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Tatuajes que te cambian la vida

Un artista dibuja de forma altruista a más de mil mujeres las areolas para ocultar las cicatrices de la reconstrucción mamaria tras un cáncer

Al fondo, Dida en su establecimiento de Elche, donde tatúa gratuitamente la areola a mujeres de toda la provincia que sufrieron cáncer. | ANTONIO AMORÓS

Al fondo, Dida en su establecimiento de Elche, donde tatúa gratuitamente la areola a mujeres de toda la provincia que sufrieron cáncer. | ANTONIO AMORÓS

«Dentro de la desgracia que hemos pasado, es un gusto encontrarte con personas así, desinteresadas, que no escatiman. No porque no cobre lo hace con desgana o mal, al contrario, se toma su tiempo. Me dibujó el boceto tres veces y empezó cuando lo vio perfecto, con toda su dulzura». Encarnación Llopis, de 46 años cumplidos ayer, quiere agradecer la labor «de corazón» de Adilson Luiz de Souza, Dida, que tatúa de forma altruista las areolas a mujeres que se han reconstruido el pecho tras sufrir un cáncer de mama. Una tarea que inició hace seis años, en los que ha tatuado a más de un millar de pacientes, la mayoría enviadas desde los propios hospitales tras practicarles la cirugía.

«No hago nada especial, colaboro para que al mirarse al espejo no se vean la cicatriz y puedan pasar página. Es un trabajo hecho por los médicos, yo solo pongo un poco de color», explica el propietario de Dida Tattoo, negocio ubicado en Elche que atiende a pacientes que se han reconstruido el pecho de toda la provincia. El artista inició esta labor cuando una mujer le preguntó si hacía este tipo de trabajos, hasta entonces un terreno inexplorado en sus dibujos, y se ofreció a tatuarla sin cobrar. A su médico le gustó, le fue mandando pacientes y la lista es ahora interminable tras más de un lustro de solidaridad. «Sé que algunos negocios cobran hasta 500 euros por las areolas y me dejó impactado, lo veía carísimo, es como aprovecharse de la desgracia ajena», considera De Souza.

Ahora mismo tiene una lista de espera de 50 mujeres dado que durante la pandemia se interrumpieron los tatuajes de areolas al ser personas de riesgo frente al covid. Hace un mes pudo reanudarlos y Encarnación fue una de las primeras en tatuarse, exactamente el 27 de abril. «Estoy eufórica, es una maravilla. Ayuda a cerrar una etapa. Como me dijo Dida, te ves de nuevo el pecho real, no la cicatriz. Ahora no veo las marcas sino la normalidad y estoy completa como mujer, es una pasada». A esta vecina de San Vicente del Raspeig le detectaron un tumor en una mama hace tres años, «y fue un palo. Me lo extirparon y parecía que iba bien, pero estaba todo afectado. Tengo antecedentes familiares, y le dije a la médica que prefería extirparme los dos pechos, hacerme la mastectomía bilateral antes que pasar por todo esto otra vez. Ella lo habló con el comité, lo consultó y lo consideraron viable». Durante la operación, cuenta, le detectaron cáncer en el otro pecho, más agresivo que el anterior. «Tuve suerte al tomar la decisión pero se pasa mal porque, como mujer, te quitan una parte de ti».

En su caso, ha sufrido tres operaciones, la primera la cirugía para retirar el tumor; la doble extirpación de las mamas, de la que salió con los expansores colocados (durante seis meses acudía cada 15 días a que les introdujeran líquido); y en diciembre le pusieron las prótesis. Un proceso por el que pasó en el Hospital General de Alicante, del que destaca el gran trabajo, atención y cariño de la Unidad de Patología Mamaria. Fue en este centro, en Cirugía Plástica, donde vio la tarjeta del tatuador. «Contacté con ellos, sabía lo que hacían, que es algo solidario y me pusieron en lista de espera. Dida dice que el trabajo lo hacen los médicos, pero faltaba la guinda, el remate, y eso lo hace él». Encarnación, a cuya hermana le acaban de diagnosticar la misma enfermedad, decidió entregar al autor una gratificación para ayudar a costear las tintas, las agujas y demás material, y contribuir a que pueda continuar con su tarea altruista, «porque lo que hace por nosotras no tiene precio». Por ello quiere que se sepa, «porque muchas mujeres tienen miedo o vergüenza, o lo desconocen, y es una labor que hace de corazón».

Antes y después de un tatuaje de areolas. | INFORMACIÓN J.hernández

Tatuajes que te cambian la vida J.hernández

El tatuador puede dibujar en un día las areolas hasta a siete mujeres, tomándose su tiempo. «Es un proceso lento, se ponen a llorar, es muy emotivo, sin querer hago un poco de psicólogo», explica este brasileño que lleva viviendo en España 23 años, de los que estuvo siete en una fábrica de calzado hasta que obtuvo el permiso para trabajar por cuenta propia. Entonces montó el establecimiento, donde hay tres tatuadores, cada uno en su estilo.

Para él la tarea con las mujeres que se han reconstruido el pecho tras ser operadas de cáncer no tiene precio. «Algunas tienen un bloqueo y no se miran al espejo. Cuando se tatúan y se ven, empiezan a llorar. Es muy bonito. A las pocas semanas suelen volver a dar las gracias, a decirme que les ha cambiado la vida. La mayoría vienen muy tristes, son en algunos casos hasta 7 años de lucha. Hay muchas mujeres que no quieren tatuarse pero es importante que lo hagan para olvidar lo que pasó». El tatuaje esconde las cicatrices, que se quedan en segundo plano. «Cada vez vienen más a dibujarse. Cuando me llama un médico para agradecérmelo, le digo que me puede mandar a todas las que quiera». Así, ha recibido a pacientes de todas las edades, desde chicas de 20 años, «muy tristes, que se quedan sin saber que hacer y que piden sentirse sexy otra vez», a mujeres maduras y con familia que «quieren pasar página y seguir luchando».

De entrada, con una vez que se tatúen es suficiente, aunque explica que al ser pieles muy castigadas, sensibles y finas, a veces quemadas por la radioterapia o estiradas, en algunos casos la pintura no coge como debe y tienen que volver al mes para un repaso, o a los 3 años, una vez que cicatrice, si se vuelve borroso.

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