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Tribuna

La mano invisible y la subordinación política

El patio del convento de las Clarisas de Elche, en una visita con periodistas en 2016

Hace unas tres semanas un amigo nos dijo que, casualmente, oyó en una emisora local a un señor exponer ante los medios de comunicación algo que parecía concernir a la creación de un hotel y no le prestó ninguna atención. Se disponía a salir de su cocina cuando escuchó una afirmación que le dejó paralizado porque entendió que, ni más ni menos, en realidad ese señor trataba de convencer a los ciudadanos de Elche de la bondad de «su» proyecto para convertir el convento de la Merced (Clarisas) en un hotel de lujo con encanto.

En el tiempo que le restaba de intervención deslizó algunas perlas —seguro que me perdí otras bellísimas, prosiguió nuestro amigo—, de las que debido a mi perplejidad solo retuve, muy mal y con toda seguridad distorsionado, su contenido. Por lo cual, pido disculpas de antemano si ese no era el «espíritu» de lo que decían sus palabras, y asumo que éstas que os cuento son mías y solo mías, llevado sin duda por la desazón de suponer que yo y todos mis conciudadanos somos estúpidos. A saber: este señor había estado realizando altruistamente desde 2019, ¿con qué fin y con qué autorización?, un estudio concienzudo y pormenorizado del lamentable estado de abandono y dejadez de un complejo conventual que las últimas corporaciones municipales no habían sabido, o tal vez querido y nunca podido, conservar.

Ante semejante grado de incompetencia municipal, un grupo de empresarios salvadores estaban dispuestos a sacrificarse para la conservación «adecuada» del convento y, por arte de birlibirloque mediante un acuerdo de colaboración público-privada, sustraer a tres generaciones de ilicitanos el uso y disfrute de uno de los poquísimos edificios históricos de la ciudad y, además, patrimonio suyo. Para poner la guida al pastel…eo, mandaban una especie de ultimátum al Ayuntamiento, «o seguían sus instrucciones antes de acabado el año, o se enfadaban y no había triki-trato». Finalmente advertía, a posibles aguafiestas, que asociaciones de todos los ámbitos ciudadanos fueron previamente informadas del genial proyecto y estas habían expresado su alegría y regocijo, como no podía ser de otra manera. Ateniéndonos a la sagrada Mano Invisible de Adam Smith deberíamos tranquilizarnos. la Mano es muy sabia y reorientará los intereses egoístas de hacer negocio privado, con un bien público, en beneficio de todos. ¿Ah! y cómo? No lo sabemos, pero debemos créelo a pies juntillas porque es un dogma de fe, fundamental, de la economía liberal y…, ¡punto!

Como tampoco sabemos, y sin embargo creemos por pura lógica, que un pequeño Demiurgo, modelador de ideas y muñidor de voluntades, maneja los hilos de este asunto y se mueve, cual Dios del Olimpo, entre Elche, Alicante y Valencia, maniobrando para que los hilos del Poder Político no se enreden y continúen, como siempre, subordinados al Poder Económico. De modo que, con un libro de ruta tan invisible como la Mano de Adam, en el Ayuntamiento, presta y gustosamente se afanan en seguir la ruta: la maquinaria y el reloj para modificar puntualmente el PGOU, se han puesto en marcha con todos los mecanismos bien engrasados.

¡Así es que la suerte está echada! De nada nos servirá invocar el documento, depositado en el AHME, por el cual el Infante Don Manuel hace donación, en 1308, de los baños árabes a los monjes Mercedarios para la construcción de una capilla. Ni el informe, fechado en junio de 1987, a la corporación municipal en el que el archivero Rafael Navarro Mallebrera, destaca la singularidad y ejemplar único, en toda la diócesis, de superposición de elementos renacentistas a una estructura gótica del siglo XVI. Tampoco nos sirve el informe arqueológico previo a la creación en el convento de la Merced de un Centro Socio-Cultural, elaborado a petición de la corporación presidida por Mercedes Alonso en diciembre de 2011. Ni siquiera desmontar la fábula, surgida tras el rescate de la titularidad del convento por el Ayuntamiento, asegurando que la idea inicial de su destino fue cederlo a Patrimonio del Estado para la instalación de un Parador Nacional.

Nada de esto le importará al edil de turno que, trabajando, tal vez sin saberlo, para el aprendiz de Demiurgo —que sigue engrasando los artilugios por los que discurren los hilos—, nos dirá que no hay mejor invento que la colaboración público-privada; metiendo en el mismo saco la cafetería del centro de congresos, el restaurante del parque municipal y el convento de la Merced. ¡Toma castaña!

Mientras algunos verán fantasmas y enemigos externos, con cuernos y rabo, por todas partes… De proyectos fracasados o inexistentes, desidias múltiples y programas incumplidos…, nosotros hablaremos otro día.

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