Domingo soleado y cientos de metros de altura en El Ferriol. Si algo se puede respirar es la paz, y de repente murmullos de un numeroso grupo de británicos afincados en la provincia que van en chándal a pasar el día porque sus amigos les han recomendado la zona. «It’s nice», dice Kevin James, uno de ellos para alabar una obra que desconocía.

El Cau de Mariano Ros se ha convertido con el paso de los años en un refugio de pensadores, senderistas y corredores que pasan por este «templo» de símbolos ilicitanos esculpidos en piedra en la sierra y que rinden tributo a la Mare de Déu, a Cantó, a la mujer zapatera, a los sanitarios y a la vida en general.

Tras fallecer en 2017 el artista que dio vida a este rincón, Mariano Ros, su compañero y pupilo Cándido Escribano quiso seguir manteniendo el legado para que toda la sudor derramada durante años no la enterrase el paso del tiempo. Desde entonces este octogenario, que también esculpió obras, nunca falla a la cita con el Cau. Cada dos días se desplaza de su casa, en otra pedanía alejada, para comprobar que todo está en orden. Incluso muestra a INFORMACIÓN varias libretas repletas de cientos de firmas de visitantes que quieren que el entorno se proteja.

Entre las rubricas están las de multitud de alumnos y miembros de la comunidad educativa de la provincia, además de deportistas y vecinos en general que acuden a este rincón por sus particularidades. También muchos extranjeros se quedan «maravillados» con lo que califican como una obra de arte.

Senderistas visitando el Cau de Mariano Ros J.R.E.

José Antón es otro de los voluntarios que sube a la sierra desde que se jubiló para preservar el entorno. «Lo hacemos por amor a la naturaleza y a quién hizo esto, y nos cabrea que venga alguien a hacer cosas malas como una hoguera o un botellón, por eso creo que debería haber más seguridad», apunta.

Damián Cuesta indica que conoce el Cau desde hace 14 años. Solía subir cada fin de semana pero cuando se jubiló «dejé de fumar dos paquetes al día y de entretenerme solo con el chinchón porque subir a diario me hacía bien. Quería poner mi granito. Arreglar piedras caídas, pintar algo, limpiar...», apostilla.

Cándido, José y él son un equipo e incluso aprovechan la escultura del Pantano de Mariano Ros para recoger el agua almacenada tras las lluvias. Con ese escaso aporte riegan pinos, olivos y algarrobos que plantaron en la zona más asolada para compensar falta de flora.

Temen qué pasará cuando ellos no estén y no haya nadie a quién cederles el testigo. Entienden que las administraciones deberían poner de su parte para proteger un patrimonio que se construyó y hoy es de todos, aunque no parezca de nadie. Sin embargo, esta forma de expresión está más aceptada por la población que por las instituciones.

Las manos que salvaguardan el Cau J.R.E.

En julio de 2017 el PP solicitó al pleno que se impulsase la salvaguarda de este espacio iniciando la tramitación para la protección del entorno y de las decenas de esculturas. La propuesta popular se aprobó pero tres años y medio después sigue sin preservarse oficialmente y desde Urbanismo no terminan de verlo viable.

Según la edil del área, Ana Arabid, se aprobó ver las posibilidades de proteger este «museo al aire libre», por su valor cultural y sentimental, pero reconoce que es complejo proteger porque las actuaciones artísticas se llevaron a cabo sin autorización en monte público. «Se plantean problemas legales porque la ley forestal de la Comunidad Valenciana es clara en este sentido». Aduce que los técnicos deben valorar si es viable salvaguardar.

Ros y Cándido tuvieron problemas con el Seprona porque la actividad que ejercían no estaba permitida en monte público. Aún y así Escribano siempre ha insistido en que nunca han tenido intención de hacerle daño a la naturaleza ya que entendieron que se trataba de unas canteras abandonadas de donde creen se extrajeron las piedras de la basílica de Santa María.

Es más, alega que su labor es conservacionista ya que desde que el universo de Mariano Ros está en la sierra se han multiplicado las visitas.

Adiós a «Tío Pere», atleta y autor de la cueva del paraje

Damián muestra el homenaje que se ha hecho del "Tío Pere" en la cueva que hay en el Cau J.R.E.

Ha fallecido esta semana a los 86 años el montañista y atleta José Pérez Alcaraz, conocido como «Tío Pere». Este reconocido deportista, afincado en Elche desde los nueve años, tenía debilidad por la sierra de El Ferriol y del Cau de Mariano Ros. Allí mismo cinceló a mano una cueva en 2006 que hoy resulta uno de los principales atractivos de la zona. Sus primeras expediciones las hizo de la mano del club Montañero Ilicitano y la Unión Excursionista. En 1980 creó el Cross Carrús-Este y más tarde la travesía Elche-Font Rotja, por lo que se convirtió en referente del paisaje deportivo ilicitano.