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Eduardo Fernández Jover: «El objetivo aún no es devolver la visión a nadie, es mejorar su calidad de vida»

El catedrático Eduardo Fernández Jover. | UMH

El estudio que dirige está financiado por el ambicioso Programa Prometeo para grupos de investigación de excelencia de la Generalitat Valenciana, también por el Instituto de Salud Carlos III, por la Comisión Europea (dentro del programa H2020) y por el Ministerio de Ciencia e Innovación. El catedrático de Biología Molecular, Eduardo Fernández, no lanza ni mucho menos las campanas al vuelo pese al revuelo que se ha formado porque sabe, mejor que nadie, que estimular la visión en una persona ciega, de una sola, no es el maná sino solo un comienzo incierto. «Nuestra idea es completar todos los experimentos que hemos diseñado al principio e intentar establecer... obtener información. Para ver si es lo mismo en todos los sujetos, ver todos los umbrales, la cantidad de corriente... qué tenemos que hacer para inducir percepciones visuales», explica.

Los experimentos comenzaron hace un par de año cuando este mismo grupo investigador consiguió realizar con éxito un experimento similar pero con primates, a los que estimulaban la corteza visual. En aquella ocasión se utilizaron más de mil electrodos que permitió a los animales percibir formas, movimientos y letras... aunque aquellos monos no eran ciegos. Fue en diciembre de 2020. «Este trabajo va un poco más allá. Hemos implantado los microelectrodos en el cerebro de una persona completamente ciega desde hace más de 16 años».

Lo que han logrado, en definitiva, es que una ciega perciba formas simples y letras gracias a un implante cerebral a base de microelectrodos intracorticales. Es decir, lleva en su cerebro un dispositivo de cuatro milímetros de lado, con electrodos de 1,5 milímetros. «Nuestra idea -continúa-es si hay que adaptar este sistema a cada persona. Por eso estamos trabajando en un sistema inteligente».

El responsable del grupo investigador de Neuroingeniería de la UMH de Elche añade que «el objetivo no es devolver la visión a nadie, todavía no estamos ahí. Son experimentos básicos e intentamos entender cuales son los parametros de estimilacion que necesitamos y si la misma corriente induce el mismo número de percepción. Cuántos electrodos hace falta para inducir un patrón o algo que tenga sentido y pueda ser útil a las personas con discapacidad visual. Nos hacemos preguntas muy básicas a fin de poder desarrollar tecnologías para la mejora de la calidad de vida de estas personas».

El éxito de la investigación radica en el hecho de que han demostrado que «la cantidad de corriente eléctrica necesaria para inducir percepciones visuales con este tipo de microelectrodos es mucho menor que la que se necesita con electrodos situados en la superficie del cerebro, lo que se traduce en una mayor seguridad».

Sobre la paciente que, de forma voluntaria, lleva años trabajando en el proyecto, añadió que «la persona implantada ha sido capaz de reconocer diversos patrones complejos de estimulación y percibir con precisión formas y letras», con ello, se ha producido un proceso de aprendizaje para que reconozca diversos patrones. De hecho, los investigadores han utilizado dos videojuegos para ayudarla a lo largo de este proceso que ha durado cerca de seis meses y en el cual se observaron cómo se producía este aprendizaje al tiempo que observaron los posibles cambios.

Los investigadores explican que, dependiendo de la intensidad del estímulo eléctrico, la paciente fue incluso capaz de percibir distintos colores, a veces blanco, amarillo o sepia. Todo un avance. El catedrático insiste en una cuestión básica, los resultados del trabajo son prometedores, nada más. «Todavía hay muchos problemas por resolver y por lo tanto es muy importante avanzar poco a poco y no crear falsas expectativas. Es una investigación».

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