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El cerco al botellón en Elche: menos actas por alcohol y refuerzo de la Policía Local en las barracas

Medio centenar de agentes han velado estos días por la seguridad en el Racó y la barraca de la UMH, y el dispositivo se reforzará este fin de semana, alcanzando su cénit la Nit de la Roà

Así es el dispositivo especial de la Policía Local por las fiestas de Elche

Áxel Álvarez

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María Pomares

María Pomares

Madrugada del viernes. Pasan unos minutos de las doce de la noche. Un equipo de la Policía Local ha localizado a unos chavales con actitud sospechosa en la zona habilitada para la salida en el Racó de Ocio situado en el Paseo de la Estación durante las Fiestas de Agosto de Elche. Empiezan los cacheos... Premio. Efectivamente, encuentran sustancias estupefacientes. En el otro extremo del recinto, donde está la entrada, otro grupo de agentes hace lo propio, al igual que los compañeros que se encargan de controlar el Parque Municipal, o los que están destinados en la barraca del parking de la UMH

A esas alturas, la Unidad Canina ya ha dado alguna que otra vuelta por la estación de tren, aunque también va al apeadero de Carrús. Hay mucha gente que viene a las Fiestas, sobre todo de la Vega Baja, y es preciso controlarlo todo y hacer un primer filtro. También ahí han encontrado ya a alguna persona que llevaba algo de droga encima, y ahora el perro trata de hacer lo propio en las zonas en las que se concentra el ocio. Mientras, los agentes de la Policía Local que van en las motos se van moviendo de una barraca a la otra, y hay controles de alcoholemia en distintos puntos de la ciudad. Medio centenar de agentes sólo entre el Racó y el recinto de la UMH en la madrugada del viernes, dentro de un dispositivo que se reforzará durante el fin de semana, cuando la afluencia irá a más, y que alcanzará su cénit la Nit de la Roà por motivos obvios.

Las intervenciones

En cualquier caso, el resultado de la madrugada del viernes: 38 actas por alcohol a mayores de edad; cuatro por venta de alcohol a menores; 26 por estupefacientes; dos por portar arma blanca; tres intervenciones en peleas; un detenido; una alcoholemia administrativa y una prueba de drogas. El día anterior, coincidiendo con el pregón, y con más movimiento de gente, quizás porque en la barraca actuaba Lori Meyers, hubo 15 actas por drogas, 29 por alcohol y dos por armas, además de cuatro detenidos y dos peleas.

El origen

El Ejecutivo de PP y Vox decidió el año pasado poner coto al botellón. Cerró el parque Jaume I y los huertos anexos para frenar el consumo de alcohol de jóvenes y de menores en la calle, y eso se mantiene. Con ello, por un lado, se ha conseguido que las actas por botellón caigan de forma considerable. José Eugenio Medina, comisario de la Jefatura de Elche, asegura que no manejan datos oficiales, pero que, perfectamente, desde que se puso en marcha esta medida, las actas por consumo de alcohol se pueden haber reducido a la mitad.

Por otra parte, el hecho de no tener que desplazar a agentes a los puntos calientes de botellón ha permitido que los efectivos puedan dedicarse a las barracas y a las zonas de ocio más concurridas. Una labor preventiva y de disuasión que también está dando sus frutos, hasta el punto de que se registran menos infracciones de otro tipo por esa mayor presencia policial permanente esos puntos, sobre todo peleas. «Con esta ya van cuatro veces que me paráis», le dice un chico a uno de los agentes que le ha dado el alto para el cacheo de rigor.

Los policías locales, durante uno de los registros llevados a cabo junto al Racó de Ocio, pero fuera del recinto.

Los policías locales, durante uno de los registros llevados a cabo junto al Racó de Ocio, pero fuera del recinto. / Áxel Álvarez

Más de fuera

De hecho, a muchas de las personas a las que se le levanta acta por consumo de alcohol ni siquiera son de Elche. «La gente de aquí empieza a estar más concienciada, y normalmente se suele dar en los casos de las personas que vienen de fuera y aprovechan el lugar donde han estacionado para beber», apunta el inspector Antonio Mira Cayuelas. En este sentido, añade que el contacto con Urbaser y con las brigadas municipales es permanente, de manera que, si a la mañana siguiente localizan restos de botellón, la Policía esa noche se desplazan hasta el lugar para tratar de poner freno a esta situación.

