San Antón: un barrio por renacer
La población en el sector del patrón de los animales cae un 13,5% en una década por falta de vivienda y comodidades

Una vecina se pasea entre un edificio en plena construcción y una promoción antigua de viviendas en San Antón. / Áxel Álvarez
«Mi familia venía de Málaga cuando mi hermana tenía un año, ahora tiene 69. Al principio las mujeres se bajaban a coser al portal, las puertas se quedaban abiertas y ahora eso no se puede hacer. San Antón era como una familia pero ha cambiado mucho». Elena es una de esas vecinas que tiene la experiencia suficiente como para hacer un retrato del antes y el después de su barrio, que pese a tener un origen muy humilde, tuvo cierta época dorada allá por la década de los ochenta. Ahora esta vecina y otras señalan los carteles de aviso de edificios en ruina, o miran a los pisos que hay tapiados por riesgo de ocupación ilegal, ya que asegura que hay muchas personas viviendo en estas condiciones.
Digamos que San Antón se encuentra entre la degradación y la lenta espera de renacer con los nuevos bloques, en sustitución de los antiguos que tienen problemas estructurales. El plan de renovación urbana de Pimesa planea derribar 14 de los 16 bloques existentes y se construirán otros 14 con mayores alturas. En el año 2017 empezó la ocupación de las 74 viviendas del primero de ellos, que quedó tapiado, y esta semana el equipo de gobierno fijó para verano el derribo de los cuatro primeros.

Vecinos concentrados a las puertas de uno de los pocos bares que quedan en el barrio de San Antón / Áxel Álvarez
Esta residente, que volvió para estar cerca de su madre, vive en el bloque 6, pendiente de derribo, pero no sabe la fecha de desalojo y le duele que tras haber pagado 25 años de hipoteca, asegura, todavía desconozca cómo costeará el piso social que le ofrezca el Ayuntamiento.
Población
San Antón ha perdido el 13,5% de población en una década, con lo que se posiciona como el barrio que más ha decrecido de toda la ciudad. Ha pasado de tener 2.307 habitantes censados a 1.761, según el padrón de 2012 y 2022 respectivamente. Si bien, la situación es más dramática si se compara con hace medio siglo, cuando llegaron a vivir más de 3.700 personas, la mayoría migrantes de otras comunidades autónomas como Andalucía que salieron de su tierra en busca de trabajo en la construcción y el calzado. La población ha caído a la mitad en todo este tiempo ya que al no existir más oferta los jóvenes optaban por irse a otros barrios cuando se independizaban, lo que ha provocado un envejecimiento paulatino de los habitantes que ha ido unido al deterioro de las propias viviendas. Al arranque de siglo empezaron a llegar los primeros inmigrantes extranjeros que hoy representan un 14% del total, la mitad procedentes de Marruecos, apunta el Ayuntamiento. La población ha envejecido mucho sin que sea, por ahora, un barrio tentador para que jóvenes, en masa, quieran asentarse.

Una de las calles del barrio con el colegio al fondo / Áxel Álvarez
En una isla
Sus residentes tienen la sensación de que se ha quedado como en una «isla» en medio de un océano de expansión. Y es que el tradicional barrio, que estos días está de celebración entorno a la parroquia y la ermita por las fiestas patronales en honor al patrón de los animales, se encuentra entre Altabix y Travalón, dos sectores en continuo crecimiento, lo que en cierta manera le ha ayudado a compensar los escasos servicios que de por sí tiene el barrio en la actualidad, porque sus vecinos recuerdan que hace décadas «eran todo tiendas y los parques llenos de niños».
Negocios
Un indicador claro de que la zona ha ido en regresión en las últimas décadas es que de 17 bares han pasado a estar operativos sólo dos. Albadalejo Sánchez regenta «Bar Penalti», una de las cafeterías más populosas y antiguas, de 1962. Por las mañanas el negocio está de bote en bote de vecinos que incluso se desplazan de otros barrios. Trabajadores, jubilados jugando al dominó, los fieles en la barra. Ese es el ambiente. Pero al salir de estas cuatro paredes la realidad es otra. Caminando por calles paralelas hay un reguero de carteles de establecimientos que en su día fueron el pan de varias familias y ahora no son nada, sólo letreros opacados por el tiempo y persianas bajadas. Resisten negocios que se cuentan con dos manos como alguna tienda de ultramarinos, farmacia, joyería o estanco.
«Llegué en el 61 y sólo estaba el bloque 5, 6 y 8, lo demás lo he visto sin hacer, las calles sin asfaltar, el autobús llegaba solo a la gasolinera de Altabix, para ir al centro andabas por los Palmerales, había una vaquería» recuerda Leonor Navarro, presidenta de la asociación romería de San Antón. Aunque ella ya no vive allí y su madre tampoco, que llegó a tener en el barrio tienda de comestibles y hace años se marchó por problemas de movilidad, siguen teniendo en propiedad un local y su hijo decidió establecerse en el barrio, con lo que la familia permanece vinculada. Entiende que el patrón de los animales y la fiesta a su alrededor hacen que se mantenga vivo el espíritu de unión.

