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Uno de cada tres pacientes con trastorno bipolar abandona el tratamiento

El Hospital Vinalopó alerta de recaídas cuando los afectados se confían con que la enfermedad ha remitido

El trastorno bipolar: la enfermedad de las emociones

El trastorno bipolar: la enfermedad de las emociones / Europa Press

J. R. Esquinas

J. R. Esquinas

Una enfermedad mental que ocasiona cambios de ánimo extremos y que lleva a que un tercio de quienes la sufren abandonen el tratamiento, una parte sin avisar, cuando se sienten estables porque confían en que su patología ha remitido y pueden controlarla solos. Es la tendencia que está detectando el Hospital del Vinalopó de Elche con pacientes que sufren trastorno bipolar (maníaco-depresivo), que afecta a una horquilla que va del 1 al 2% de la población con lo que sólo en la ciudad habría más de 3.400 personas aquejadas, aunque si se tiene en cuenta todo el espectro bipolar se alcanza el 6%. Esta es una de las enfermedades mentales más prevalentes y al mismo tiempo más estigmatizadas por el desconocimiento que la ciudadanía sigue teniendo. 

Precisamente por ello desde el área de Salud Mental del departamento ilicitano indican, aprovechando que este domingo se conmemoró el Día Mundial del Trastorno Bipolar, que están reforzando la psicoeducación para que tanto pacientes como familiares sean conscientes de que, pese a que «aparentemente todo está controlado y hay sensación de tranquilidad no hay que bajar la guardia», señala Luis Fabián Mahecha, jefe de Salud Mental del citado hospital, que asegura que si el paciente está tratado con estabilizadores del ánimo, que suelen ser de litio, puede tener una vida totalmente normalizada. 

Estabilidad

Ahora bien, el tratamiento debe estar siempre presente porque en caso de que no sea así el paciente puede verse bien en temporadas de estabilidad, se confía y llega a plantearse que el diagnóstico es erróneo, con lo que está expuesto a una recaída. El profesional resalta que cuando el paciente sufre el tipo bipolar 1 da la cara la manía franca (episodios de ánimo anormalmente elevado) con lo que la alteración de la conducta es muy evidente, con síntomas graves como delirios, con lo que quien la padece puede tener ganas de emprender proyectos con inversiones muy arriesgadas, se crea una desinhibición sexual o incluso conducción temeraria. 

Si bien, en estos casos resulta más fácil que su entorno le devuelva a la realidad y termine siendo consciente de sus cambios. En el caso del tipo 2 se da la hipomanía con síntomas más leves que causan disfunción «pero no de una forma tan dramática» con lo que «cuesta más hacerle ver que esos momentos de sentirse pletóricos no ha sido algo normal, es ahí donde más problemas tenemos», detalla Mahecha. 

Por otra parte, también ocurre aproximadamente en un tercio de los usuarios tratados que son resistentes a ciertos fármacos y deben hacerse combinaciones para ajustar el tratamiento aunque el objetivo es emplear sólo un estabilizador, que en Europa suele ser el litio y en Norteamérica es más común el ácido valproico. También aclaran que es muy importante el diagnóstico ya que ante este trastorno se evita usar antidepresivos porque pueden avivar capítulos maníacos.

Terapias alternativas

Defienden desde el hospital que de forma alternativa, especialmente en casos en los que falle el tratamiento farmacológico, también están empleando la terapia electrocombulsiva, más diseñada para pacientes de trastorno depresivo resistente y algunos del trastorno bipolar o esquizofrenia. El responsable de Salud Mental sostiene que es un tratamiento seguro a pesar de que hay quienes «se han hecho mala impresión de esta terapia», y está en estudio la implementación de otras técnicas como la magnética transcraneal que todavía no está implementada en toda la red pública sanitaria a pesar de que la Generalitat ha anunciado la inversión. 

Da la cara en la juventud

Las primeras manifestaciones de este trastorno suelen «debutar» entre los 20 y los 30 años, aunque el diagnóstico en la consulta de Psiquiatría suele tardar entre ocho y 12 años ya que los síntomas suelen confundirse con otras enfermedades como la depresión porque los episodios maníacos suelen aparecer después. 

Los principales factores de riesgo son, en primer lugar, la carga genética, ya que la mitad de los familiares de primera línea han tenido o tienen un trastorno depresivo o bipolar, y en otras ocasiones los especialistas detectan que el paciente ha sufrido un episodio depresivo desde muy joven. Reconocen desde Salud Mental que los estigmas continúan por las consecuencias que conlleva la enfermedad en los momentos de la fase aguda en los que el paciente puede llegar a arriesgar su vida laboral, social «porque después del episodio y rompen su estabilidad vital».

La Asociación Valenciana de Trastorno Bipolar resalta, además, que no es raro encontrar a muchas personas diagnosticadas «sin trabajo, arruinadas y con deudas; o en casos más graves, con alguna enfermedad de transmisión sexual, viviendo en la calle, o siendo víctimas de abusos y malos tratos». Por ello reivindican apoyo psicosocial y tratamiento interdisciplinar tanto farmacológico, terapéutico, social, laboral como educativo.

Precisamente para minimizar esos efectos hace semanas el Hospital General de Elche, a través de la unidad de Trastornos Bipolares, desde donde se detectan de cuatro a seis casos al mes, también anunció la puesta en marcha de una serie de sesiones formativas dirigidas a pacientes, familiares y personas interesadas en esta patología y su tratamiento para luchar contra la desinformación y los mitos. 

El doctor Luis Fabian Mahecha

El doctor Luis Fabian Mahecha / INFORMACIÓN

En el departamento del Vinalopó, gestionado por Ribera Salud, indican que a través de las sesiones de psicoeducación se invita a la familia, porque son un pilar en la intervención y el abordaje, ya que aportan información de episodios previos para que los médicos reconstruyan un «gráfico vital» con los capítulos que ha ido experimentando y recurriendo a «entrevistas más longitudinales de ir al pasado». 

Trastornos de personalidad

Desde este área de Salud Mental alertan también de un repunte de trastornos de personalidad a edades tempranas. Según Mahecha suelen desarrollarse porque l los adolescentes e incluso escolares están reduciendo la capacidad de tolerar el malestar, la frustración, «de adaptarse a los cambios, y eso lleva a más inestabilidad emocional y de conducta». Detectan que las nuevas generaciones «hemos pasado al lado opuesto» con lo que las circunstancias que hace décadas se toleraban, a veces incluso de forma desmedida, ahora no lo que lleva a la sobreprotección de los niños y niñas. Precisamente de estas situaciones puso el foco de la problemática esta misma semana el servicio psicológico que se va a poner en marcha en el Ayuntamiento para ayudar a entornos familiares con menores con problemas de conducta, ya que han detectado que a los progenitores les faltan herramientas. 

De igual forma, desde el hospital indican que también está afectando al desarrollo de esos trastornos las redes sociales «porque creo que es lo que más ha dado pie a que se haga más visible lo de compararse con el igual y que haya cierta competencia sobre quien es mejor y es más guapo», sostiene el jefe de Salud Mental. En este sentido, el profesional es partidario del refuerzo en la atención en las aulas y de la figura del psicopedagogo de cada colegio e instituto sirviendo de enlace con los departamentos de salud para detectar de forma precoz a aquellos niños susceptibles de padecer este tipo de trastorno.

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