Una Noche de San Juan de contrastes en las playas

Los mayores picos de afluencia se viven en Santa Pola y Torrevieja al permitir las hogueras y en Elche y Orihuela la atención se pone en prevenir las fogatas

J. R. Esquinas

J. R. Esquinas

Han pasado ya tres años desde que ciudades como Elche prohibieron hacer hoguera en las playas en la Noche de San Juan y todavía hay multitud de personas que siguen sin acostumbrarse a prescindir del fuego. La muestra volvió a quedar clara este 23 de junio cuando miles de personas tomaron el litoral para pasar una velada entre familia y amigos, pero las aglomeraciones en el Baix Vinalopó y la Vega Baja sobre todo se dieron donde estaban autorizadas las fogatas para seguir con el ritual de «quemar lo malo» para que venga lo bueno. Fue el caso de dos tramos de playa en Santa Pola y cuatro arenales de Torrevieja donde la afluencia fue máxima. 

Algo más moderada fue la asistencia en los kilómetros de costa ilicitana. Desde primera hora de la tarde se sucedieron diferentes controles de tráfico a la entrada a la pedanía desde la ciudad y en las inmediaciones del Clot de Galvany. Un total de 45 policías locales se desplegaron principalmente en las playas de El Altet, Arenales del Sol, Carabassí y La Marina. Hubo puntos de control de acceso en las pasarelas para evitar que nadie entrase con artículos inflamables o con maderas para encender fuego, y sobre las 18 horas se cerró el camino del Carabassí donde se prohibió el aparcamiento, mientras que se cortó el acceso por el Cabo desde la playa de la Ermita a Arenales.

El operativo en Elche se estableció en coordinación con el cuerpo de Policía Nacional, Guardia Civil, así como los cuerpos de Policía Local de las localidades limítrofes y Protección Civil, mientras que también se desplazaron bomberos del consorcio provincial para estar alerta ante cualquier conato de incendio, y la unidad de medios aéreos de la Policía Local reforzó la seguridad con vigilancia en las alturas a través de drones. A pie de playa el ambiente fue pacífico y muy familiar pero el hecho de que no pudieran encender fuego alimenta que una parte abandone el lugar sin esperar a altas horas de la madrugada cuando las temperaturas bajan. 

Autobuses

Para llegar a las riberas habrá una línea de autobús hasta la madrugada y en las entradas a las pedanías costeras se formaron largas retenciones de vehículos por los controles. En lo que los agentes más se fijaban era en si los conductores iban bajo los efectos del alcohol y si entre sus pertenencias llevaban botellas de vidrio, que estaban completamente prohibidas en el acceso a la arena. También se supervisaba que no hubiera nadie con capazos con leña, hasta el punto que en algunos casos se tuvieron que requisar kilos de madera ante quienes creían que podrían encender fuego, y es que en apenas pocos kilómetros de diferencia la normativa era completamente diferente.  

En Santa Pola el Ayuntamiento habilitó un tramo de la playa de Levante y Gran Playa para encender hogueras, quedando prohibida esta práctica fuera de las zonas delimitadas, con lo que el cuerpo de seguridad municipal de la villa marinera y la Guardia Civil también se afanaron para que se cumplieran las restricciones, retiraron carros con troncos de grupos de jóvenes en zonas no autorizadas ya que hubo quienes hicieron el amago de encender el fuego fuera de los espacios habilitados para huir de la masificación. 

El equipo de gobierno de la villa marinera ya alertó días antes de que se pondría coto materiales con clavos o cristales. De igual forma, también prohibió que se tirasen petardos y que se soltasen farolillos voladores para evitar cualquier incendio, de la misma forma que el hecho de autorizar las hogueras no dieron pie a que todo valiese, ya que tampoco estaba permitido hacer brasas en la playa, con lo que únicamente se autorizó comer alimentos precocinados. El control también se ciñó sobre el Cabo, donde están las calas naturales, para atajar cualquier intento de prender hogueras en zona de monte público. 

Vega Baja

En la Vega Baja las ganas por disfrutar de un rato de buen rollo también se notaron. En Pilar de la Horadada y Guardamar del Segura la conservación ambiental primó con lo que se protegió la costa de hogueras y macrobotellones

Torrevieja, por su parte, y fiel a su estrategia de dejar hacer al turismo lo que considere -con dispositivo de seguridad de por medio-, permitió un año más que se pudieran hacer fogatas e incluso fomentó la tradición aportando 15 toneladas de madera de pino y mimosa que no deja residuos.

 Hubo un control de acceso en las cuatro playas y un despliegue de medios importante para mantener la seguridad -sobre todo echando mano de Protección Civil- y de limpieza especial para que hoy los arenales estén impolutos. La estampa en algunos rincones como la pequeña playa urbana del Cura era la de una «macrobarbacoa» con multitud de hogueras prendidas por familias que saltaban incluso con collares de hawaiano. También pidieron sus mejores deseos sobre el fuego en las playas de La Mata, Los Locos y Los Náufragos, donde la afluencia también fue máxima. 

Mientras tanto el Ayuntamiento de Orihuela, que ha visto cómo el fuego arrasaba 10 hectáreas de la pinada de la Dehesa de Campoamor hace sólo unos días ya recordó que las hogueras estarían nuevamente prohibidas en esta noche mágica. En definitiva, una de las noches más icónicas del año que se vive con una intensidad diferente según cuál fuera el lugar escogido del litoral.