Negocios cerrados y calles con pintadas pidiendo la rehabilitación del barrio / Áxel Álvarez
Expone que en San Antón «se ha vivido muy bien y se vive bien, pero la gente aspira a tener mejor calidad de vida» de ahí que gran número de residentes que pudieron costeárselo optaron en su día por irse a vivir a zonas, sobre todo colindantes, como el campo de fútbol o nuevo Altabix, que han crecido exponencialmente en los últimos años porque ofrecen pisos de más de 60 metros.
Aunque llegan a vivir terceras y cuartas generaciones de los primeros pobladores otra parte pasaron fugazmente por el barrio como Apolonia Arrollo, que en los ochenta, de niña cuando tenía 14, fue a vivir con su tía a una planta baja y meses después vino su padre de otra parte del país. Eran seis y terminaron yéndose a un piso a la Plaza de Barcelona.
«Creo que si a la gente le vas quitando servicios al final se va, y mucha gente no quería dejar su casa, el problema que ha tenido este barrio es que ha estado ubicado en el sitio por donde se vino expandiendo Elche, y el terreno empezó a costar más dinero porque ves que estamos rodeados de chalets, y en medio San Antón» señala la joven Andrea Alborch mientras manda a arreglar unos pendientes en la joyería Olga, la única de la zona, con más de medio siglo, cuyos propietarios también viven en el barrio y notan que la clientela ha bajado porque la gente es más mayor ven complicado captar nuevos compradores.
Segunda generación
Gustavo Martínez despacha simpáticamente a las cientos de personas que llegan a pasar a lo largo del día por su estanco. Es la segunda generación, y con orgullo recuerda cómo su padre, Eusebio Martínez, montó el negocio en 1964, convirtiéndose en uno de los más antiguos que quedan en pie en San Antón.
Días para una romería que atrae a miles de fieles de todas partes
Las fiestas de San Antón arrancaron este sábado con el pregón a cargo de la profesora de Ciencias Políticas de la UMH Victoria Rodríguez y la actividad continuará el miércoles, 17 de enero, con una cohetá por la mañana y un concurso de dibujos y modelaje para los más pequeños por la tarde, así como la celebración del primer triduo y misa en recuerdo de los difuntos del barrio. El jueves por la tarde habrá un pasacalle a cargo de la comisión de fiestas y el sábado por la mañana será la tradicional chocolatada en la Plaza de la Iglesia, a cargo de la asociación de vecinos. A las 18 horas será la procesión, a las 20 horas la misa y a las 21 horas se lanzará un castillo de fuegos artificiales mientras a la medianoche se encenderá la hoguera en los aledaños de la ermita. El domingo, 21 de enero, será el día grande. Tras la misa, sobre las 9.30 horas, el santo saldrá en romería hasta su ermita. Será sobre las 12 horas cuando la imagen del santo regresará a la parroquia y después se bendecirán animales junto a la rifa de la hucha del cerdo. A las 19:30 horas se tirará la traca final de fiestas.
Tanta historia que incluso donaron al Museo de Pusol el cartel originario. Ahora este punto de venta de tabaco tiene ajetreo continuo de trabajadores de alrededores, y más ahora en plenas obras del nuevo centro social a escasos metros. Entre cliente y cliente este trabajador responde que dejar de ofrecer paradas de autobús urbano en el interior del barrio y cambiar la ubicación del mercado de los sábados «puede parecer una bobada pero fueron una puntilla para la vitalidad del barrio».
Mari Ángeles Olivares, otra vecina, lamenta que se ha perdido aquella hermandad que se respiraba y que el barrio empezase a caer en picado, por lo que espera un día mirar a los lados y decir que ha renacido.
- Estos serán los conciertos de las Fiestas de Elche en la Barraca Municipal de la UMH
- No me dijeron esto antes de comprarme una casa en Gran Alacant': el tuit que ha abierto un melón
- Arenales del Sol estrenará en julio su primer supermercado
- Un profesor se cuelga de un puente de Elche para exigir a Llorca que reanude la negociación con los sindicatos
- La pasarela que une un barrio: Elche estrena con una fiesta vecinal la infraestructura que salva las vías del tren en Altabix
- La red de canales permite a la nutria asentarse en El Hondo de Elche tras décadas desaparecida en Alicante
- Elche homenajea a 26 mayores de 90 años y dos centenarios
- Un descuido en el baño de una discoteca de Elche...y 400 euros desaparecidos


