La Acequia Mayor de Elche comienza la recuperación en sus azarbes del chopo ilicitano
La comunidad planta medio centenar de ejemplares en las dos únicas semanas del año propicias para que echen raíces con garantías.

Plantación de chopos ilicitanos por la Acequia Mayor del Pantano de Elche / INFORMACIÓN
La Comunidad de Propietarios de la Acequia Mayor del Pantano ha comenzado esta semana la repoblación del chopo de Elche, chopo ilicitano, álamo del Eufrates o Populus Illicitana, como se prefiera, una especie endémica que había ido desapareciendo de las acequias y azarbes donde se conocía desde tiempos inmemoriales y con un origen que, como no puede ser de otro modo, para muchos es un misterio pues este es un árbol de hoja caduca, muy conocido en Asia y Norte de África del que nadie sabe cuándo y cómo acabó bañado por las aguas del río Vinalopó porque no se conocía hasta hace una década más lugares donde crecieran. Ahora está en Murcia.
El presidente de la comunidad, Francisco Picó, asegura que uno de sus objetivos al llegar al cargo era la recuperación de esta especie tan ilicitana, de la que quedan muy pocos ejemplares cubriendo los taludes de la acequia a las que, asegura, «da consistencia sus raíces horizontales sobre tierras arcillosas. Son una simbiosis: el chopo vive del agua y la acequia se conserva gracias a él». Muy poco se sabe de esta variedad. Tan poco que, de hecho, según el presidente, solo hay dos semanas para plantarlos. Todo lo que aprendieron de él se lo deben a Vicente Antón, «El Puntero». Van a ser 18 y 30 ejemplares en dos tandas las que vuelvan a las inmediaciones de la partida de Altabix, cerca del paraje del «Aigüa dolça i salá» por donde discurre la acequia que da de beber también a las palmeras declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Los chopos han ido en franca desaparición durante los últimos años / INFORMACIÓN
Francisco Picó espera que echen raíces bien, lo que no será fácil. Los ejemplares que van a servir para la repoblación se han colocado tanto desde macetas como desde la propia tierra porque no saben qué será mejor.
¿De dónde viene el chopo ilicitano?
Lo que sí hay es interés en que los chopos sigan contando su historia y no desaparezcan: si fueron introducidos por los musulmanes, si son una especie endémica parecida pero no la misma que las especies orientales o que sean una especie autóctona propia solo de este territorio. El libro«Salicáceas de España», de Carlos Vicioso, habla sobre estas hipótesis y asegura que, siendo Elche una ciudad que siempre ha despertado interés botánico por sus palmeras, apenas hay referencias a los chopos. Y eso que existen documentos desde que el rey Carlos IV ordenara al botánico Antonio José Cavanilles recorrer los territorios de la corona hispánica para estudiar su flora. Este estuvo en 1793 en Elche y «quedó palmario su paso por el lugar en que hoy están los chopos» sin que quede constancia de que conociera su existencia, pese a que contactaba con las personas más relevantes,«para que le proporcionaran muchos de los datos que el consigna», dice. Tampoco las visitas a finales del siglo XIX de herborizadores y botánicos dan cuenta de ellos, explica Andrés M. Valero en su trabajo «¿Quién trajo a Elche los Populus Illicitana?».
Este rescata, buscando los orígenes, un relato del agricultor Baltasar Brotons cuando Elche sufrió una hambruna a mediados del siglo XIX que obligó a muchos agricultores a emigrar a la Argelia Francesa. En concreto, «1.645 almas» sobre un censo de 16.068 habitantes, dato que facilita el archivero e historiador Joan Castaño. En Argelia se encontraron con chopos importados del río Eúfrates utilizados en época Mesopotánica para reforzar los taludes de acequias. «Se supone que ello llamaría la atención de alguno de los migrantes ilicitanos» que contactaron con un botánico y médico francés, el doctor Trabut, quien a la vuelta a Elche de estos ilicitanos les proveería de esquejes. Trabut, de hecho, estuvo en Elche en octubre de 1907, pues así consta en el libro de Visitantes Importantes del Huerto del Cura. Contactó con aquellos emigrantes a los que conoció en Argelia y que le llevaron al paraje del Aigüa Dolça i Salá donde comprobó la germinación de aquellos esquejes.

Medio centenar de ejemplares se han plantado esta semana en las acequias de Elche / INFORMACIÓN
Juventud
Solo habían sobrevivido las hembras, «estas, a falta de machos, producen nuevas germinaciones, pero desde sus raíces», escribió. Trabut envió a un amigo en París, Louis-Albert Dode, un especialista en salicáceas, estos esquejes y este, no quiso asegurar por su juventud que fueran de la variedad Eufrática por lo cual los bautizó con su nombre actual. «El clima especialmente cálido en Elche, el hecho de que el suelo de llanura, próxima al mar, quizá todavía contenga proporción bastante elevada de sal, hace que la plantación prospere», expresó Dode. El último estudio se hizo en 1998, entonces se contaron 257 ejemplares en la colonia. «Todas hembras que sobreviven desde un solo ejemplar», escribió el botánico de la UA, Manuel Benito Crespo. Jardinería Huerto del Cura detectó hace unos años que aún quedaba uno centenario.
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