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«Antes no había demoras porque el paciente entendía que ibas como loco para atender a todos»

Los profesionales cuentan cómo se ha transformado el sistema sanitario en estas décadas cuando la burocracia era mínima y lo que valía era el turno que se guardaba entre vecinos

Pedro y José Ramón Gené García, a las puertas del consultorio médico de Torrellano, esta semana. | ANTONIO AMORÓS

Ambos profesionales recuerdan que en los primeros años de carrera la configuración de la atención sanitaria era completamente diferente ya que «tanto trabajabas tanto ganabas, esa era la manera en que estaba montado, y aquí (Torrellano) cada vez había más habitantes, y si eras capaz de hacerlo tu sueldo se veía beneficiado», resalta Pedro Gené.

En este sentido, entienden que hace unas décadas, cuando no existía centro de salud de referencia cerca, los medios eran muy rudimentarios porque no existía la digitalización y los pacientes venían con análisis y radiografías en la mano, de igual forma que no existía el sistema de citas actual, por lo que todo dependía también del buen hacer de los usuarios, que se iban guardando el turno, y de los médicos.

Explican que directamente no había demoras porque «veíamos todo lo que venía cada día. Los pacientes guardaban un orden y entendían que ibas como un loco para atenderlos a todos, y tú entendías que tenías que verlos», apostillan.

Explican que a las 7.45 horas ya estaban pasando consulta «y eran las 15.30h algunos días y no habíamos terminado, y veníamos prácticamente todos los sábados». Reconocen que muchas veces se sintieron desbordados teniendo en cuenta que sólo eran dos médicos y un pediatra, cuando en la actualidad la dotación de personal se ha multiplicado por siete, porque también se ha doblado la población.

Sobre la situación de la Atención Primaria, entienden que no está denigrada y que, a pesar de cualquier adversidad, es «mucho más cercana al paciente que la atención especializada del hospital». Sobre la última prueba de fuego que tuvo la Sanidad con la pandemia de coronavirus, ambos hermanos señalan que la crisis sanitaria fue «un revulsivo para saber donde estamos».

De un día para otro tuvieron que aprender algo que nunca les enseñaron en las aulas, que era tratar a un paciente en la distancia, porque así lo exigían los protocolos sanitarios, una situación que dejó los consultorios vacíos y pesar de que el trabajo seguía, aunque no fuera visible por el paciente.

Entienden que en ciertos casos podría haberse mantenido la presencialidad «como habíamos hecho muchas veces con enfermedades contagiosas como la hepatitis B o el Sida o como habían hecho los enfermeros con las agujas hipodérmicas.

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