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IDENTIDAD DE LA DAMA DE ELCHE

La Dama de Elche, en el Museo Arqueológico Nacional.

La Dama de Elche, en el Museo Arqueológico Nacional. / Eduardo Parra - Europa Press

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EduardoLledías

Como muchos de ustedes sabrán los dioses son muy celosos de su intimidad y es por ello por lo que se cuentan muchos relatos desde la antigüedad en los que leemos como estos utilizan distintos ardides para evitar que los mortales adviertan su presencia, bien sea corriendo un tupido velo que impida su visión directa a los unos o llevando a la confusión e incluso a la locura a otros.

El anfiteatro de Éfeso, con un evidente parecido al perfil de la Dama. | CEDIDA AUTOR

El anfiteatro de Éfeso, con un evidente parecido al perfil de la Dama. | CEDIDA AUTOR / EduardoLledías

Esto, que podría parecer para muchos una mera ficción, tiene su correspondencia en los días actuales.

IDENTIDAD DE LA DAMA DE ELCHE

IDENTIDAD DE LA DAMA DE ELCHE / EduardoLledías

En efecto, si ustedes leen la información disponible sobre la Dama de Elche en distintas instituciones, uno se queda perplejo de las conclusiones que allí se exponen, pareciéndome a mí que esos dioses siguen haciendo de las suyas, pues resulta incomprensible el que tantas personas estudiadas sigan aun defendiendo extrañas hipótesis que no cuentan con ningún punto de apoyo. No es de recibo que pasados más de cien años desde su descubrimiento se siga aún sosteniendo que la representada se trata de una mujer. Tampoco es de recibo el que aún se siga confundiendo al personal con un término tan ambiguo como el de íbero, para añadir a continuación que su tallista tenía un origen griego sin mayor explicación. El colmo del disparate llega cuando nos indican que esos discos que vemos a los laterales de la cabeza de la dama tenían como función el recoger su pelo, resultando patente que eso deviene imposible por cuanto esos discos no disponen de los huecos que permitirían ejercer esa función. Creo que ya va siendo hora de poner un poco de orden en todo esto, sin duda ustedes necesitan de una explicación mucho más racional.

Comenzar a estudiar un objeto arqueológico necesita imperativamente el comenzar por conocer el contexto geográfico-histórico en que este fue hallado y es por ello que es menester que les explique en primer lugar que esa costumbre de englobar bajo el término íbero a todos los pueblos y naciones que vivieron en la vertiente mediterránea española de origen desconocido, tan sólo nos indica que aquél que lo utiliza no ha dedicado estudio alguno sobre este asunto. En efecto, bajo el término íbero se esconden distintos pueblos procedentes de África, Asia y Europa que convivieron con los pobladores ancestrales de este área con unas costumbres y un lenguaje bien diferenciados. Afortunadamente, este área concreta de nuestra costa está muy referenciada por los autores antiguos -les recomiendo que lean mi estudio sobre la geografía de Avieno- por lo que podemos determinar con seguridad que quienes allí vivieron por el tiempo en el que se data esa escultura eran colonos de origen massaliota, esto es, gentes pertenecientes a la liga jonia que para el caso de Iberia tenían un componente predominantemente focense, pueblo que como muchos otros de esa liga cargaron a sus dioses en sus naves para abandonar su país coincidiendo con la invasión de diversos pueblos orientales.

Sobre este área massaliota nos hablan dos historiadores de época romana en sendos textos que les reproduzco:

- Plinio «Las Pitiusas...... distan de Dianium setecientos estadios, distancia igual a la que separa a Dianium de Cartago Nova».

- Strabón: «Entre el Sucro y Cartago Nova hay tres establecimientos de los massaliotas.... el más conocido de todos es Hemeroscopión que cuenta con un santuario muy venerado de la ARTEMIS EFESIA.... se llama Dianio, que es lo mismo que Artemisio y existen unas minas, unos islotes y un gran lago».

Textos en los que vemos que Plinio confunde la información de dos de sus fuentes, ya que, la distancia real entre Cartago Nova y la Dianio más cercana a las Pitiusas es de mil cuatrocientos estadios, pero que podemos corregir gracias a Strabón quien nos aclara que existía una segunda Dianio que contaba con las mismas islas y el mismo lago que los existentes en el entorno de Elche. Además, nos añade este segundo autor que en ese Dianio romano o Artemisio jonio existía un importante santuario dedicado a la Ártemis efesia, una diosa que dada las características excepcionales en su talla no es difícil deducir que debería tratarse de nuestra dama.

Bien, conocido lo anterior, toca estudiar un tanto al personaje y el entorno histórico en el que se talla esa estatua, aproximadamente entre los siglos VII a.C. y VI a.C.

Por aquellos tiempos, los hombres tenían una concepción espacial distinta a la nuestra. Concretamente según la percepción griega, el elemento tierra estaba presente en dos espacios físicos que se conformaban como dos discos planos: la tierra y el cielo, conclusión a la que seguramente llegaron fácilmente de observar que periódicamente caían grandes piedras -meteoritos- de ese segundo espacio. En el plano mitológico, sabemos que esos dos discos están presentes en la leyenda de Urano, cuyos genitales -que son esos discos- fueron cortados por su hijo Cronos, y también que uno de sus hermanos -Ceo Polos- pasó a portar el disco que representaba la bóveda celeste sobre su cabeza, pasando el disco que representaba la tierra a Febe, esposa del anterior..... y ambos eran los abuelos de Ártemis.

En conclusión, no resulta extraño el que esos discos representaran eso mismo en la estatua de Elx, discos que como vemos muy convenientemente presentan esos dos tajos en sus extremos, secuela de esa castración divina.

Creando una oquedad a su espalda para quemar algún tipo de ungüento

Recapitulemos. Tenemos unos «rodetes» que no son tales, puesto que no observamos que sus casilleros estén horadados para permitir recoger el pelo, y si en cambio una leyenda que nos indica exactamente lo que representan esos discos con correspondencia arqueológica en la futura Diana romana, quien en su caso llevaba la luna sobre su cabeza. Además sabemos que Febe era la titánide del brillo, función que hereda su nieta, llamada la portadora de la luz en una inscripción encontrada en Anatolia, y quien muy convenientemente es tallada para potenciar los efectos lumínicos, creando una oquedad a su espalda para quemar algún tipo de ungüento e insertándole unos ojos hechos de una pasta vidriada que permite reflejar con potencia la luz situada frente a ella, creando un juego de luces espectacular. Tenemos por añadido una situación de Hemeroscopión muy precisa –a setecientos estadios de Cartago Nova- y por último -y aquí vemos algo si cabe mucho más interesante- observamos que esos discos presentan tres bandas de casilleros iguales a aquellos que nos encontramos en el anfiteatro de Éfeso, lugar en el que sin duda se encontraba esta estatua presidiendo ese escenario previo a ser desplazada hasta Iberia y más concretamente en un lugar elevado detrás de los actores, tal como sabemos por otro testimonio de la época.

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