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25 años de todo un hito para Elche

Hace un cuarto de siglo se puso, en lo que era un total descampado, la primera piedra de la Universidad Miguel Hernández. Jesús Rodríguez Marín, Diego Maciá y Emilio Cano rememoran la ilusión, la responsabilidad y el desafío de aquella época

Sobre estas líneas, los entonces presidente Zaplana y conseller Camps, el día de la primera piedra. Arriba, reunión en abril de 1997 con un plano de los terrenos. Abajo, el campus en 1998. | INFORMACIÓN

Algunos de los protagonistas de aquella jornada tan especial recuerdan, un cuarto de siglo después, el ambiente de crispación política que había, la seguridad de que se estaba ante un hito no solo para Elche y, también, la responsabilidad y el desafío sobre las personas responsables de llevar a buen puerto el barco, así como las inevitables dudas de si todo lo que significaba el proyecto saldría adelante viendo en aquel entonces el inmenso descampado en el que se alumbraba la institución académica ilicitana.

25 años de un hito para Elche

«Recuerdo esa sensación de enfrentarnos a un desafío permanente, verdaderamente importante». Las palabras son de Jesús Rodríguez Marín, primer rector de la UMH, quien más que esa fecha recuerda otros momentos anteriores, como el día que visitaron los terrenos donde podía ir la UMH. «Aquello era un terreno vacío y pensaba: esto hay que articularlo, tenemos que tirar para adelante». O también aquella primera visita de la directora general de Universidades (entonces Carmen Martorell). «Lo recuerdo como una fotografía fija porque era un vacío que teníamos que construir en un tiempo récord», señala.

25 años de un hito para Elche

Y es que a finales de mayo de 1997 se empezó a levantar el primer aulario para que, en octubre de ese mismo año, comenzaran las clases.

«Era un desafío con un cierto nivel de ansiedad», reconoce Rodríguez Marín, quien destaca que La Galia se construyó en solo cuatro meses. «El día de la primera piedra me preguntaron: ¿Qué piensas? Y yo me decía: sí, sí, esto está hecho. Y me daba ánimos hacia mí mismo. Había que confiar». Y es que las dudas eran inevitables para todos.

El que fuera el primer máximo responsable de la institución académica trae también al presente el recuerdo de cómo en una visita para ver el avance de las obras de La Galia levantaban un muro justo por donde acababa de entrar. O cómo el segundo edificio del campus, Altabix, se ocupaba a medio construir.

Emilio Cano, el primer presidente del Consejo Económico, lo que luego tenía que ser el Consejo Social de la UMH, se muestra por su parte rotundo sobre aquella jornada hace un cuarto de siglo: «No se olvida ni en 25 ni en 250 años». Y en este sentido apunta: «Era un proyecto importantístimo para Elche y, sin embargo, arriba, abajo, a derecha y a izquierda no había nada, era verte en un sitio absolutamente descampado. Teníamos una tremenda responsabilidad».

El empresario, quien señala que su nombramiento se debió a la insistencia y respaldo de Unión Valenciana, aunque se demoró más de la cuenta, reconoce que reflexionaba: «Ya era hora de que se hiciera esto, que se tuviera la atención de hacer una cosa importantísima en Elche».

Y también evoca cómo, sin conocer de nada a Rodríguez Marín, ambos conformaron un tándem inquebrantable, donde, por ejemplo, el industrial ponía su coche para los innumerables viajes a València con el fin de reclamar a la Generalitat los medios humanos, materiales y económicos que hacían falta en una cuenta atrás de infarto.

No en vano, la ley de creación de la UMH data de 27 de diciembre de 1996 y su primer curso fue el del 97-98, con cerca de 3.500 estudiantes entre los tres campus, sin incluir Altea. «Orihuela era el más trabajado, pero en Elche había unos 1.700 matriculados y había que meterlos. Empezamos con doble turno», relata el catedrático emérito de Psicología de la Salud.

El entonces alcalde de Elche, el socialista Diego Maciá, pone el foco en aquel momento en que se aprobó la creación de la UMH. «Era comprobar que se daba el primer paso firme para ese hecho importante que iba a trastocar sin duda la ciudad desde el punto de vista social, económico y académico».

Realidad lo imaginado

«Cuando llegó el día de esa primera piedra, que es cuando se materializa ese inicio, ya había más información sobre las titulaciones, ya había inversiones, se había trabajado con la Universidad y, en definitiva, se materializaba en parte lo que todavía era el proyecto. Iba a ser una realidad todo lo que se había diseñado e ideado en colaboración con la comisión gestora», apunta Maciá.

Y es que la comisión gestora fue el órgano de gobierno provisional que se creó para poner en marcha la nueva universidad bajo la tutela de la Conselleria de Educación.

Emilio Cano se queda con esa «satisfacción permanente y vitalicia cuando se hacen las cosas con cariño y dedicación. Los equipos han funcionado y he tenido la gran suerte de participar en ese proyecto, porque valía la pena». Y deja caer: «La Fórmula 1, la Ciudad de la Luz, Terra Mítica... todo eso más o menos se ha ido al traste. El único proyecto que siempre ha aguantando bien ha sido la UMH».

Y es que a la colocación de la primera piedra no podía faltar el entonces presidente de la Generalitat, Eduardo Zaplana, ni su conseller de Educación Francisco Camps. La UMH había nacido en medio de una gran crispación política y académica, y eso se respiraba en el ambiente.

«Se nos ayudó bien por parte de la Politécnica de València y de la Universidad de Alicante (universidades de las que se segregaron carreras para integrarse en la UMH) con (Andrés) Pedreño (entonces rector de la UA) y nos echaron una mano», afirma Rodríguez Marín, quien defiende que en todo momento hubo un «diálogo fluido con Andrés Pedreño, independientemente de las posturas».

Al margen de la crispación, Diego Maciá relata que tenía muy claro que iba a ser un hito: «Ponía a la ciudad en el mapa nacional e internacional». «Por otra parte, sabíamos que iba a ser una oportunidad para que muchas personas pudieran acceder a la enseñanza superior sin abandonar la ciudad. Y a nivel social era un proceso para un cambio desde el punto de vista cultural, social y educativo», agrega.

En cualquier caso los tres coinciden en que, pese a las trabas que hubo, finalmente la ilusión y el esfuerzo hicieron posible algo que ha terminado por superar las expectativas que había aquella jornada histórica. «Era como un desafío que íbamos a poder afrontar, y con esa confianza salió bien. Fueron días de mucho estrés. Visto ahora, lo que tienes es una especie de satisfacción», concluye Rodríguez Marín.

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