar. A partir de esa suma, el catedrático de Neurociencia Ignacio Morgado ha asegurado que una persona con inteligencia emocional desarrollada es aquella con capacidad para reconocer, expresar, regular y utilizar las emociones propias y ajenas para adaptarse a las situaciones, conseguir sus propósitos, tener éxito y encontrarse bien.

Las competencias emocionales sobre las que un educador trabaja deben estar orientadas a potenciar el autoconocimiento del niño y la niña, su autocontrol y su autonomía emocional. Estos tres factores son determinantes en un estado de felicidad. Las emociones le vienen de serie al ser humano (alegría, tristeza, miedo, enfado, asco y sorpresa), pero la gestión de todas ellas depende de cada uno y se puede trabajar. ¿Cómo?

Ibarrola ofrece ocho consejos básicos:

Sentir y expresar lo que se siente, ser agradecido con quien nos facilita la vida.

▶ Cultivar el optimismo, tener esperanza.

Cuidar las relaciones sociales, no aislarse ni crear burbujas protectoras.

▶ Valorar la empatía, ser amable, respetuoso incluso con lo que no nos gusta.

Desarrollar la resiliencia, la capacidad de encarar los problemas con el convencimiento de que hay cosas que podemos hacer para resolverlos antes de rendirnos.

Saber perdonar, vivir sin rencor, sin que el odio sea el motor de tu existencia.

Fluir, disfrutar de lo que nos gusta, de lo que se hace, dedicarle tiempo.

Ponerse metas realistas, alcanzables con las herramientas des las que se dispone porque no todo es posible con esfuerzo, aunque una gran mayoría, sí.

La psicóloga, experta en inteligencia emocional, cree que las emociones, todas, hay que vivirlas porque forman parte del aprendizaje, no hay que reprimirlas, pero sí canalizarlas para poder responder a dos preguntas fundamentales: ¿Eres feliz? ¿Has proporcionado felicidad a los demás?

Los optimistas inteligentes y la ilusión proactiva

Luis Galindo, en un instante de su charla.

«Solo hay una forma de educar para el futuro: dotar de un alma fuerte a los niños y niñas potenciando la seguridad y la confianza en ellos mismos». El argumento lo esgrime Luis Galindo, responsable de la sexta ponencia virtual del ciclo Gestionando Hijos, la programación de charlas y coloquios virtuales que organiza Prensa Ibérica en Alicante a lo largo de este mes para madres, padres y docentes. El escritor, referente motivacional en todo el mundo, defiende que la «ilusión por educar es clave para formar a los hijos», por eso subraya que progenitores y profesorado deben complementarse, ir de la mano.

El experto en liderazgo utiliza la pandemia que afecta al planeta para introducir en la ecuación los entornos VUCA (acrónimo anglosajón que responde las siglas de volatilidad, incertidumbre –«uncertainty»–, complejidad y ambigüedad), una combinación de cualidades que, en conjunto, reflejan la naturaleza de algunas condiciones y situaciones difíciles en las que, en algunos momentos de la vida, está obligado a encarar el ser humano. Para lograr que los menores reciban la educación que les ayude a crecer en estos entornos VUCA hay que conjugar dos variables: cariño y valoración.

«Las emociones se contagian, no se puede educar en ‘modo automático’, debe ser en ‘modo disfrute’», Luis Galindo, escritor, divulgador y experto en liderazgo.

«La mayoría de factores que contribuyen a sacar lo mejor de las personas son de tipo emocional: confianza, refuerzo positivo, motivación para hacer cosas, pasión por hacerlas...», recuerda el divulgador zaragozano, que advierte que predicar con el ejemplo es el camino más corto para lograr inculcar algo. «El mejor discurso es el ejemplo. Explicar algo cuando uno hace lo contrario, o no lo hace, es contraproducente. Cuando se incurre en esa incoherencia, el menor deja de creer en el tutor», avisa.

Transformación personal

Luis Galindo está convencido de que las emociones son contagiosas, que para transmitir ilusión por algo hay que ilusionarse, que no se puede educar en lo que él denomina «modo automático», sino que debe hacerse en «modo disfrute». Se trata de valorar los aspectos positivos sin incurrir en la «ñoñería», admite el escritor, crítico con la deriva simplista de muchas charlas motivacionales en la actualidad.

Luis Galindo está convencido de que las emociones son contagiosas.

«La gente corriente se siente pequeña cuando alguien le dice que tiene que transformarse y que, además, va a ser capaz de hacerlo solo por escuchar a una charla o leerse un libro. Eso no pasa así. Yo siempre recomiendo a la gente, para transformarse, que vuelva a ser la persona que fue en los mejores momentos de su vida porque todos los hemos tenido alguna vez y sabemos cómo nos sentimos, cómo llegamos hasta ellos. Todos tenemos momentos brillantes. Hay que recuperar esa emoción para educar a nuestros hijos en modo disfrute», reitera.

Galindo da pautas para lograr contagiar a los menores la ilusión de padres y educadores. Se puede conseguir con:

La voz. El tono con el que se cuenten las cosas incide en el grado de atención del receptor y en el interés que despertamos en él.

Dando alas a nuestros hijos, no cortándoselas, acompañándoles en su vuelo.

Yendo de la mano profesores y padres, complementando lo que se aprende en casa y lo que se enseña en la escuela.

■ Siendo un optimista inteligente, que no es la persona que decide no ver los problemas o pasar por encima de ellos negándolo, sino la que los encara sabiendo reconocer los aspectos favorables que, a pesar del revés, le rodean en su día a día.

Referente mundial en formación de liderazgo empresarial, Luis Galindo deja un mensaje claro durante el multitudinario chat posterior a su charla con los inscritos al seminario digital: «las circunstancias no se eligen, pero la forma de afrontarlas, sí».