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ALZHÉIMER Pascual Sánchez Juan Director científico de la Fundación CIEN

Pascual Sánchez Juan: «El covid ha empeorado el alzhéimer porque las relaciones sociales son clave para el cerebro»

Pascual desde su nueva responsabilidad podrá impulsar el conocimiento que se tiene sobre el alzhéimer, una de las demencias que más se han visto afectadas por la pandemia

El neurólogo Pascual Sánchez Juan ha sido nombrado director científico de la Fundación CIEN. |

El neurólogo Pascual Sánchez Juan ha sido nombrado director científico de la Fundación CIEN. | INFORMACIÓN

¿Cuál es la trayectoria que le ha llevado a ser director científico de la Fundación CIEN?

Soy ilicitano pero llevo fuera de Elche desde los 18 años, porque me fui a estudiar a Pamplona. Me formé como neurólogo en Valdecilla, Santander, donde trabajé hasta el pasado agosto. Dirigía la Unidad de Memoria, en la que se atiende a los pacientes con problemas cognitivos. He desarrollado más de una década de actividad investigadora sobre las demencias. También dirigía el banco de cerebros, la estructura que se encarga de centralizar muestras para la investigación biomédica del ADN, el cerebelo o el líquido cefalorraquídeo.

¿Y a partir de ahora cuál es su nuevo cometido profesional?

La Fundación CIEN tiene un potencial enorme para la investigación clínica de las enfermedades neurodegenerativas. Trabajamos para mejorar la situación de los pacientes con demencia y de sus familiares. Los profesionales de la salud tenemos que ser capaces de afrontar la enfermedad en los procesos de diagnóstico y terapia. Ese es nuestro principal enfoque, la investigación aplicada, que los resultados no se queden en el campo teórico. También colaboramos con la investigación básica porque es fundamental, como hemos visto con la campaña de vacunación.

¿Cómo ha afectado la pandemia del coronavirus a los trabajos sobre el alzhéimer?

Este colectivo ha sido, probablemente, el que más ha sufrido la pandemia. Muchas de las personas que viven en residencias tienen demencia y hemos visto que ahí ha estado el principal foco de mortalidad. Ha sido un colectivo especialmente golpeado. Más allá de las residencias, el aislamiento que se produjo durante el confinamiento ha afectado a los pacientes con demencia. Hemos percibido un empeoramiento del alzhéimer porque las relaciones sociales son fundamentales para el cerebro.

Entonces está confirmado que sufrir covid empeora la situación de los que tienen alzhéimer u otra demencia...

A día de hoy no tenemos datos suficientes para afirmar esto con tanta rotundidad. Hay proyectos de investigación que se están lanzando a nivel europeo para estudiar esta cuestión tan importante. Hay que determinar si la infección afecta a los procesos neurodegenerativos. Hay indicios y líneas de investigación que apuntan a ello pero todavía no existe una evidencia. Es algo que la ciencia tiene que resolver.

Antes hablaba del aislamiento durante el confinamiento...

Los cuidadores se han visto sometidos a muchísima carga. Tener a pacientes en casa con una demencia en estado avanzado genera situaciones de gran estrés. Esto convierte también a los cuidadores en personas de riesgo para enfermar. La situación ha empeorado para ellos porque al estrés de atender a un familiar hay que sumarle las limitaciones de movimiento y el comprobar cómo ese familiar empeoraba por el aislamiento. Los que tenemos niños pequeños en casa ya hemos visto lo que se sufre confinados, así que no es difícil imaginar el mal trago por el que han pasado las personas que cuidan a familiares con demencia.

¿Qué proyectos se han visto paralizados por la pandemia?

Durante los momentos más duros de la pandemia muchos estudios quedaron paralizados. Todo lo que implicaba pruebas con pacientes o ensayos clínicos no se podía llevar a cabo. Los laboratorios cerraron porque la gente se tuvo que ir a su casa. En el ámbito de la investigación clínica se ha normalizado la situación. Este año ya hemos retomado proyectos, ensayos clínicos, estudios presenciales.... Todavía no hemos conseguido retomar el nivel anterior a la pandemia pero, gracias a la vacunación, la situación se ha normalizado más.

¿En qué momento se encuentra ahora la investigación relativa al alzhéimer?

En la investigación clínica a la que me dedico pensamos que estamos en un momento crucial. Se ha acumulado mucha información básica sobre las causas genéticas, cada vez sabemos más. En España se han realizado grandes proyectos, algunos han contado con la participación de hasta 20.000 personas. El problema es que toda esa información aún no se ha llevado a la clínica, esa tarea sigue pendiente. Es uno de los grandes retos que nos hemos marcado en la Fundación CIEN.

¿Qué se debería hacer con toda la información genética que se ha logrado almacenar?

Hay que utilizarla para diagnosticar mejor a los pacientes y seleccionar los tratamientos más precisos. Toda la investigación que se ha hecho sobre el avance del alzhéimer ha repercutido en ensayos clínicos con fármacos cada vez más prometedores, que en un futuro tienen que dar el salto al mercado. Recientemente se ha aprobado un fármaco, con mucha polémica, que puede ser clave en el devenir de la enfermedad. Próximamente llegarán otros medicamentos mejores.

¿Cuál es la frontera que tienen pendiente atravesar?

La siguiente frontera es ser capaces de que haya pronto tratamientos que retrasen el curso de la enfermedad. Cuando esto sea posible, habrá que identificar a las personas que tengan pocos síntomas, o ninguno, con potencial de desarrollar alzhéimer y suministrarles fármacos lo antes posible. Esto es similar a lo que se está haciendo con el cáncer. Igual que tenemos interiorizado que, cuanto antes se detecte el cáncer, mejor, con las enfermedades neurodegenerativas ocurre igual.

Hemos centrado la conversación en la pandemia y el alzhéimer pero su trabajo abarca otras enfermedades, como el párkinson o la esclerosis...

En este conjunto de enfermedades la sensación es similar. Ahora mismo nos encontramos por detrás del cáncer y ahí es al lugar al que queremos llegar. El diagnóstico precoz y el tratamiento preciso son la clave. No tenemos actualmente tratamientos que cambien el curso de la enfermedad. Se ha avanzado en la investigación básica pero hay que trabajar para que los fármacos sean precisos y eficientes.

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