En grupos

No en vano, el funcionamiento del operativo no es casual. Siempre se trabaja en grupos y, en caso de intervención, unos agentes hacen los registros y otros vigilan, haciendo un semicírculo, para que no haya interferencias por parte de otras personas. Todo está medido al milímetro. Tanto que durante el año se imparte formación en este sentido para que todos los efectivos tengan claro cuál es su papel cuando llegan las Fiestas de Agosto. 

Las drogas

Así las cosas, por ejemplo, el equipo destinado a la entrada del Racó de Ocio, donde es posible ver a menores de edad y a otros que apenas la acaban de alcanzar así como a familias, hace de prefiltro. Pone el foco sobre todo en la posesión de armas y de drogas. Hachís es lo que más se interviene, junto a marihuana, aunque también se detecta algo de droga sintética, como la denominada «cocaína rosa» o «tusi», detalla el comisario José Eugenio Medina . Eso sí, suelen ser posesiones pequeñas, que, en cualquier caso, acaban en una sanción administrativa y 600 euros.

El perro de la Unidad Canina, por la barraca del Paseo de la Estación.

El perro de la Unidad Canina, por la barraca del Paseo de la Estación. / Áxel Álvarez

El interior

Mientras, en el interior, también se prioriza eso, pero, al mismo tiempo, se trata de controlar a grupos que tienen conductas incívicas o que están molestando a otras personas o a quienes, por el motivo que sea, pueden tener un comportamiento sospechoso. Todo, además, con dos objetivos preferentes dentro y fuera de los recintos: jóvenes solas y menores de edad, sobre todo si están ebrios, para evitar que se puedan ver en problemas.

El dispositivo comienza en torno a las nueve de la noche, cuando llegan los primeros vehículos y empiezan las inspecciones en el Parque Municipal, y a las diez de la noche ya están todos los agentes en la zona, una hora antes de la apertura de la barraca. Entre ellos, el contacto es permanente durante toda la noche, y la colaboración con la Policía Nacional, total y absoluta, señala Antonio Mira Cayuelas. El operativo acaba cuando se cierra la barraca, a las seis de la mañana. La Policía Local también es la encargada del desalojo si queda algún rezagado o rezagada. «Cuanta más policía, menos actas y, además, si desde el primer día ven presencia policial, las siguientes noches llevan más cuidado», relata el inspector.

También en la barraca de la UMH

Una filosofía que se mantiene también en la barraca del aparcamiento de la UMH, como es lógico, aunque allí la principal preocupación es la del aforo, sobre todo coincidiendo con determinados conciertos, como el de Juan Magan & DJ Nano, previsto para este viernes. El aforo allí es para 8.000 personas, frente a las 1.500 del Racó, y, según explica Medina, el problema no es tanto en el momento del concierto como después, cuando se complica lo de controlar los accesos por la gente que va saliendo y la que desea entrar. Aún así, también la colaboración con la seguridad privada de ambos recintos es fluida, admiten los mandos policiales.

Los agentes, en una de las puertas del Racó de Ocio.

Los agentes, en una de las puertas del Racó de Ocio. / Áxel Álvarez

Engranaje

Todo en el marco de un engranaje, el de la Policía Local, muy enfocado estos días en la prevención para evitar males mayores... Por seguridad y porque, pasado el día de la Maredéu y llegue el momento de hacer balance de las Fiestas de Agosto, contará la espectacularidad de los desfiles, la afinación de la voces del Misteri o cómo ha sido la Palmera de la Virgen, pero también pesará, y mucho, que no haya habido incidentes graves.

Pablo Ruz: «Beber en la calle es cosa del pasado»

El alcalde, Pablo Ruz, también tiene las competencias en materia de Seguridad Ciudadana y no se puede mostrar más contundente. «No podemos fomentar ni mirar para otro lado con el consumo de alcohol. Beber en la calle, sin control y sin limitaciones de edad, ya es cosa del pasado. Poner coto al botellón es una decisión que han tomado todos los municipios de nuestro entorno. Hemos llegado tarde, pero hemos llegado», señala. De hecho, indica que «tenemos el deber de proteger a nuestros jóvenes, aunque a veces suponga tomar decisiones que no son capaces de entender, pero lo entenderán cuando vean las cosas con la perspectiva del tiempo». Finalmente, sentencia que, «para este Gobierno, la seguridad es sinónimo de libertad para poder disfrutar de nuestras fiestas sin preocupaciones», y pone en valor el hecho de que, «al no tener tantos efectivos concentrados en zonas de botellón, podemos hacer una mejor organización de los mismos».

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